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Once cosas que los españoles hacemos mal todos los días en el trabajo

Estamos en el ojo del huracán: España es el país europeo donde más se alarga la jornada laboral. Los expertos nos guían con dos objetivos: ser más productivos y ganar en calidad de vida

trabajo
“Si hay un directivo que quiere que siempre le den la razón, no es un líder”, dicen los expertos. En la imagen, Carmelo Gómez, Najwa Nimri y Eduardo Noriega en 'El método' (2005).

Los españoles somos diferentes (y a mucha honra) en cualquier situación. Hablando inglés, por ejemplo, somos únicos. Eligiendo atuendo para hacer turismo en el extranjero, también (quizá la elección de camisetas de fútbol se deba a su carácter transpirable). Tampoco nos parecemos a nadie en el ámbito laboral. Los debates de los lunes por la mañana comentando la jornada de Liga del domingo, la costumbre de irnos siempre después de nuestro jefe, las comilonas de dos horas (que poco a poco se van perdiendo, todo hay que decirlo) o el febril peloteo tipo José Luis López Vázquez son algunas de las manifestaciones de la vena ibérica en el trabajo. Ahora bien, de ahí a decir que somos unos vagos amantes de la siesta…

En términos de productividad, estamos lejos de habitantes de otros países de Europa (producimos por valor de 31,5 euros/hora, de media, según Eurostat; los irlandeses, 61,1 euros, y los belgas y franceses, cerca de los 50), pero a los griegos, búlgaros, chipriotas, croatas y estonios les damos sopas con onda. Aun así, hay cosas que hacemos mal; hábitos heredados de otros tiempos que nos cuesta abandonar y nos hacen rendir menos. Hemos analizado unos cuantos.

Error 1: Pasarnos una hora comentando el partido o el programa de televisión del día anterior

No hay nada más español que socializar. “Te vas a Suecia y no tienen esa necesidad. Los latinos somos mucho más sociables. Sentirnos integrados en nuestro mundo laboral es vital. Y no está mal, porque refuerza el sentimiento de pertenencia, fomenta el trabajo en equipo…”, dice Carlos Martínez, presidente de IMF Business School, experto en recursos humanos y prevención de riesgos laborales. La parte mala es que, si prolongamos esas charlas amistosas, se reduce nuestra productividad. “Por ley tenemos 20 minutos de descanso. Con ese tiempo debería ser suficiente. Porque si dedicamos más, aparte de que hay una mala organización del trabajo, luego nos vamos a las ocho de la tarde porque se nos acumulan las cosas”, añade.

Error 2: Dedicar dos horas a comer

Es una costumbre de otros tiempos que, aunque tiende a perderse —la crisis nos llevó a reivindicar el tupper— aún tiene muchos adeptos que no se saltan el menú del día, con café y chupito. Afecta sobre todo a la conciliación: si nos reincorporamos a las cuatro a la oficina no podemos pretender irnos a las cinco. En consecuencia, también repercute en la satisfacción y la productividad. “Un promedio saludable para ayudar al equilibrio entre el tiempo laboral y personal sería de no más de una hora y media. Hay muchos países que lo extreman a media hora (sobre todo en comedores dentro de las empresas); en países en los que se para la jornada tres horas, la productividad está seriamente afectada”, concede Daniel Colombo, máster coach especializado en CEOs, alta gerencia, profesionales y equipos de trabajo.

Error 3: Comer con un ‘tupper’ encima del escritorio

Hay personas que se van al otro extremo, más por necesidad que por gusto, y almuerzan mientras contestan emails o se documentan para un informe. No es bueno sencillamente porque es necesario hacer pausas, como explicó un estudio publicado en 2016: abandonar el puesto de trabajo para comer permite resetear el cerebro y retomar las obligaciones menos cansado y con una mayor satisfacción. “Lo que solemos recomendar a las empresas es que se den 45 minutos como mínimo para comer, y salgas o no salgas, se te computan. Eso hace que la gente salga sí o sí”, comenta Carlos Martínez.

Error 4: Darle siempre la razón al jefe

Como indica el experto Daniel Colombo, la irreverencia de los millennial lo está cambiando poco a poco, pero contradecir al superior sigue generando cierto temor…, por si hay represalias. “Si hay un directivo que quiere que siempre le den la razón, no es un líder”, dice este experto. “El líder (que es la figura más buscada hoy por todo tipo de organizaciones) es alguien que inspira, motiva, invita a que lo sigan, marca tendencia, acompaña, contiene, dirige casi en forma persuasiva, para hacer que las cosas funcionen. Lo opuesto es aquella imagen que todos tenemos del jefe: el que da órdenes, se enfada si las cosas no se hacen a su manera, y quien mantiene distancia con las personas porque le parece que pierde poder”. Una buena idea de un subordinado siempre será mejor que una mala de un jefe.

Error 5: Hacer constantemente la pelota

“Francisco Galindo, un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”, recitaba José Luis López Vázquez a la esposa de su jefe en la genial película Atraco a las tres (José María Forqué, 1962). No es necesario. Si un jefe lo promueve, está haciéndole un flaco favor a la empresa, pues “no registra la ineptitud de quienes integran su equipo”, advierte Daniel Colombo. En cuanto al empleado, no es uno productivo, “sino un cumplidor de tareas”, añade el coach, quien pone en valor todo lo contrario, al empleado eficaz: “A diferencia del eficiente, que se limita a cumplir, el eficaz se siente satisfecho por haber dado un poco más de sí. Cumple los plazos, y a su vez, se autorreconoce por un trabajo bien hecho. Eso le genera autoconfianza y satisfacción personal”.

