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‘La señora Doubtfire’ | ¿Te escaqueas de tus responsabilidades paternales?

Propongo un pequeño examen para que te pongas una medalla o te sientas culpable y aproveches lo que queda del verano para redimirte

La columna de hoy viene polémica. Será la ola de calor…

Un amigo librero y padre primerizo me comenta que, con la precampaña del libro de texto, le han ido varios clientes a pedir los libros de sus hijos sin saber ni a qué curso irán. Y se justificaban con el típico chascarrillo de “es que esto es cosa de mujeres”.

Momentos después hablo con amigas que tienen hijos y también están agotadas, ahora en verano sin escuela y con los críos llenos de energía a todas horas. Sus parejas “colaboran” pero ni de lejos llegan a la igualdad soñada.

A mí me sorprenden estos ejemplos porque tanto yo como mis amigos más cercanos que somos padres consideramos una prioridad total cuidar y querer a nuestras criaturas. Y realmente pensaba que los padres de nuestra generación ya nos habíamos puesto al día.

Contando que ambos miembros de la pareja trabajan, ya no vale la excusa de cazador-recolector de “yo ya cumplo ingresando pasta”. Mis amigas dicen que detrás de excusas como “es que las madres tenéis un vínculo especial” o “yo no sé cómo va” hay una actitud machista y perezosa para ahorrarse el trabajo duro, que no nos engañemos, suele ser un auténtico rollo.

Siempre es bonito el momento Instagram de llevar a la criatura al parque de atracciones o comprarle un helado y sonreír a cámara. Pero las responsabilidades que vienen con el niño son para toda la vida… y para ambos.

Entonces, generalizando a lo bestia, me pregunto (y me encantaría conocer vuestras opiniones en los comentarios): ¿los tíos nos escaqueamos de las tareas paternales, nos falta anticipación, inquietud y algo de iniciativa y siempre vamos tarde y necesitamos indicaciones o simplemente son leyendas urbanas y todos cumplimos?

Propongo un pequeño examen para que te pongas una medalla o te sientas culpable y aproveches lo que queda del verano para redimirte:

  • ¿Juegas con tu crío o le enchufas la tele y tú sigues con el móvil?
  • ¿Sabes dónde guarda cada pieza de ropa? ¿Gestionas tú la limpieza y orden de esa ropa o las lavadoras las ponen duendes por la noche?
  • ¿Sabes cuándo le toca la próxima vacuna? Y las anteriores, ¿te acordaste de ponérselas?
  • Cuando tienes que alimentar a la criatura, ¿tiras de precocinados guarros o cocinas sano?
  • Cuando el peque tiene ganas de mear o defecar, ¿lo acompañas o dices que el lavabo de hombres está sucio o no tiene cambiador?
  • Cuando se despierta por la noche, ¿lo consuelas tú o te haces el dormido para que vaya tu pareja?

La moraleja de La señora Doubtfire era clara: lo importante es pasar tiempo con los tuyos aunque a veces te sientas como un encargado de la limpieza.

Claro que es más divertido ver una peli que ocuparte de las tareas diarias, pero además de romper la tradición machista, si lo haces por quien te importa y lo conviertes en un juego, es (casi) apasionante.

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