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Nueve libros de esta semana

Nino Haratischwili, Henning Mankell y Ricardo Piglia, entre los autores con libros destacados

  • Desde Los hermanos Karamazov hasta Sonata a Kreutzer pasando por La gaviota, la crisis de la familia ha dado memorables páginas de la literatura rusa. La octava vida es una novela familiar escrita en alemán por una autora de Georgia con un fuerte trasfondo literario y cultural ruso. Contada desde la periferia del extinto imperio soviético, esta epopeya, que abarca seis generaciones, tiene un calado y una fuerza inusuales. Ambiciosa, segura del material que narra, fría pero con una tensión emocional siempre a flor de piel, Nino Haratischwili (Tiflis,1983), llegada a Berlín en 2003, compone un tapiz histórico fascinante en el que se mueven inolvidables personajes tolstoieskianos. El resultado, de entrada excesivo en páginas y al final misteriosamente breve, cubre más de cien años, no de soledad, sino de vida y milagros de los Dzhashi, que ven pasar bajo el balcón y a menudo tomar la casa a los avatares del imperio ruso, en sus perversas mutaciones.
    1Desde Los hermanos Karamazov hasta Sonata a Kreutzer pasando por La gaviota, la crisis de la familia ha dado memorables páginas de la literatura rusa. La octava vida es una novela familiar escrita en alemán por una autora de Georgia con un fuerte trasfondo literario y cultural ruso. Contada desde la periferia del extinto imperio soviético, esta epopeya, que abarca seis generaciones, tiene un calado y una fuerza inusuales. Ambiciosa, segura del material que narra, fría pero con una tensión emocional siempre a flor de piel, Nino Haratischwili (Tiflis,1983), llegada a Berlín en 2003, compone un tapiz histórico fascinante en el que se mueven inolvidables personajes tolstoieskianos. El resultado, de entrada excesivo en páginas y al final misteriosamente breve, cubre más de cien años, no de soledad, sino de vida y milagros de los Dzhashi, que ven pasar bajo el balcón y a menudo tomar la casa a los avatares del imperio ruso, en sus perversas mutaciones. Ir a noticia
  • Henning Mankell (1948-2015) y el kriminalkommissar Kurt Wallander eran de la misma edad. A Wallander lo conocimos en los años noventa, cuando investigaba los crímenes de Asesinos sin rostro y Los perros de Riga, e iniciaba un periodo de esplendor en la novela negra nórdica. Si Wallander asume casi por costumbre la mentalidad socialdemócrata de su generación, Mankell parece más a la izquierda. A principios de los años setenta andaba por Noruega, colaboraba en las actividades de la mujer, maoísta, con la que entonces vivía, y participaba en manifestaciones contra la intervención americana en Vietnam. El policía novato Wallander cargaba en Estocolmo contra los manifestantes. Mankell cuenta que escribió su primera novela, El hombre de la dinamita, en Oslo, en 1972, en una habitación desde la que veía las concentraciones ante la Embajada de Estados Unidos. Fue, dice, una época eufórica, en la que todo aún era posible, incluso el fin de los imperialismos.