Error 6: Irnos después que el jefe

El presentismo es lo contrario del absentismo: calentar la silla aunque hayamos terminado el trabajo, aunque solo sea para que el jefe, cuando se vaya, vea que seguimos ahí. Según OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), los españoles trabajamos de media 1.691 horas al año, bastantes más que los alemanes (1.366 horas), holandeses (1.420 horas) o franceses (1.473 horas); y sin embargo nuestra productividad (como veíamos antes) es menor. Como dice Carlos Martínez, “desgraciadamente, muchos jefes siguen teniéndolo en cuenta. Pero la gestión empresarial es cada día más sofisticada, y existen indicadores para medir la productividad de un trabajador. Es absurdo, porque en la sociedad de hoy el equilibrio entre la vida laboral y personal, para rendir más, es básico. No puedes estar 12 horas en la oficina, porque al final no eres feliz”. Desde la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles se esgrime que nuestras jornada laborales “son ineficientes desde el punto de vista empresarial y ello arrastra a los horarios de nuestra vida personal”.

Error 7: Hacer reuniones de dos horas

¿Alguna vez has salido de una reunión con la sensación de haber perdido el tiempo, o de que lo que ha necesitado dos horas se podía haber ventilado en media? “Una reunión productiva regular no debería durar más de media hora. Para esto, hay que prepararla, anticiparla, diseñarla y corregirla”, dice Daniel Colombo. “Aprovechar mejor la tecnología (como las videoconferencias), distribuir información previamente y poner el foco en lo esencial, ayudarán a mejorar mucho este despilfarro de tiempo, energía, y, consecuentemente, de dinero”, añade. Carlos Martínez recomienda la app Brilliant Meeting, que valora lo que le ha costado a la empresa la reunión. “Se pone el contador a cero, la app tiene cargado lo que cobra cada trabajador al año y hace un cálculo. Al término de la reunión, te dice: ‘Nos ha costado 800 euros’. La gente debe concienciarse de que no hay que perder tiempo dando vueltas, porque tiene un coste”, explica.

Error 8: No planificar la jornada

Pocas veces tenemos en cuenta el funcionamiento de nuestro reloj interno a la hora de organizar nuestras tareas. En su libro ¿Cuándo? (Alienta, 2018), el consultor Daniel H. Pink recomienda averiguar, antes de nada, si somos alondras o búhos; es decir, si rendimos más por las mañanas o por las tardes. “Si eres un abogado alondra, haz tus investigaciones y escribe bastante pronto por la mañana; si eres un ingeniero de software búho, pasa tus tareas menos esenciales a la mañana y empieza las más importantes a última hora de la tarde”, propone Pink. Daniel Colombo enumera una serie de consejos para que la jornada no se convierta en un batiburrillo: “Llevar la agenda al día, mantener ordenados la bandeja de entrada y el espacio de trabajo, aprender a realizar las acciones de menos de un minuto en el momento, crear bloques de tiempo, planificar los descansos…”.

Error 9: Enviar cadenas de 'emails' sin personalizar

Como explica Daniel Colombo, “un problema en las organizaciones es que se copia a cualquier cantidad de personas, sin mediar un criterio inteligente de selección. Esto hace más compleja la operativa del manejo del tiempo de todos. Es preferible elegir cuidadosamente aquellas personas que, sí o sí, deben estar al tanto de los contenidos”. Carlos Martínez aconseja distinguir entre el “para” y “en copia” de los emails: “Si es para mí, ya sé que debo interiorizarlo y dedicarle tiempo; si estoy en copia, solo estar informado y no tengo que contestar. Algo tan sencillo puede ayudar a evitar que se genere confusión”.

Error 10: Estar conectado desde casa y los fines de semana

Algunas grandes empresas en España, como Santander o IKEA, ya han regulado en sus convenios colectivos el derecho a la desconexión. Pero no es la norma. Esa práctica se retroalimenta: muchos jefes consideran normal asediar a sus subordinados en sus horas libres y muchos trabajadores han terminado asumiéndolo como normal. Pero nos impide desconectar y, por tanto, nos sume en un malestar continuo que merma nuestro rendimiento. “Por defecto, no se deberían contestar emails fuera del horario de trabajo. Puede darse algo puntual que nos obligue a hacerlo”, dice Martínez, quien tampoco es partidario de cortar la comunicación en todos los casos: “Hay gente a la que le puede suponer más estrés no verlo que verlo. En todas las compañías deben existir unas normas escritas que dejen claro que a partir de cierta hora no hay obligación de contestar ningún correo electrónico o mensaje. Es importante que esté por escrito, porque si tenemos un jefe que quiere abusar de eso, no podrá hacerlo”.

Error 11: Pensar que trabajar desde casa es de listillos

Quien trabaja desde casa todavía es visto en algunas empresas como un caradura que se pasa la jornada enganchado a Netflix. Aparte de ser igual de duro o más que hacerlo en la oficina, “puede llegar a perjudicar al trabajador, que pierde arraigo con la empresa y se convierte en alguien invisible. No es la panacea”, advierte Martínez. Los jefes chapados a la antigua, piensan, en su afán por tener el control, que todo el mundo debe estar en la oficina. “Sin embargo, el home-office es una excelente oportunidad de contratar fuerza laboral sin sobrecargar la estructura física. A la hora de solicitarlo, lo ideal es hacerlo sin rodeos, mostrar que no se verá afectado el rendimiento y cuál será el beneficio para la empresa y plantear un periodo de prueba, por ejemplo de un día a la semana durante un mes y evaluar los resultados”, dice Daniel Colombo.

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