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Día de la Madre: “La enfermedad mental materna se asocia a ser ‘una mala madre”

Una de cada cinco mujeres experimentan algún tipo de trastorno del estado de ánimo durante su embarazo y maternidad

Día de la Madre
Una madre agotada con su bebé llorando.

Asociaciones y organizaciones de países de todo el mundo, entre ellos España, están movilizándose para que el primer miércoles de mayo de cada año sea considerado el Día Mundial de la Salud Mental Materna. Una reivindicación organizada en torno a la Global Alliance for Maternal Mental Health y que busca poner en primer plano un aspecto importantísimo de la maternidad que muchas veces es invisibilizado y minusvalorado por la sociedad, cuando no directamente escondido por las propias madres, sometidas a la creencia de que la maternidad solo puede traer aparejados sentimientos emparentados con la felicidad. De ahí la importancia de recalcar este problema real este 6 de mayo Día de la Madre en España.

Sin embargo, cualquier mujer, independientemente de su cultura, edad, nivel de ingresos y raza, está expuesta a desarrollar trastornos del humor y la ansiedad perinatales que pueden aparecer en cualquier momento del embarazo o durante el año posterior al parto. No en vano, según datos de la propia Alianza Global, se estima que en muchos países hasta una de cada cinco nuevas madres experimentan algún tipo de trastorno del estado de ánimo y ansiedad perinatal (PMAD), una cifra que se incrementa incluso en el caso de pérdidas perinatales.

“El Día Mundial de la Salud Mental Materna es necesario por muchos motivos, bastantes más de los que nos creemos, ya que la Salud Mental Materna afecta directamente a la mujer, pero también al bebé, a la pareja y la familia. De hecho, la salud mental de las madres es un pilar necesario para el sano desarrollo y crecimiento de los hijos. Sin embargo, en la sociedad existe una idealización de la maternidad junto a un estigma de la enfermedad mental materna, asociado a ser una mala madre, que llega a impedir que las mujeres que se sienten abrumadas, incapaces, tristes, culpables o con miedo lo comenten con su familia o a sus profesionales de referencia”, reflexiona Isabel Echevarría, psicóloga perinatal y miembro del grupo de trabajo de Psicología Perinatal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, que se ha sumado a esta iniciativa global.

Un tema oculto y minusvalorado

Para Echevarría la problemática de la salud mental materna se ha incrementado en los últimos años. Un incremento en el que según la psicóloga han confluido varios motivos: “Cada vez se tiene más conciencia de su existencia, lo que facilita que los profesionales puedan detectarlos aumentando así el número de diagnósticos. Pero a eso hay que añadir que la sociedad en la que vivimos es difícilmente compatible con los ritmos biológicos del embarazo y la crianza, existiendo poca red de apoyo para las mujeres, que en la mayoría de los casos se encuentran sin una tribu en la que apoyarse y con la que compartir, aumentando de esta forma el nivel de estrés y malestar”.

En ocasiones estos problemas se viven por parte de las mujeres en una clandestinidad social y cultural, marcada por “el diseño de una escenografía subjetiva signada por el secreto, la culpa, la inseguridad, la condena moral, el temor y la soledad”

Este incremento de los casos, sin embargo, oculta otra realidad preocupante. Según estimaciones, el 70% de las mujeres ocultan o minimizan sus síntomas, algo que según Gabriela González, psicóloga perinatal y coordinadora del grupo de trabajo de Psicología Perinatal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, se podría comparar con la relación que muchas mujeres tienen con su cuerpo, condicionada por los modelos y las expectativas sociales: “En este marco y en esta etapa de la vida pensar la salud mental ocasiona un fractura que no puede ser contenida en lo social, pero tampoco a nivel subjetivo, que se evidencia en el padecer de cada madre que se percibe a sí misma como imperfecta, no suficientemente buena o sin las capacidades necesarias para ejercer su función materna de acuerdo con sus propios modelos idealizados y en particular en lo que respecta a sus deseos, ansiedades y sus temores”.

Una circunstancia a la que tampoco contribuye el entorno, poco acostumbrado a lidiar con síntomas de tristeza en las madres cuando uno espera de ellas alegría, incapaz en muchas ocasiones de dar el apoyo necesario, siempre más pendiente de minimizar los problemas y restarles importancia. Para González, las connotaciones negativas y las actitudes del entorno social y familiar frente al estigma de la salud mental “constituyen una barrera poco permeable en lo que respecta a generar espacios saludables que permitan contener esta problemática”. De ahí que en muchas ocasiones estos problemas se vivan por parte de las mujeres en una clandestinidad social y cultural, marcada por “el diseño de una escenografía subjetiva signada por el secreto, la culpa, la inseguridad, la condena moral, el temor y la soledad”.

Cultura para ayudar a romper con el estigma

“Las madres no escriben, están escritas”, afirmaba la profesora de la Universidad de Harvard Susan Rubin Suleiman. Y esa ausencia del “yo” materno ha contribuido a generalizar una imagen de la maternidad distorsionada e idealizada que muchas veces es una losa que cargan las madres sobre sus espaldas cuando la realidad desborda toda imagen que se hubiesen podido crear de la experiencia.