    2Henning Mankell (1948-2015) y el kriminalkommissar Kurt Wallander eran de la misma edad. A Wallander lo conocimos en los años noventa, cuando investigaba los crímenes de Asesinos sin rostro y Los perros de Riga, e iniciaba un periodo de esplendor en la novela negra nórdica. Si Wallander asume casi por costumbre la mentalidad socialdemócrata de su generación, Mankell parece más a la izquierda. A principios de los años setenta andaba por Noruega, colaboraba en las actividades de la mujer, maoísta, con la que entonces vivía, y participaba en manifestaciones contra la intervención americana en Vietnam. El policía novato Wallander cargaba en Estocolmo contra los manifestantes. Mankell cuenta que escribió su primera novela, El hombre de la dinamita, en Oslo, en 1972, en una habitación desde la que veía las concentraciones ante la Embajada de Estados Unidos. Fue, dice, una época eufórica, en la que todo aún era posible, incluso el fin de los imperialismos. Ir a noticia
  • En menos de 30 años la democracia liberal ha pasado de ser un bien universal a un sistema en recesión. Incluso en países como Estados Unidos, Reino Unido, Suecia o Australia, grandes minorías la consideran como una alternativa más, y no necesariamente la mejor. La caída del muro de Berlín en 1989 fue saludada como el final de la historia: la democracia se había impuesto a cualquier otra forma de gobierno. Algunos académicos consideran hoy que Europa Central (y no solo) estaría viviendo el reverso de aquel tiempo. Y la llegada de Trump a la presidencia de EE UU ha disparado todas las alarmas. Las democracias ya no caen por golpes militares, sino a través del voto. Nacen así lo que los académicos han venido a llamar democracias iliberales, que con frecuencia derivan en dictaduras. Dos libros recientes analizan estos hechos: 'Cómo mueren las democracias' (Ariel), de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, y 'El pueblo contra la democracia' (Paidós), de Yascha Mounk.
    3En menos de 30 años la democracia liberal ha pasado de ser un bien universal a un sistema en recesión. Incluso en países como Estados Unidos, Reino Unido, Suecia o Australia, grandes minorías la consideran como una alternativa más, y no necesariamente la mejor. La caída del muro de Berlín en 1989 fue saludada como el final de la historia: la democracia se había impuesto a cualquier otra forma de gobierno. Algunos académicos consideran hoy que Europa Central (y no solo) estaría viviendo el reverso de aquel tiempo. Y la llegada de Trump a la presidencia de EE UU ha disparado todas las alarmas. Las democracias ya no caen por golpes militares, sino a través del voto. Nacen así lo que los académicos han venido a llamar democracias iliberales, que con frecuencia derivan en dictaduras. Dos libros recientes analizan estos hechos: 'Cómo mueren las democracias' (Ariel), de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, y 'El pueblo contra la democracia' (Paidós), de Yascha Mounk. Ir a noticia
  • 'Los casos del comisario Croce' es el primero (sin contar el tercer tomo de 'Los diarios de Emilio Renzi') que sale a la luz de los títulos preparados por Ricardo Piglia antes de morir en enero de 2017. La secuencia de la publicación de esos libros diluye su carácter luctuoso, como si el gran escritor argentino continuara vivo. Algo muy en la línea de Piglia, quien, como crítico y esmerado lector, remitía a la dinámica del texto, donde se debate la literatura, antes que a la relevancia física del escritor.
    4'Los casos del comisario Croce' es el primero (sin contar el tercer tomo de 'Los diarios de Emilio Renzi') que sale a la luz de los títulos preparados por Ricardo Piglia antes de morir en enero de 2017. La secuencia de la publicación de esos libros diluye su carácter luctuoso, como si el gran escritor argentino continuara vivo. Algo muy en la línea de Piglia, quien, como crítico y esmerado lector, remitía a la dinámica del texto, donde se debate la literatura, antes que a la relevancia física del escritor. Ir a noticia
  • “Soy el fantasma de Gracia”, dice en el prólogo de este libro Aitor Romero Ortega (Barcelona, 1985), un autor muy joven que muestra ya una voz muy potente, y ser el fantasma de un barrio justifica el dominio narrativo que ejerce sobre el resto de Barcelona, presente en casi todos los cuentos de 'Fantasmas de la ciudad', porque si el protagonista no vive en la ciudad, pasa por ella en algún momento, y cuando no se nos dice de qué ciudad se trata el contexto permite deducirlo. Este dominio se traslada con naturalidad al ámbito de otras ciudades, París, Roma, Madrid, México, Buenos Aires, Grenoble, y así viajando de ciudad en ciudad contemplamos a los personajes de ese magnífico conjunto de relatos.
