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Un partido fallido

Que no haya semana que no salte un nuevo escándalo de corrupción en el PP, debería hacer recapitular a los dirigentes populares honrados

Sede central del PP en la calle Génova de Madrid.

Así como hay Estados fallidos, también hay partidos políticos fallidos. Es el caso del PP, cuya capacidad para remontar, después de la sentencia de la Audiencia Nacional (más de mil seiscientas páginas), es poco menos que imposible. Que el presidente del partido, Mariano Rajoy, se atreva a afirmar que los casos de corrupción en su formación son aislados; que el anterior presidente, José María Aznar, se mantenga en silencio cuando prácticamente todo su Gobierno del año 2002 está imputado o salpicado por casos de corrupción; que el propio partido haya sido condenado ayer; que casi todos los tesoreros, en uno u otro momento, hayan sido imputados o pasado por la cárcel; que sus ingenierosjurídicos (con Trillo a la cabeza) intentasen manipular la justicia para que fuese condenado —y lo fue— el juez (Garzón) que puso al PP en el punto de mira de la corrupción; en fin, que no haya semana que no salte un nuevo escándalo de corrupción debería hacer recapitular a los dirigentes populares honrados, que alguno habrá, para replantearse la estructura, funcionamiento y financiación de su partido, pues, como ya he escrito en otras ocasiones, ahora lleva en su ADN el estigma de la corrupción.

CiU, otra organización política corrupta en la que Convergencia oficiaba de comisionista y Unió de oficina de colocación, con Pujol y prácticamente toda su familia imputados, se disolvió ante la imposibilidad de reconducir los casos de corrupción que, como plantas parásitas, asfixiaban el árbol nacionalista catalán. Ellos, capitaneados por Mas, el aprendiz político de Pujol, se lanzaron al independentismo para desviar la atención. El PP no puede lanzarse a ningún sitio, afortunadamente. En el año que calculo le queda de gobierno podría hacer una profunda catarsis, aunque me temo que ya se la está haciendo Ciudadanos, un partido más moderno, con gente más joven y mejor preparada, y sin el lastre de la corrupción.

Es muy distinto sospechar lo que ocurre, incluso denunciarlo como hice yo —y bien caro que lo pagué— que verlo juzgado y condenado. Creo que será difícil que el Tribunal Supremo modifique los aspectos sustanciales de esta enjundiosa y trascendental sentencia contra el mayor caso de corrupción de la historia de la democracia española. No se salva de la condena ni el apuntador. Ángel Hurtado, el magistrado que interrogó a Mariano Rajoy, ha emitido un voto particular porque sostiene que el PP no se lucró, aunque su argumentación es débil. ¿Cuál será la actitud de Bárcenas ante la dura condena de su mujer, una sorpresa para muchos? Supongo que esperar al pronunciamiento definitivo del Tribunal Supremo. Ahora se puede comprender el interés del PP por controlar el Consejo General del Poder Judicial, al fin y al cabo el organismo que decide quién accede y quién no a la magistratura de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que es la que deberá juzgarles.

Jorge Trias Sagnier es abogado, escritor y exdiputado del PP.

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