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CLAVES COLUMNA i

ETA: matar no era un problema

Casi consiguen sus fines en 1981, pero por fortuna la democracia se impuso al golpe y militares y policías se resignaron

Atentado de ETA contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Vic (Barcelona) que causó nueve muertos, cuatro de ellos niñas, el 29 de mayo de 1991. VÍDEO: ATLAS

ETA se disuelve. Por fin. Pero lo hace por la razón equivocada. Se puede dejar de matar por dos razones. Una porque la organización y sus miembros llegan al convencimiento de que en una democracia el asesinato y el terrorismo no son instrumentos legítimos para conseguir fines políticos. Otra, porque, considerando la violencia un instrumento legítimo de actuación política, uno no logra matar lo suficiente, sea cuantitativamente o cualitativamente, para lograr esos objetivos.

En el caso de ETA estamos ante el segundo supuesto. Ni los dirigentes de ETA ni sus compañeros de viaje en los partidos, sindicatos y organizaciones sociales de la izquierda abertzale llegaron nunca a la conclusión de que matar estaba mal y de que, de acuerdo con ese razonamiento, había que dejar la lucha armada. La violencia siempre estuvo justificada, fuera en razón de la opresión del Estado, el derecho de autodeterminación, los compañeros caídos o el propio final de la violencia y la salida de los presos.

De ahí que ETA ensayara todas las formas de utilizar la muerte y la violencia. Primero matando a policías, militares y guardias civiles, a ver si así lograban que el ejército se sublevara contra la democracia o, alternativamente, que se declarara la ley marcial y se sacaran los tanques a la calle en el País Vasco para forzar una espiral de acción y represión. También, y en esto tuvo relativo éxito, en forzar una guerra sucia que a su vez legitimara la idea de la existencia de un conflicto, dos bandos y dos violencias simétricas.

Casi consiguen sus fines en 1981, pero por fortuna la democracia se impuso al golpe y militares y policías se resignaron. Así que probaron con atentados indiscriminados, como Hipercor y Vic, para ver si doblegaban a la sociedad. Tampoco funcionó, así que probaron con la violencia callejera, secuestros de desgaste como el de Ortega Lara y asesinatos políticos que provocaran gran conmoción como los de Tomás y Valiente, Miguel Ángel Blanco, Ernest Lluch o Isaías Carrasco, entre otros.

Después de matar a más de 800 personas, ETA ha llegado a la conclusión de que la violencia no funciona. Pero si alguien les llega a decir que matando a otras 800 hubieran logrado sus objetivos, no lo habrían dudado un minuto. @jitorreblanca

 

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