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El cine que trajo la crisis

El festival de cine independiente Filmadrid acoge a una nueva generación de jóvenes cineastas que explora nuevas formas de filmar desde lo local y lo colaborativo

Crecieron en plena crisis económica, en un tiempo donde las posibilidad de convertirse en director de cine era un sueño lejano. Hacen sus películas sin apenas dinero y en ellas hablan de lo cotidiano, de los problemas para encontrar trabajo, de la precariedad, de la familia. El festival de cine independiente Filmadrid acoge en su sección Pasajes de Cine a esta nueva ola de cineastas experimentales que explora nuevas formas de filmar desde lo local y lo colaborativo, haciendo cine mínimo.

Carteles de las películas de la sección Pasajes de Cine. ampliar foto
Carteles de las películas de la sección Pasajes de Cine.

Sus nombres son Rocío Montaño, Ilan Serruya, Alonso Valbuena y Miguel Rodríguez. Todos tienen menos de 30 años y todos se conocieron a través del Máster LAV de cine experimental y prácticas documentales. Ninguno de ellos se dedica a esto del cine a tiempo completo. Montaño es dependienta en una tienda de calzado y Rodríguez es diseñador gráfico. Valbuena y Serruya sí trabajan en el medio audiovisual, uno como asistente de realización en la escuela de cine TAI y el otro como editor de televisión.

Fotograma de 'El penalti'.
Fotograma de 'El penalti'.

Alonso Valbuena (Palma del Río, Córdoba, 1989) tiene claro qué es lo que marca el estilo de filmar de su tiempo. "Yo creo que todos hacemos películas de lo cercano, de los amigos. Eso es algo definitorio. No es solo por dinero, es una cuestión moral. Somos una generación que estudió con la crisis de por medio. Nuestra manera de responder a esto es no hacer cine comercial, ya no sólo desde los presupuestos, sino también desde la temática. Los temas que elegimos son cosas que no se consideran normalmente cine". En el festival estrena El Penalti, un mediometraje documental que cuenta la historia de un andaluz que se muda a Madrid para buscar trabajo en la hostelería. Valbuena ha presentado otras películas suyas en festivales. En el Festival de Cine Europeo de Sevilla estrenó la película de terror Se abrirá la Tierra y en la anterior edición de Filmadrid el corto '240.000 euros'. "Yo diría que mi cine habla de la crisis económica y de las consecuencias que tuvo para la gente al sur de Despeñaperros", comenta. "La crisis es el mundo en el que hemos crecido. Nos han bombardeado tanto con ella que se ha convertido en el ruido de fondo de todas nuestras conversaciones".

Fotograma de 'La isla'.
Fotograma de 'La isla'.

A Miguel Rodríguez (Sevilla, 1992), la industria ni le preocupa. "No creo que llegue a dedicarme a esto a tiempo completo, pero tampoco me interesa". Para él, el entorno del cine proyecta esa idea de que si te esfuerzas y compites de forma salvaje con los demás conseguirás triunfar. Le interesa el documental. "Cuando tengo ideas para la ficción no se ajustan a mis posibilidades ni a mis recursos". Ese formato, en cambio, le parece abierto a todo tipo de simulaciones. Su última película, La Isla (que también presentó en el Festival de Cine de Sevilla), cuenta el recorrido del programa de marionetas La Isla de Flora realizado por sus padres y que se emitía en Canal Sur, la televisión autonómica andaluza, a principios de los noventa. A través del film, Rodríguez analiza la relación entre la memoria colectiva y la propia.

Fotograma de 'Ansiedad y la cámara'.
Fotograma de 'Ansiedad y la cámara'.

Cuando le preguntan por sus referentes, Rocío Montaño (Madrid, 1994) lo reconoce sin tapujos. “Mi relación con el cine ha sido más a través de grabar que de ver cine. Desde los 14 años grabo películas con mis hermanas en casa. Hay algunos directores con los que conecto mucho como Jonas Mekas o Aki Kaurismäki, pero en mis pelis hay más referencias a High School Musical y Lizzie Mcguire que a Tarkovski”. Montaño cuenta que lo que le mueve a hacer películas es ver cómo se transforma la realidad cuando se mira a través de la cámara. Para ella, hacer cine es “un juego” y una manera de relacionarse con el mundo. Sus películas las hace casi sin presupuesto. Su película anterior, que también fue el proyecto de fin de grado, se llama No hablo rumano y narra el proceso de grabación de un documental que fracasa. Su presupuesto fue lo que se gastó en el billete de avión a Rumanía y “50 euros en material”, el resto se lo prestaron. La película que presenta en Filmadrid, Ansiedad y la cámara, explora su día a día y cómo la cámara “lo transforma todo por completo y lo convierte en otra cosa”.

Fotograma de '¿Para qué sirve un zeide?'
Fotograma de '¿Para qué sirve un zeide?'

Es precisamente, esa “otra cosa” la que interesa a Ilán Serruya (Santa Fe, 1988). Para este director argentino crecido en Sevilla, la propia palabra cine se está quedando obsoleta. Para Serruya no existe una barrera entre su vida personal y la creación artística. En sus películas usa procesos del cine autobiográfico, usando material de archivo o rodando con familiares. Su primera película larga, Reunión (que aún no se ha estrenado), trata sobre un encuentro con su padre en la isla de Reunión en la que los silencios son lo que da estructura a la película. El mediometraje que ahora estrena Serruya se titula ¿Para qué sirve un zeide? y usa películas caseras hechas en su infancia para reflexionar sobre la memoria y la nostalgia.

En cuanto al futuro, Serruya afirma, rotundo, cuál es el camino a seguir para el cine experimental. “Creo que es hora de ahondar en el quiebre que se está dando entre el cine clásico y el de vanguardia. Debemos crear un medio que aúne arte, audiovisual y pensamiento. Sobre todo pensamiento”.

Alonso Valbuena y Miguel Rodríguez.
Alonso Valbuena y Miguel Rodríguez.

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