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Antonio Banderas, en Starlite: “Nunca me han ofrecido ser ministro de Cultura y no quiero”

El actor, nominado al Emmy, y sus amigos celebran por noveno año la Gala Starlite en Marbella para recaudar fondos para causas solidarias

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Antonio Banderas durante el Starlite Festival Gala, en Marbella, este sábado 11 de agosto. GTRES

La culpa fue de Almodóvar. Del cansancio, de la “pinta desaliñá”, como decía el propio Antonio Banderas. Sin ambages (“Trabajar con Pedro es un placer indescriptible; es complicado, pero no hay otra”), agotado y quizá por ello algo más serio de lo habitual, se presentaba el sábado: había rodado Dolor y Gloria con el manchego hasta muy tarde el viernes, había volado casi a medianoche a Málaga y el sábado le tocaba batería de preguntas, photocalls, besos, sonrisas, escenarios, bailoteos tardíos, ya entrado el domingo, y hasta pintar un cuadro. Pero si había cansancio, aquí no pasó nada: se plantó el traje y esa sonrisa Profident hollywodiense y no bajó el pistón la que era su noche: la de la Gala Starlite que celebra desde hace nueve años en la cantera de Nagüeles, en Marbella.

Los problemas se bajaron este año de los titulares: no salieron a relucir el corazón de Banderas (“no voy a dejar de hacer nada de lo que hacía, excepto fumar, y si me muero antes, me muero antes”, aseguraba) ni los de 2017 con el Ayuntamiento de Marbella por los permisos de la cantera (se trabaja “por ambos lados”, según la creadora del festival, para conseguirlos a 10 años “y dar seguridad jurídica a un proyecto de tal inversión”). Intentó pasar de puntillas por la política, aunque fue algo inevitable. “Quiero ser cauto”, previno Banderas, evitando titulares centrados en ella. “Hay más cosas que esta campaña electoral en la que vivimos continuamente. A veces es insoportable. El político se cree que no podemos vivir sin él, pero no. Hay otras cosas en la vida: pasear con los hijos, leer”. Y no: no le han pedido ser ministro. “No hubiera aceptado ser ministro de Cultura. Nunca me lo han ofrecido. No me lo han ofrecido y no quiero. Para que lo sepan”, remachó. Como cierre, negó cualquier adscripción a ningún partido. “No me quiero alistar en ningún partido político. Desde hace tiempo no lo hago públicamente. Creo que estamos intoxicados, envenenados de política”.

En la gala Starlite recaudó —como lleva haciendo ininterrumpidamente desde 2010— miles de euros en pos de la solidaridad: para Lágrimas y Favores, su fundación, y para Niños en Alegría, la de Sandra García-Sanjuán, la creadora del Festival Starlite, convertido en el epicentro de la música y el lujo de Despeñaperros para abajo, y que se celebra desde principios de julio y hasta finales de agosto en esa cantera. Este verano ya han pasado por allí de Luis Miguel (el primer concierto de la temporada) hasta Texas, Pablo Alborán o Sting, y aún faltan Rosalía o Miguel Ríos.

De izquierda a derecha, Nicole Kimpel, Antonio Banderas, Sandra García San Juan, Juanes, Barbara Kimpel, Jesus Alonso, Cristina del Rey y Anne Igartiburu, en la gala Starlite este 11 de agosto en Marbella (Málaga). ampliar foto
De izquierda a derecha, Nicole Kimpel, Antonio Banderas, Sandra García San Juan, Juanes, Barbara Kimpel, Jesus Alonso, Cristina del Rey y Anne Igartiburu, en la gala Starlite este 11 de agosto en Marbella (Málaga). Getty Images

La noche del sábado no faltó la música (con actuaciones del propio Ríos, de Juanes y de una exquisita Sara Baras que puso a los asistentes de pie y los vellos de punta) lo importante era la filantropía. Gracias a esa gala se ha recaudado en las ocho ediciones anteriores más de 2.350.000 euros.

En esta, aunque no hay datos, probablemente no se batirán récords (una obra de José María Cano vendida en 2017 por 260.000 euros los fulminó todos), pero aún así el pellizco fue agradecido: un cuadro del dúo cubano Los Carpinteros, una escultura de Pepe Monserrate los 25.000 y otro de la artista Bibiana Domet alcanzó los 18.000 euros. El que pintó Banderas, dándole alas a la vena picassiana que ha cosechado gracias a la serie Genius, donde se mete en la piel del pintor y por la que ha sido nominado al Emmy (“No me lo voy a llevar: no estoy haciendo campaña porque no estoy allí; además, [Picasso] era un mujeriego y en esta época del MeToo… ¡Y fuma como un carretero!”), logró nada menos que 20.000 euros. Bisbal estuvo a punto de comprarlo, pero se plantó cuando la subasta sobrepasó los 10.000.

