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Si tratas la depresión de los padres, evitas la de los hijos

Un estudio señala la importancia de cuidar la salud mental de los que tienen menores a su cargo en contextos de conflictos humanitarios para que las secuelas no persistan en las futuras generaciones

Omar, de 8 años, refugiado rohingya en Bangladés.
Omar, de 8 años, refugiado rohingya en Bangladés. UNICEF

Agua, comida, higiene, abrigo un techo para protegerse de las inclemencias. Las necesidades básicas de todos aquellos que se ven forzados a vivir en un campo de refugiados son las relacionadas con el cuerpo. ¿Cuándo llega el momento de preocuparse de la mente? Un estudio desarrollado por investigadores de Columbia ha profundizado en la relación, en el contexto humanitario, entre los niveles de ansiedad y depresión de los mayores y la que desarrollan los menores a su cuidado. Concluyeron que la existencia de depresión en un adulto triplicó las probabilidades de que el adolescente tuviera altos niveles de ansiedad.

"En situaciones de emergencia, la presencia de un cuidador adulto estable ayuda a los niños a sentirse bien y el restablecimiento de las rutinas aumenta su capacidad de recuperación y recuperación. El enfoque integral identifica, apoya y protege a los niños vulnerables, los jóvenes y sus cuidadores", señala Zeinab Hijazi, especialista en salud mental y apoyo psicosocial en el área de protección para niños en emergencias de Unicef.

El estudio se desarrolló en dos campamentos de refugiados en Uganda, Kiryandongo y Adjumani, con jóvenes de entre 13 y 17 años provenientes de Sudán del Sur, un Estado fallido que desde 2013 está controlado por decenas de milicias. 1,5 millones de sursudaneses vive en campos de refugiados fuera de sus fronteras, según datos de la ONU. Los investigadores analizaron la relación entre los síntomas que presentaban los "cuidadores", que podían ser o no los progenitores, y los menores.

"Hemos registrado pensamientos de suicidio y autolesiones en niños. En nuestros tratamientos siempre intentamos tener un enfoque familiar porque pensamos que lo que le pasa a uno de los miembros va a tener consecuencias en el resto", explica Jennifer Zuppiroli, técnica de Save the Children. "Las situaciones de estrés prolongado, como son las de estos niños, pueden provocar reacciones como pesadillas o insomnio. Normalmente buscas estabilizarlos tanto a ellos como a los padres, que solo con ver que les estás escuchando muchas veces ya se derrumban", añade su compañera Ana Alonso.

Muchos síntomas son psicosomáticos: dolores de barriga, problemas en la piel, algunos incluso miccionan en la cama, lo que supone una vergüenza para ellos porque no entienden qué pasa

El estudio viene a indicar que además de las intervenciones educativas, nutricionales y médicas, si no se cuida también la salud mental de aquellos que cuidan a los niños, las secuelas pueden perdurar. Algo en lo que coincide la experta de Unicef: "Las intervenciones deben promover el bienestar psicosocial de los cuidadores para que puedan proporcionar a los más pequeños una sensación de seguridad, estabilidad y normalidad, ayudando a restaurar o mantener el proceso de desarrollo".

La recomendación de los investigadores es la integración de sus tratamientos psicológicos en cualquier programa de protección de la infancia que se lleve a cabo en un contexto humanitario. Estas conclusiones se unen a otros estudios precedentes, como el realizado en 2015 en el campo de Kunama en Etiopía. "Cuando el sistema nervioso está estresado a un nivel muy alto, conocido como estrés tóxico, reduce la capacidad del cerebro para regular el crecimiento y la capacidad cognitiva", añade Hijazi. La referente en salud mental y psiquiatra de Médicos Sin Fronteras Cristina Carreño enumera los síntomas que se ha encontrado en adolescentes y niños: "Muchos son psicosomáticos: dolores de barriga, problemas en la piel, algunos incluso se hacen pis en la cama, lo que supone una vergüenza para ellos porque no entienden qué pasa... Incluso casos de intentos de suicidio".

La atención psicológica en contextos humanitarios ha ganado relevancia especialmente en la última década, aunque existen iniciativas desde los años ochenta. No obstante, la presencia de psicólogos todavía no se entiende como algo prioritario en este contexto. "Es un asunto incomprendido que sigue estando insuficientemente financiado. Necesitamos una mayor inversión en salud mental y apoyo psicosocial en todas las etapas de la vida, especialmente para los niños y jóvenes afectados por conflictos armados", puntualiza la experta de Unicef.

Hay que tener en cuenta cuestiones tan básicas como que en esas condiciones los pacientes no puedan seguir un tratamiento continuado, lo que da lugar a intervenciones de sesión única, por ejemplo. Carreño apunta que uno de los colectivos más olvidados históricamente han sido los adolescentes, una tendencia que está cambiando: "Lo ideal es combinar sesiones individuales con ellos, con otras con la familia o los cuidadores. Organizamos otras reuniones entre progenitores, para que tengan oportunidad de hablar entre ellos y también formamos y acompañamos a los profesores".

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"La salud mental ni siquiera tiene traducción en muchas lenguas"

El idioma puede constituir una barrera a la hora de tratar la salud mental de refugiados. "Los conceptos de salud mental son difíciles de trasladar a las lenguas dinka y nuer, especialmente en lo que se refiere a los síntomas psicosomáticos", puntualiza el estudio. La experta de Unicef, Zeinab Hijazi, cuenta una de sus experiencias en el terreno: " Esto me recuerda un estudio que llevamos a cabo con refugiados iraquíes hace unos años en Jordania. Usaban términos como "cansada psicológicamente" "sin esperanza", los niños más pequeños decían "infeliz" y los jóvenes "inutilidad" y "aburrimiento". De hecho, los términos técnicos no son importantes". La experta de Médicos Sin Fronteras, Cristina Carreño, lo secunda: "Trabajamos con personal internacional y local porque entender la cultura, lengua, tradiciones y creencias hace que las intervenciones sean eficaces. En algunas lenguas, la salud mental no tiene traducción clara y en otras, directamente lo traducen como 'locura". La psiquiatra de MSF apunta tres claves en este tipo de programas: entender muy bien el contexto en el que se desarrollan, conocer las tradiciones -por ejemplo, cómo afrontan una despedida de un ser querido-, y saber que cada paciente requiere un tratamiento específico.

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