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¿Mayoría alternativa?

La moción de censura deja así un regusto agridulce teñido de incertidumbre

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, después de su discurso en defensa de la moción de censura.
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, después de su discurso en defensa de la moción de censura.

Lo que fue imposible en 2016 se materializó ayer en el Congreso de los Diputados: una mayoría alternativa al PP. Este acuerdo, sin embargo, no se basa en un programa de gobierno. Tampoco en un proyecto para España. Su punto de partida es el rechazo a Mariano Rajoy como presidente, la aparentemente perentoria necesidad de que se vaya. Lo que no está claro es cuál es el puerto de llegada.

En 2016, lo que impidió formar una mayoría alternativa fue la distancia entre los votantes de los partidos requeridos para construirla. Dicha distancia se expresó en dos ejes: el ideológico y el nacional. Los líderes, encerrados en cálculos inmediatos, prefirieron no moverse de la posición electoralmente más segura para no decepcionar a sus bases y no pagar así el coste correspondiente en unos comicios de repetición incierta.

Lo que ha cambiado desde entonces es la mayor penalización sobre la figura de Rajoy, que tiene un componente estratégico importante: no es solo que de repente todos estén más descontentos con su presidencia, sino que la sentencia de la trama Gürtel ha ofrecido un espacio de oportunidad para quienes (legítimamente) aspiran a construir una coalición distinta. Pero las posiciones de los votantes (y de quienes los representan) en las cuestiones básicas se mantienen alejadas. Los consensos alternativos son, por tanto, difíciles.

La moción de censura deja así un regusto agridulce teñido de incertidumbre. Por un lado, debemos celebrar que el poder legislativo y el judicial se combinen para castigar la corrupción asestando un golpe al Ejecutivo. Para cosas como esta tenemos separación de poderes. Imperfecta, sí. Pero, a tenor de lo visto en la última semana, no inexistente.

Sin embargo, la democracia va tanto de destruir (el proyecto del oponente) como de construir (el propio). Y para ello es necesario que las posiciones de los actores se acerquen. ¿Están dispuestos los partidos que han apoyado a Pedro Sánchez a dar ese paso? ¿Lo están, sobre todo, sus bases? ¿Hay hoy más cercanía entre un socialista de Jaén y un independentista de Girona de la que había hace dos años? La pregunta queda abierta. @jorgegalindo

 

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