Por suerte, recientemente, la traducción al castellano de memorias como El nudo materno de Jane Lazarre (Las afueras) o La mujer helada de Annie Ernaux (Cabaret Voltaire), y de novelas como No, mama, no de Verity Bargate (Alba Editorial) han contribuido a normalizar una maternidad más vívida y lejana al ideal canónico. También a poner sobre la mesa sin tabúes ni prejuicios la salud mental materna. Un salto al que también se han sumado otras disciplinas artísticas. Un ejemplo es el de la psicóloga y fotógrafa ovetense Iris G-Meras, premiada en el XIII Encuentros Fotográficos de Gijón y ganadora de la beca profesional del Seminario de Fotografía y Periodismo de Albarracín, por su trabajo fotográfico Puerperio, un conjunto de autorretratos de su propia maternidad.

“Este proyecto surge de la necesidad de compartir una experiencia en este periodo complejo de la vida dadas las carencias en el relato que tradicionalmente nos han presentado. A mí me ha aportado muchas cosas a nivel personal, pero creo que lo más bonito surge cuando, al mostrar las imágenes, conectas con muchas personas, hombres y mujeres con las que compartes experiencias, reflexionas y aprendes”, afirma Iris, que asegura que sus experiencias de puerperio han sido diferentes con cada uno de sus hijos, aunque todas ellas han tenido algo en común: “siempre han sido experiencias muy intensas, profundas y viscerales que, gracias a este trabajo, entre otras muchas otras cosas, creo que se están resolviendo de forma muy positiva”.

De hecho, la importancia de este relato cultural para normalizar la salud mental materna quedó demostrado en la conferencia “Voces y miradas desde el arte", organizada el pasado 25 de abril por el grupo de trabajo de Psicología Perinatal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid dentro de los actos para conmemorar el Día Mundial de la Salud Mental Materna, y en la que participaron la propia Iris G-Méras y a la actriz y dramaturga Miluka Suriñach, que en 2015 creó la obra teatral efímera Alumbrar.

Para Cristina Castaño, psicóloga perinatal y miembro también del grupo de trabajo de COP Madrid, que las madres no tengan la posibilidad de hablar de lo que les ocurre u opten por ocultarlo “no hace que el problema desaparezca”. En todo caso contribuye a enquistarlo y a agravarlo, sobre todo cuando se habla de un verdadero problema de salud mental que interfiere en la vida normal de la mujer, en su capacidad para desarrollar su nuevo rol de madre y en el establecimiento del vínculo con su bebé: “Si el problema está ahí, es importante nombrarlo para poder intervenir cuanto antes. Dejar pasar el tiempo no lo hará desaparecer. Todo lo contrario, originará más dificultades y hará más compleja la intervención”.

En ese sentido, Castaño destaca la importancia de “dar un espacio a la mujer, acompañarla y apoyarla” para que pueda llevar a cabo su rol como madre del mejor modo posible, ya que las consecuencias de no intervenir adecuadamente o de no recibir los apoyos necesarios acaban repercutiendo en toda la familia. “Repercute tanto en la salud mental de sus miembros, como en el establecimiento de un vínculo sano con el bebé, lo que puede afectar al desarrollo de sus capacidades cognitivas, e incluso puede dar lugar a problemas de salud mental”, explica.

Poner el foco en la salud mental materna

En algunos hospitales de países como Reino Unido, Francia o Australia ya existen las conocidas como Unidades Madre-Bebé, unidades en las que las madres y sus bebés permanecen ingresados juntos para que las primeras puedan recibir su tratamiento sin alterar o dificultar el establecimiento del vínculo con sus hijos. Un sistema parecido se ha puesto en marcha de forma pionera en España en el Hospital Clínic de Barcelona, donde se ha creado un hospital de día madre-bebé para atender a madres con trastornos mentales dentro de un espacio terapéutico confortable en el que se garantiza la continuidad de la atención de la madre y del bebé y el mantenimiento del vínculo. Pese a este gran paso, sin embargo, para Cristina Castaño “la realidad en España es que aún no se presta la suficiente atención a la salud mental materna”, como demuestra el hecho de que salvo excepciones, esta realidad “aún no está incluida en el sistema sanitario”.

En ese sentido, para la psicóloga sería “muy importante” que la salud mental materna estuviera incluida “de forma rutinaria” tanto en atención primaria como en los hospitales como parte del seguimiento propio del embarazo: “Si los psicólogos perinatales pudiéramos estar presentes desde el principio, podríamos detectar ciertos factores de riesgo, ciertas señales que nos indican que esa madre necesita apoyo y poder intervenir y facilitar todo el proceso”.

Isabel Echevarría, por su parte, coincide en la necesidad de crear más unidades madre-bebé, de incluir en los cursos de preparación al parto todo lo relacionado con la salud mental y de ayudar a difundir la imagen real de la maternidad. También destaca la necesidad de destinar más fondos a esta área “para formar a todos los profesionales relacionados con la maternidad sobre la importancia de respetar los ritmos y las necesidades de las mujeres y de los recién nacidos según abalan las investigaciones científicas, recordando que el embarazo no es una enfermedad, que el cuerpo de la mujer está preparado para gestar, parir y criar, y que los profesionales estamos para asistir y acompañar, interviniendo solo ante la complicación”.

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