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La edad

Un migrante que llegue a Europa tiene mucho que ganar si es menor de 18

Mae West caracterizada como Maudie en la película 'Noche tras noche' dirigida por Archie Mayo.
Mae West caracterizada como Maudie en la película 'Noche tras noche' dirigida por Archie Mayo. Irving Lippman/John Kobal Foundation/Getty Images

¿Quién no ha mentido sobre su edad? Tomemos a Tiresias, el adivino griego que dijo alcanzar los 600 años, solo superados por los 969 de Matusalén y los 72.000 de no sé qué rey sumerio. Uno de los grandes enigmas de la España tardofranquista era la edad de Sara Montiel, que nunca acababa de cumplir los 50 años. La gran Sara, desde luego, pudo tener un precedente relevante en la actriz, cantante y dramaturga de Brooklyn Mae West. Según narra Hitchcock en 39 escalones, una de las grandes cuestiones que intrigaba al público de la época en los festivales de memoriones era: “¿Qué edad tiene Mae West?”. También es verdad que el tipo que lo pregunta es siempre el mismo, pero de algún lado habría sacado eso el guionista.

Hay razones mucho más serias para mentir sobre la edad. Un migrante que llegue a Europa tiene mucho que ganar si es menor de 18, como un tratamiento más civilizado y una mayor probabilidad de obtener el estatus de refugiado, tan oneroso en nuestros tiempos. Alison Abbott informa en Nature del caso de un demandante de asilo en Hildesheim, Alemania, que se presentó allí como menor de edad. Como la mayoría de los migrantes, no tenía documentos que lo probaran. Las autoridades no le creyeron, así que compraron un test de edad comercializado por Zymo Research, una compañía ubicada en Irvine, California. Se basa en una simple muestra de sangre, y consiste en medir las modificaciones epigenéticas (cosas que se van pegando encima de los genes con el paso del tiempo). El test dio que el migrante tenía entre 26 y 29 años.

¿Es el test californiano el criterio definitivo para negar a una persona el estatus de refugiado? No. Para empezar, la prueba epigenética tiene una imprecisión de casi tres años, similar a la de las técnicas consolidadas, como radiografiar los huesos de la muñeca. Peor aún, hay un montón de valores atípicos (outliers, en la jerga estadística), puntos que se van a por uvas de la tendencia general. Esto quiere decir que es perfectamente posible que el migrante de Hildesheim tenga 17 años, aunque el test epigenético le haya otorgado 26. No es lo más probable, pero puede ocurrir demasiadas veces como para fiarse de esa prueba. Solo esto debería eliminar su valor probatorio en cualquier instancia o tribunal.

Ninguna técnica va a poder distinguir a una persona de 18 años de otra que tenga un día menos. Esa parece ser una frontera infranqueable para la burocracia, pero no significa nada. Hagámonos dos preguntas sobre las leyes: para qué están hechas, y cómo lo pueden hacer mejor.

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