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Cuando en las Cortes se vota a Bob Esponja

Los parlamentarios pierden a menudo el respeto a las instituciones de las que forman parte

Votación en el Congreso para la elección de una administradora provisional única de RTVE.
Votación en el Congreso para la elección de una administradora provisional única de RTVE. EFE

Desde que el Gobierno de Pedro Sánchez decidió a través de un decreto ley relevar al consejo de administración de RTVE, este proceso ha vivido un calvario parlamentario que ha concluido con la designación de la periodista Rosa María Mateo como administradora única de la corporación. No es solo que hayan sido necesarios ocho plenos (seis en el Congreso y dos en el Senado) sino la falta de respeto a las Cortes, como institución, exhibida por algunos parlamentarios.

Durante el escrutinio de la primera ronda para elegir a seis miembros del consejo de administración en el Congreso, algún diputado chistoso otorgó su confianza a Lauren Postigo, el fallecido presentador especializado en el mundo de la copla y la tonadilla. En otro escrutinio, otra papeleta quizá del mismo diputado, apostó por el cantante David Bisbal y el locutor radiofónico Federico Jiménez Losantos. Hubo otra de las votaciones en la que, sorprendentemente, alguien se inclinó por Bob Esponja, demostrando que el humor puede ser chusco en cualquier lugar. En la segunda vuelta del pleno del Congreso que eligió a Mateo, 130 diputados pusieron un “no” en la papeleta, menos el cómico de turno que escribió “no es no”.

El reglamento del Congreso prevé cuatro tipos de votaciones: por asentimiento a la propuesta de la presidencia, ordinaria, pública por llamamiento y secreta. En poco más de un mes —el 22 de junio el Consejo de Ministros aprobó el decreto ley y el 27 de julio la Cámara baja dio el visto bueno a Mateo— se sucedieron ocho votaciones secretas para sacar del atolladero a RTVE.

Dice la normativa que la votación será pública por llamamiento o secreta cuando lo exija el reglamento o lo soliciten dos grupos o una quinta parte de los diputados o de los miembros de la Comisión. Si las votaciones para la investidura del presidente del Gobierno, la moción de censura y la cuestión de confianza son públicas por llamamiento, no resulta muy comprensible que las destinadas a elegir al consejo de RTVE sean confidenciales.

Así, resulta a simple vista imposible saber si los dos errores que se produjeron en el Congreso en la última ronda para nombrar al consejo fue involuntaria o deliberada. La lista obtuvo 175 votos, uno menos de la requerida mayoría absoluta. En el fatal escrutinio se conjuraron varias ausencias. Un diputado perdió el vuelo y no llegó a tiempo para votar.

Siendo irrespetuoso votar por Bob Esponja tampoco es muy ejemplar ausentarse de las votaciones, como ha hecho una y otra vez Ciudadanos en el caso de RTVE. Al partido de Albert Rivera no le ha gustado “el decretazo”, la forma en la que los socialistas han desencallado la renovación de la cúpula de la corporación, pese a que un decreto ley es una fórmula legislativa tan válida como otra. Menos ejemplar es cambiar de bando en mitad del partido. Ciudadanos pactó con PSOE y Podemos un documento que regulaba el concurso público de RTVE y poco después rompió esa alianza a tres bandas y se alió con el PP para garantizarse una mayoría en el comité de expertos encargado de evaluar el centenar de candidaturas presentadas al concurso público.

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