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Sobra el tiempo

No debe haber otra explicación. Por qué será que el tema de incluir o no la asignatura de religión, o que su aprendizaje sea o no evaluable, está en la agenda política del Gobierno. Pues es bien sencillo: como se muestra tan incapaz como el anterior para impulsar un pacto por la educación, se detiene en cuestiones transversales. Lo que la sociedad demanda urgentemente es una reforma educativa que haga de la educación un instrumento útil para la consecución de competencias que faciliten el desarrollo integral de las personas en su vida profesional y personal. Pero no, corre prisa por detenerse con “minucias” cuando lo que realmente preocupa es el absentismo escolar, que haya mayor correspondencia entre escuela y mundo laboral, o la calidad de la enseñanza. Incluir o no la enseñanza de religión en el BOE, o no evaluarla, sería interesante discutirlo pero no debe ser una prioridad. Podría ser una opción sustituir en colegios públicos la asignatura de religión por una historia de las religiones que englobe distintas creencias y cultos mayoritarios que han legado una identidad cultural innegable. A este respecto, España no es una excepción. A ver qué hacen.— Pablo Erecacho Gortazar. Bilbao.

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