Porque esos son los tres ingredientes únicos de esta gala: famosos, subastas, dinero. Mucho, mucho dinero. En realidad, mucho de todo: la lista de famosos —de la que Banderas es artífice— era interminable, y arrancaba, cómo no, con Banderas y su novia, Nicole Kimpel (y la gemela de esta, Barbara: son absolutamente indistinguibles), que llegaron los primeros al photocall junto a García-Sanjuán, Juanes como invitado de honor y Anne Igartiburu, otra clásica de la fiesta. Juntos firmaron un Ford Mustang amarillo descapotable que, aunque más de uno se quedó con las ganas, esta vez no se subastó.

El expresidente del Gobierno Jose María Aznar y la exalcaldesa de Madrid Ana Botella en la gala Starlite. ampliar foto
El expresidente del Gobierno Jose María Aznar y la exalcaldesa de Madrid Ana Botella en la gala Starlite. GTRES

Después, Valeria Mazza y Carlos Latre como presentadores, y Santiago Segura y sus chistes torrentianos echando una mano en las labores (la subasta de su beso es un clásico de la noche: se lo llevó Nuria Fergó por 4.000 euros y sí, hubo besazo de ambos sobre el escenario).

Los más perseguidos para el selfie y el photocall fueron los internacionales y los que menos lentejuelas llevaron: Bo Derek y John Corbett (el adorado Aidan de Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York) y la influencer Olivia Palermo, algo perdidos, quizá, entre el famoseo patrio, donde quienes más triunfaron fueron David Bisbal y su flamante esposa. Hubo más cantantes, como Ainhoa Arteta, Ángela Carrasco, Sharon Corr o Juan Magán (que dio vidilla al afterparty); comunicadores como Isabel Gemio (premiada por su labor filantrópica), Agustín Bravo o María Casado; exmandatarios como el matrimonio Aznar-Botella; aristócratas como Eugenia Martínez de Irujo, con su marido, Narcís Rebollo; actrices como Miriam Giovanelli o Vanessa Romero; empresarios como Pedro Trapote y su esposa Begoña; y clásicos de las noches de verano y fiesta como Gunilla Von Bismarck y Luis Ortiz, Carmen Lomana o Antonia Dell’Atte, que a punto estuvo de convertirse en protagonista de la noche por un desmayo que hizo a sus acompañantes de mesa gritar “¿Un médico en la sala?” y traer la ambulancia del recinto. El calor, el champán: un susto.

En total, casi 500 personas que pagaron a unos 800 euros el cubierto para degustar jamón de Jabugo y caviar de Riofrío (ambos, de marcas patrocinadoras del evento, claro) seguidos por carabinero con dados de calabaza, solomillo de vaca gallega con verduras de temporada y tarta con rizo de chocolate y helado de frutas de la pasión.

Rosanna Zanetti y David Bisbal a su llegada a la gala Starlite en Marbella. ampliar foto
Rosanna Zanetti y David Bisbal a su llegada a la gala Starlite en Marbella. Getty Images

Durante la cena se subastaron obras de arte, viajes (a ver las estrellas a Atacama, Chile, tres noches, 4.500 euros), experiencias (un paseo en yate con catering de Dani García para 10 personas, 12.000 euros), encuentros con cantantes que aún quedan por pasar por el festival (como Estopa, 200 euros) o bolsos, zapatos, tratamientos de belleza, vajillas, guitarras… “Tenemos la gala y el festival, pero también el de México y Starlite Shop, con productos del festival, online y con siete puntos de venta”, explicaba García-Sanjuán a EL PAÍS horas antes de la gran fiesta.

Buscan internacionalizar el concepto: el festival y su guinda, la gala solidaria, a distintos puntos del globo. Para empezar, han firmado un acuerdo para emitirlo por televisión en 30 países. “Estamos muy satisfechos con lo logrado”, afirma tras haber reinventado el concepto de festival para convertirlo en algo gourmet y, además, con una gala que logra repercusión y dinero para diversas fundaciones que ayudan a escuelas de México o a estudiantes de posgrado o enfermos terminales en España.

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