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Cumbre en Helsinki

Trump y Putin se alían en la retórica belicista que les distancia de Europa

Vladímir Putin, con un balón de fútbol del Campeonato Mundual, junto a Donald Trump el pasado lunes 16 de julio.
Vladímir Putin, con un balón de fútbol del Campeonato Mundual, junto a Donald Trump el pasado lunes 16 de julio. Getty Images

Donald Trump reservó su cara más amable para Vladímir Putin en su reciente gira europea tras atacar a Alemania, afear a sus socios de la OTAN sus insuficientes presupuestos de Defensa y loar al dimisionario Boris Johnson frente a Theresa May. El presidente de Estados Unidos, siempre atento a su electorado, puede haber cometido esta vez, sin embargo, un error que podría perjudicarle en su propio país porque una cosa es velar casi en exclusiva por los intereses económicos de Estados Unidos y otra muy distinta prestarse a una suerte de entreguismo al líder ruso desautorizando a su propia Administración.

Solo tres días antes de la cita con Putin en Helsinki, el fiscal especial Robert Mueller imputó a 12 espías rusos por robar y divulgar, presuntamente, documentos de la campaña de la demócrata Hillary Clinton para interferir en las elecciones que dieron la victoria, en 2016, al propio Trump. Las protestas por la actitud del inquilino de la Casa Blanca con Putin no solo han procedido de los demócratas; también algunas voces republicanas se han alzado por lo que se considera una traición al país.

Culpar de las malas relaciones bilaterales a las “tonterías” que se han cometido en su propio campo y negar públicamente las evidencias sobre la trama rusa en manos de la fiscalía no solo demuestra la desconfianza de Trump hacia sus instituciones. Es, además, un juego peligroso por cuanto se intenta excluir a priori toda investigación que pueda revisar la limpieza del proceso electoral, pieza clave de toda democracia. Su seguridad al afirmar que ganó las elecciones sin trampas no se corresponde con sus maniobras para evitar las indagaciones.

Putin y Trump han vuelto a dar muestras de entendimiento —casi de connivencia— en la retórica belicista que comparten, así como en su visión de los equilibrios geoestratégicos de poder en un momento delicado para el líder ruso, repudiado en Europa por inmiscuirse en procesos electorales y en el referéndum del Brexit, por anexionarse la península de Crimea y por su crucial apoyo al dictador sirio Bachar el Asad. La imputación de los 12 espías rusos habría sido, en otros tiempos, motivo suficiente para cancelar la cita de Helsinki en el último minuto. El mero hecho de mantenerla fue ya un éxito para el incómodo mandatario ruso. No dedicarle a Putin ni una palabra de reproche supuso un espaldarazo.

Trump desdeña a la Unión Europea y a su soft power. Ha abierto una guerra comercial con sus principales socios y ha abandonado los pactos del Clima y de Irán en los que tanto empeño había puesto Europa. Pero tanto el propio Trump como Putin parecen haber acordado mantener la tensión; también con China. La insistencia de ambos en destacar que Estados Unidos y Rusia son las dos grandes potencias nucleares del mundo desmiente su anunciado interés en reducir el armamento atómico. Washington y Moscú, de la mano de estos dos mandatarios empeñados en aumentar sus gastos de defensa, han seguido tejiendo en Helsinki una alianza que no augura distensión alguna en los focos candentes del planeta.

 

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