    5“Soy el fantasma de Gracia”, dice en el prólogo de este libro Aitor Romero Ortega (Barcelona, 1985), un autor muy joven que muestra ya una voz muy potente, y ser el fantasma de un barrio justifica el dominio narrativo que ejerce sobre el resto de Barcelona, presente en casi todos los cuentos de 'Fantasmas de la ciudad', porque si el protagonista no vive en la ciudad, pasa por ella en algún momento, y cuando no se nos dice de qué ciudad se trata el contexto permite deducirlo. Este dominio se traslada con naturalidad al ámbito de otras ciudades, París, Roma, Madrid, México, Buenos Aires, Grenoble, y así viajando de ciudad en ciudad contemplamos a los personajes de ese magnífico conjunto de relatos. Ir a noticia
  • Empezaré hablando de un asunto que incumbe a 'Qué mundo tan maravilloso'. Es cierto que hay leyes aplicables a la escritura de cuentos. Esas leyes se suelen respetar más o menos consciente o inconscientemente, aunque quienes más las observan son los que las han creado. A partir de aquí cada escritor puede hacer lo que quiera. Porque es obvio que nadie escribe con el manual en la mano, por más que esté firmado por Hemingway o Ricardo Piglia. Digo esto porque me parece que la escritora murciana Lola López Mondéjar ha escrito los cuentos que conforman 'Qué mundo tan maravilloso', haciendo caso solo a la materia argumental que salía de su imaginación. Y, sobre todo, a la visión que la escritora tiene de unas mujeres en unas condiciones muy concretas.
    6Empezaré hablando de un asunto que incumbe a 'Qué mundo tan maravilloso'. Es cierto que hay leyes aplicables a la escritura de cuentos. Esas leyes se suelen respetar más o menos consciente o inconscientemente, aunque quienes más las observan son los que las han creado. A partir de aquí cada escritor puede hacer lo que quiera. Porque es obvio que nadie escribe con el manual en la mano, por más que esté firmado por Hemingway o Ricardo Piglia. Digo esto porque me parece que la escritora murciana Lola López Mondéjar ha escrito los cuentos que conforman 'Qué mundo tan maravilloso', haciendo caso solo a la materia argumental que salía de su imaginación. Y, sobre todo, a la visión que la escritora tiene de unas mujeres en unas condiciones muy concretas. Ir a noticia
  • Una vez que la pérdida del papel de los intelectuales ha alcanzado el rango de tema académico, ya no creemos vigente la escena iluminada por los focos desde la que un señor pensador difunde su meditación con altavoces. El momento álgido de esa representación —en España— quizá fueron los años veinte: el incontenible Unamuno, el Ortega perejil de todas las salsas que fueran aderezo de modernidad. Pero todavía es más raro, entonces y ahora, otro tipo de intelectual, uno que desde el silencio del estudio, desde la penumbra de la timidez se resiste a su conversión en personaje, y gracias, justamente, a ese apartamiento, alcanza a reconocer condiciones significantes del propio tiempo que los otros, danzantes en el vórtice del tornado histórico, no pueden ver. Ninguno en este punto como Ángel Sánchez Rivero (Madrid, 1888-1930), cuyos ensayos completos, bajo el título 'Correo de Venecia y otros ensayos', nos ofrece ahora esta magnífica edición de Enrique Selva.
