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La apasionante vida de la 'madame' que se hizo millonaria vendiendo bolsos

Michelle Berk tuvo un negocio de chicas de compañía, fue detenida, cumplió arresto domiciliario y hoy vende bolsos de lujo, entre otras, a la matriarca de las Kardashian

Michelle Berk y su marido, Jeff Berk, posan ante la prensa en la inauguración de un local en Los Ángeles en 2013.
Michelle Berk y su marido, Jeff Berk, posan ante la prensa en la inauguración de un local en Los Ángeles en 2013. Getty Images

Michelle Braun tardó poco en tunear su primer coche, un regalo de sus padres: conducía al instituto en una camioneta Chevrolet morada con llamaradas rosas en los costados y una matrícula que decía “YOOSEXY” (tú, sexy). Una década después, había ganado siete millones de euros con su negocio de prostitución de lujo según la investigación del FBI que culminaría con su detención. Hoy preside una empresa de venta de bolsos Hermès que factura 15 millones al año. Si Estados Unidos es la tierra de las oportunidades, se las han dado todas a ella.

“Las chicas y los clientes estaban siendo asediados, yo recibí aquella bala por todos ellos. En cierto modo soy como Jesucristo, solo que más guapa”

Michelle Berk

Michelle Braun (nacida en Bakersfield, California, en un año indeterminado) viajó a Rosarito, México, durante unas vacaciones en su primer año en la universidad de San Diego. Allí participó en un concurso de camisetas mojadas y ganó cientos de dólares: “Desde el principio de Internet me obsesioné con la comunicación a través de la red, era una friki de la tecnología en el cuerpo de una chica fiestera”, recordó en una entrevista concedida a Rolling Stone. Sus primeros trabajos fueron en un gimnasio, en un salón de bronceado y en una discoteca. Allí, una noche un tipo le pidió que le concertase una cita con una de sus amigas y le dio 400 euros: donde cualquiera vería un golpe de suerte o una anécdota extravagante, Michelle vio un hueco de mercado.

Y ese negocio se beneficiaba de otro hueco, el de la legalidad. Mientras que el proxenetismo es delito en Estados Unidos, cobrar dinero a cambio de organizar citas entre dos adultos no lo es. Michelle Braun se forjó una imagen de marca bajo el alias Nici y la oferta de un producto tan exclusivo, aspiracional y hermoso (porque la cultura pop te ha convencido de que lo es) como un bolso de Hermès: chicas Playboy, actrices porno famosas, animadoras de la NBA, modelos que habían sido portada de Maxim o FHM y estrellas de la telerrealidad. Las chicas de Nici satisfacían una fantasía que muchos hombres, desde el mecánico que cuelga un calendario de desnudos en su taller hasta el actual presidente de los Estados Unidos, desean poseer desde su adolescencia: mujeres sobreproducidas, con una belleza inhumana (pelo de un color rubio que no existe, piel dorada que ninguna raza tiene, voz infantil y una proporción insostenible entre su pecho y su cintura) que entronca con un canon estético que nunca parece pasar de moda.

El magnate turco Hakan Uzan, al que Michelle Braun fue a buscar a Estambul expresamente para captarle como cliente cuando tenía 24 años y estaba embarazada de seis meses de su segunda hija, pagaba por grupos de chicas (20.000 euros a cada una) para que estuviesen esperándole en su hotel. Ni siquiera mantenía relaciones sexuales con ellas. Si el sexo es poder, para algunos la mera disponibilidad de él es suficiente. O como explicaba Braun, “los hombres también pagan por sus Ferraris y eso no significa que sea placentero conducirlos”.

“Nici era la menos turbia de todos los agentes”, relató una modelo de Penthouse que llegó a ganar 170.000 euros al año trabajando para Braun. “Los demás me hacían sentir como un producto, ella me trataba como a una amiga. La diferencia es que la mayoría de agentes utilizan a sus chicas, pero ella utilizaba a sus clientes”. La mansión Playboy estaba revolucionada. Las novias de Hugh Hefner, que recibían una paga de 862 euros a la semana, se sacaban un sobresueldo haciendo horas extras para Nici en su tiempo libre. Las actrices porno, cuya profesión estaba siendo devaluada por el masivo consumo de pornografía en Internet, ansiaban rentabilizar su popularidad ejerciendo como chicas de compañía: una escena sexual se pagaba a menos de mil euros, una noche con un multimillonario a más de 10.000. Esos hombres no solo pagaban por sexo, sino por recibir la atención de un tipo de mujer que llevan toda su vida considerando inalcanzable. Y Michelle Braun, bajo la identidad de Nici, decidió que ya que el sistema iba a explotar a las mujeres como ella al menos sería en sus propios términos.

Paris Hilton posa con uno de los bolsos de Hermès de Privé Porter en el Instagram oficial de la empresa, que tiene más de 90.000 seguidores.

Las chicas de Nici eran las más caras del mercado (si a principios de siglo la inflación disparó el alquiler de la vivienda, por qué no iba a suceder lo mismo con el alquiler del cuerpo) pero sus servicios también eran de lujo: mientras Charlie Sheen estaba en rehabilitación, Braun se las ingeniaba para abastecer de chicas al actor en la consulta de su médico, el único lugar donde Sheen estaba autorizado a ir. Ella clasificaba a sus chicas respecto a lo que estaban o no dispuestas a hacer y cuánto valía (si se prestaban al fetichismo sado, si se podían comportar como novias, si hacían squirt o si hablaban griego). Pero la economía libre tiene consecuencias en todos los sectores y, cuando Nici revolucionó el negocio de la prostitución de lujo revalorizando el producto y gestionando las transacciones por la recién popularizada Internet, cientos de competidores imitaron su modelo de negocio bajando los precios. Ese tipo de chica hipersexualizada ya no era exclusivo del porno, las revistas picantes o la televisión: ahora Instagram está plagado de ellas.

