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ANÁLISIS i

Invertir en mujeres no solo es justo, también rentable

Diversos estudios corroboran que las compañías que sacan mejor nota en diversidad muestran menos volatilidad, más rentabilidad y mejores resultados y valoraciones bursátiles

Un cartel en unas obras en Buenos Aires (Argentina).
Un cartel en unas obras en Buenos Aires (Argentina).

Estos días se celebra en Argentina el Women 20 con el objetivo de seguir impulsando políticas para cerrar la aún ingente brecha de género en el mundo empresarial. El año pasado incluso se amplió unas décimas, según el Foro Económico Mundial, si bien, en justa perspectiva, hay que valorar los avances cosechados.

Hoy, la mitad de las mujeres en edad de trabajar está ya en el mercado laboral, y toman las decisiones financieras del 74% de los hogares. Además, están más presentes que nunca en la universidad: entre los jóvenes de 25 a 34 años, hay un 20% más de mujeres que hombres con carreras.

Sin embargo, en la empresa siguen chocando con el techo de cristal. Apenas hay un 5% mujeres CEO en las compañías del Standard & Poor's 500 (el índice de referencia en la bolsa de EE UU), un 26,5% en mandos directivos y un 21,2% en los consejos de administración. Y luego están las diferencias salariales: por el mismo trabajo, ellas cobran entre el 60% y el 70% del salario de ellos, según la ONU. El Banco Mundial estima que, al ritmo actual, se necesitarían 170 años para conseguir la paridad salarial. Sin duda, es necesario imprimir más velocidad al proceso de igualdad de género.

La buena noticia es que cada día surgen más iniciativas que empujan en la dirección correcta. Un movimiento que ha brotado en el sector financiero es la inversión con enfoque de género o gender lens investment. No debe entenderse como una visión simplista, sino por oposición al término gender blind, es decir, aquel que muestra ceguera porque no es capaz de ver el enorme valor añadido que aporta la diversidad. Las lentes de género proporcionan un criterio adicional al financiero para analizar las inversiones y pueden adquirir diferentes formas, desde facilitar el acceso a la financiación de las mujeres a invertir directamente en start-ups lideradas por emprendedoras, financiar productos, servicios o bonos que beneficien a las mujeres o, simplemente, invertir en compañías cotizadas que valoran y apuestan por la diversidad.

El germen de esta filosofía está en los microcréditos a emprendedoras que, en la actualidad, están expandidos por todo el mundo. Después vino el liderazgo de algunos bancos como el australiano Westpac, que hizo suya la causa de género y ya ha alcanzado la paridad en su plantilla. UBS, con el programa Unique, ha puesto a la mujer en el centro de su negocio. Y así empezó a abrirse el abanico. Los bonos de género, por ejemplo, tienen muy buena acogida en los mercados, como reflejaron las emisiones de los australianos BQE –la demanda superó 20 puntos la oferta– y National Australia Bank o la emisión en yenes del chileno BancoEstado.

Por el mismo trabajo, ellas cobran entre el 60% y el 70% del salario de ellos. Al ritmo actual, se necesitarían 170 años para conseguir la paridad

Una fórmula que no para de crecer son los fondos de capital riesgo: 2.000 millones de dólares se han captado e invertido por esta vía para fomentar la paridad, según un estudio de la Universidad de Wharton. Hay incluso empresas que, como Intel, han lanzado su propio fondo de capital riesgo corporativo. A esto hay que sumar los 600 millones de dólares en fondos de inversión y fondos cotizados o ETF (exchange traded funds) con enfoque de género, según datos de BoA Merrill Lynch. UBS, Morgan Stanley, State Street, Barclays, Société Générale y Evolve, entre otros, han lanzado ETF que invierten en compañías sensibles a la diversidad.

Estados Unidos lidera gran parte de estas inversiones, pero la innovación no tiene puertas. BID Invest, filial del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID), está lanzando el primer fondo de género en América Latina y Caribe, junto a la agencia estadounidense OPIC. Se trata de un fondo de hasta 200 millones de dólares que apoyará a emprendedoras y firmas que generen empleos y productos para mujeres.

Aunque la inversión de género está creciendo con fuerza —80% anualmente en los ETF— apenas es una gota de agua entre los 22,9 billones de dólares que gestionan los fondos sostenibles. A partir de aquí, solo se puede crecer, y no solo por razones éticas. Detrás de estas inversiones, hay poderosos argumentos económicos. En primer lugar, está la propia dirección del mercado y el error que implicaría ir a contracorriente. UBS calcula que las mujeres dispondrán en 2021 de un potencial de inversión de 2,3 billones de dólares para mejorar la sociedad. Además, invertir en diversidad aporta dividendos. Diversos estudios corroboran que las compañías que sacan mejor nota en diversidad muestran menos volatilidad, más rentabilidad y mejores resultados y valoraciones bursátiles.

La clave de estos sólidos dividendos está en la amplia perspectiva de la que hablaba antes. Invertir con enfoque de género es una cuestión de heterogeneidad frente a homogeneidad. Cuando se agregan diferentes perspectivas y sensibilidades es posible captar todos los ángulos de la realidad y tomar mejores decisiones. La diversidad hace posible el milagro de que uno más uno sume más de dos.

Mujeres y hombres necesitan igualdad de condiciones para que pueda fluir un potencial que McKinsey cifra entre 12 y 28 billones de dólares. Esa es la riqueza que añadiría a la economía mundial cerrar la brecha de género. Dicho gráficamente, sería como añadir de repente al mundo la riqueza de Estados Unidos y China. ¿Se imaginan? Si no pueden concebirlo es porque aún no llevan puestas las lentes de género. Pónganselas cuanto antes. El tiempo apremia.

Gema Sacristán es directora general de Negocio de BID Invest.

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