    7Una vez que la pérdida del papel de los intelectuales ha alcanzado el rango de tema académico, ya no creemos vigente la escena iluminada por los focos desde la que un señor pensador difunde su meditación con altavoces. El momento álgido de esa representación —en España— quizá fueron los años veinte: el incontenible Unamuno, el Ortega perejil de todas las salsas que fueran aderezo de modernidad. Pero todavía es más raro, entonces y ahora, otro tipo de intelectual, uno que desde el silencio del estudio, desde la penumbra de la timidez se resiste a su conversión en personaje, y gracias, justamente, a ese apartamiento, alcanza a reconocer condiciones significantes del propio tiempo que los otros, danzantes en el vórtice del tornado histórico, no pueden ver. Ninguno en este punto como Ángel Sánchez Rivero (Madrid, 1888-1930), cuyos ensayos completos, bajo el título 'Correo de Venecia y otros ensayos', nos ofrece ahora esta magnífica edición de Enrique Selva. Ir a noticia
  • Baste con decir que H. P. Lovecraft fue su alumno más aventajado, el que más lejos llevó su pasión por transformar la tragicomedia de su admirado Charles Dickens en callejón oscuro y sobrenatural, para tener una ligera idea de a qué nos enfrentamos. Arthur Machen (1863-1947) fue, ante todo, un amante de lo oculto. Machen fue contemporáneo de Oscar Wilde, Jerome K. Jerome y Arthur Conan Doyle, con quien compartió pasión por el espiritismo. Porque el fin de la narrativa terroríficamente fantástica, aquella que parte del ángulo ciego de la realidad, el que se interna en lo paranormal desde la anécdota, el que escala al horror del Más Allá partiendo de un aparentemente inofensivo juego callejero de críos (como el que se narra en Ritual), es emborronar los límites de la realidad y coquetear con la idea de una ficción posible, apostar por la fe en lo inexplicable.
    8Baste con decir que H. P. Lovecraft fue su alumno más aventajado, el que más lejos llevó su pasión por transformar la tragicomedia de su admirado Charles Dickens en callejón oscuro y sobrenatural, para tener una ligera idea de a qué nos enfrentamos. Arthur Machen (1863-1947) fue, ante todo, un amante de lo oculto. Machen fue contemporáneo de Oscar Wilde, Jerome K. Jerome y Arthur Conan Doyle, con quien compartió pasión por el espiritismo. Porque el fin de la narrativa terroríficamente fantástica, aquella que parte del ángulo ciego de la realidad, el que se interna en lo paranormal desde la anécdota, el que escala al horror del Más Allá partiendo de un aparentemente inofensivo juego callejero de críos (como el que se narra en Ritual), es emborronar los límites de la realidad y coquetear con la idea de una ficción posible, apostar por la fe en lo inexplicable. Ir a noticia
  • La poeta estadounidense C. D. Wright (1949-2016) desvela el punto de partida de este poemario-reportaje, 'Un gran ser', que, como señala David Eggers, remite a James Agee: “Voy a la cárcel.  Voy a visitar tres cárceles de Luisiana.  Voy pisándole los talones a mi amiga Deborah Luster,  Fotógrafa”. Cuenta Wright que el país de las libertades sobresale por tener el mayor número de población reclusa despersonalizada; Wright dota de identidad ese concepto colectivo escribiendo retratos excelentes: “Baja, lista, bollera  completamente insegura de sí misma”. La poeta hace visibles a los arrumbados y para ello enumera objetos, recopila voces en distintas situaciones —interrogatorio— y con acentos distintos. En el proceso de hacer visible lo poco fotogénico, Wright no edulcora una injusticia sistémica contra las personas negras y pobres en la que “la violencia es tan norteamericana como el pastel de manzana”.
    9La poeta estadounidense C. D. Wright (1949-2016) desvela el punto de partida de este poemario-reportaje, 'Un gran ser', que, como señala David Eggers, remite a James Agee: “Voy a la cárcel. / Voy a visitar tres cárceles de Luisiana. / Voy pisándole los talones a mi amiga Deborah Luster, / Fotógrafa”. Cuenta Wright que el país de las libertades sobresale por tener el mayor número de población reclusa despersonalizada; Wright dota de identidad ese concepto colectivo escribiendo retratos excelentes: “Baja, lista, bollera / completamente insegura de sí misma”. La poeta hace visibles a los arrumbados y para ello enumera objetos, recopila voces en distintas situaciones —interrogatorio— y con acentos distintos. En el proceso de hacer visible lo poco fotogénico, Wright no edulcora una injusticia sistémica contra las personas negras y pobres en la que “la violencia es tan norteamericana como el pastel de manzana”. Ir a noticia