Los competidores de Nici trataron de alertar al FBI y a los servicios sociales para que cuestionasen su capacidad como madre. “Le daba el pecho a mi hija y la mecía mientras coordinaba los pedidos de mis clientes por teléfono” –añadió Braun durante sus confesiones a Rolling Stone– “y yo lloraba porque me había convertido en una fóbica social. Me preocupaba lo que le ocurriría a ella si yo me metía en problemas”. Y sí: se metió en problemas.

En mayo de 2002, Mark Yagalla pagó 430.000 euros por conocer a una chica Playboy a quién después regaló una casa de 730.000 euros y abandonó por una novia de Hugh Hefner. Novia a la que compró una casa de millón y medio, dos Rolex, seis coches (entre ellos, un Ferrari Spider y un Bentley) y una reproducción del collar de diamantes que Julia Roberts lleva en Pretty Woman. Poco después fue arrestado por malversación de fondos y señaló a Michelle Braun como una de sus socias. El FBI irrumpió en su casa con granadas de humo y encontró unos vaqueros con una bolsita de cocaína. Braun reaccionó como habría hecho en sus años de adolescente cuando conducía aquella camioneta de llamaradas rosas: diciendo que se lo estaba guardando a una amiga. “Esos vaqueros no eran míos, eran una talla 34 –explicaría–, ¡la pierna era del tamaño de mi pantorrilla!”.

Mark Yagalla fue condenado a cinco años. Braun, arrestada solo por posesión de cocaína. El siguiente novio de la chica Playboy, asesinado mientras trataba de vender las joyas regaladas por Yagalla.

Como el show (o, en este caso, el dinero) siempre debe continuar, Michelle Braun relanzó una división low cost de Nici's Girls. Más chicas (más de cien), más baratas (1.200 euros la hora) pero igual de problemáticas. “La mayoría eran estúpidas”, se quejó Braun en Rolling Stone. “Ganaban medio millón en un año y luego venían a mí sin tener dónde caerse muertas porque se lo habían gastado en ropa o en cocaína. Lo siento por ellas, pero yo no quería ser la terapeuta de nadie”. En 2006, el FBI volvió a por ella y esta vez no pudo librarse: fue detenida durante la fiesta de cumpleaños de su hija. Aceptó los cargos de blanqueamiento de capital y de trasladar a una mujer fuera del estado de California con la intención de prostituirla. “Las chicas y los clientes estaban siendo asediados, yo recibí aquella bala por todos ellos –lamenta–. En cierto modo soy como Jesucristo, solo que más guapa”.

Kris Jenner hizo crecer el negocio de Michelle Berk después de etiquetar su cuenta de Instagram en la suya propia, que cuenta con más de 20 millones de seguidores.

Y como Jesucristo, Michelle Braun resucitó: no a los tres días, pero sí a los dos años. Tras seis meses de arresto domiciliario y cuando todavía estaba cumpliendo tres años de libertad condicional dejó a su segundo marido por Jeff Berk, relanzó su propia marca dejando atrás a Nici para erigirse como Michelle Berk y fundó Privé Porter. Hoy es la empresa de reventa de bolsos más exitosa del planeta. En palabras de la propia Michelle Berk: “¿Sabes cuál es la peor parte de ser millonaria? Ninguna”.

Privé Porter vende solo bolsos Birkin de Hermès. Fabricados completamente a mano durante cinco semanas, esta línea está bautizada en honor a la actriz Jane Birkin (cuando coincidió con el presidente de Hermès en un avión se le cayó el contenido de su bolso al suelo, él prometió diseñarle el bolso perfecto y ella dibujó lo que necesitaba en un papel) y tienen un precio de salida de unos 5.000 euros. En 2016, Privé Porter vendió uno al precio récord de 257.000 euros. El 90 por ciento de sus beneficios provienen de Instagram (si alguien sabe de vender productos sobrepreciados a través de Internet, esa es Michelle Berk) y el resto de tiendas pop-up, que solo aparecen durante un día y casi sin previo aviso, como la que visitó en 2016 Kris Jenner en Aspen, Colorado.

Tras comprarse dos Birkins por 15.000 euros cada uno y etiquetar a Privé Porter en la correspondiente foto de Instagram, la cuenta de la tienda subió en 8.000 seguidores y vendió 20 bolsos idénticos por un total de 300.000 euros. Hoy la lista de espera es de seis meses y sus integrantes no pueden elegir el modelo que reciben. Solo saben que será un Birkin auténtico.

Michelle Berk ha aprendido la lección y hoy vuela debajo del radar. En su cuenta de Twitter, con 33 seguidores y abandonada tras publicar nueve tuits (la mayoría apoyando a Donald Trump), sigue entre otros a Kanye West, a los Knicks de Nueva York y a Kimberly Holland, chica Playboy en octubre de 2004. Como le ocurrió a Nici's Girls, la competencia de gangas está saliendo de debajo de las piedras digitales: Poshmar o LuxeDH ofrecen Birkins más baratos y con posibilidad de financiación a plazos. Pero Jeff Berk no está preocupado y explica: “¿Por qué iba nadie a darme 45.000 euros sin ver el producto? Pues porque confían en mí. Porque llevo vendiendo productos de lujo toda mi vida adulta”. Su mujer también.

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