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El juego de Feliciano López fuera de la pista central

El tenista vive envuelto en un universo de famoseo paralelo, pese al silencio que siempre ha guardado sobre sus mediáticas relaciones

Feliciano López jugando en Montecarlo.
Feliciano López jugando en Montecarlo. GETTY

Feliciano López es un caso especial en la tipología clásica del famoseo patrio. El tenista, número 30 del ránking de la ATP, ha logrado generar a su alrededor un universo de popularidad paralela haciendo lo más fácil y lo más difícil: no hablar. Es obvio que su fama viene de sus logros en la pista, pero el público no aficionado a la raqueta (e incluso quizá el aficionado) le reconoce más por su presencia en las revistas del corazón que en los medios deportivos.

Su participación en la Copa Davis o en torneos como Roland Garros, sus 11 temporadas consecutivas entre los 50 mejores de la ATP y, a partir de mayo, la dirección adjunta del Mutua Madrid Open de Tenis —en 2019, asumirá la responsabilidad total, con Manolo Santana ya como presidente de honor— son las bases de su fama y su fortuna —sus ganancias gracias al tenis rozan los 15 millones, según la ATP—, que ahora le han catapultado al centro del huracán mediático sin apenas mediar palabra por su parte.

López (Toledo, 1981) empezó su andadura profesional en las pistas en 1997, pero fue en 2002 cuando su carrera se disparó: entró en el listado de los 100 mejores del mundo y participó en el Masters de Madrid de ese año contra André Agassi, que ganó el torneo.

Su popularidad también comenzó a crecer poco después, gracias a su relación con la modelo María José Suárez, con quien mantuvo un idilio intermitente que duró cerca de cinco años y que acabó en una difícil ruptura.

Feliciano López en una rueda de prensa en la Mutua Madrid Open.
Feliciano López en una rueda de prensa en la Mutua Madrid Open. getty

Desde entonces, la combinación modelo-relación mediática-final complicado parece haberle perseguido. Con Suárez el adiós fue explosivo: un comunicado en el que reconocían su separación y que el hijo que esperaba la modelo (y que perdió por un aborto natural poco después) era de López.

Lo que siguió tampoco fue discreto: idilios con la modelo Jessica Bueno —luego pareja de Kiko Rivera y madre de su primer hijo— y con la actriz Úrsula Corberó —cinco meses tras los que aseguró que López le había “partido el corazón”—, pero el remate llegó con su relación con Alba Carrillo, también modelo, también mediática —un largo noviazgo con Fonsi Nieto y un hijo con él— también con final complicado. Complicadísimo.

La pareja se casó en Toledo (en un cigarral, con brindis patrocinado y tres vestidos para la novia) el 17 de julio de 2015. El 14 de junio siguiente, Carrillo, con semblante triste, postura lánguida y las manos cruzadas, anunciaba el divorcio, exclusiva mediante y previo pago, que según diversas fuentes ascendió a una cifra entre 50.000 y 60.000 euros.

Entonces llegó la guerra, aunque solo a una banda. Plató tras plató, Carrillo lavó 11 meses de trapos sucios —tachó al tenista de frío, distante e incluso “papanatas”— hasta sacarlos al mar: se los llevó a la isla de Supervivientes con su madre, convertida en otro pilar del culebrón. Porque esta historia no ha dejado títere con cabeza y ha implicado a Lucía Pariente, la madre de Carrillo, pero también a Belén, la del tenista. Incluso al hijo que la modelo tiene con Fonsi Nieto. El expiloto llegó a pedir la custodia del niño, harto del penar de su expareja por los platós televisivos.

Mientras, López guardaba silencio. A dos días de la final de Supervivientes, en julio pasado, se escuchó su voz por primera vez para enseñar su casa (600 metros cuadrados, tres plantas, siete baños, bodega, piscina, sauna y gimnasio) y asegurar que todo iba bien, que no prestaba atención a lo que decían de él y que no se arrepentía de nada. Incluso para reírse (o intentarlo) de las ocurrencias de su expareja.

Y silencio de nuevo. Solo ha hablado otra vez, nueve meses después, para Vanity Fair. Sigue dando la misma imagen de serenidad, asegurando que 2017 fue complicado emocionalmente por la muerte de un amigo. Prefiere mantener la línea discreta: habla de crear una familia, de Hacienda, de Cataluña o de su futuro en el tenis, pero de su expareja, ni media. Su discreción vuelve a precederle.

Desde hace unos seis meses, sale con Sandra Gago, de 22 años. De nuevo, modelo. De nuevo, mediática. Para ver si el patrón se repite al final, aún habrá que esperar.

Una carrera en cifras

Feliciano López debutó como tenista profesional en 1997. Tras 21 años de carrera, ocupa el trigésimo puesto en la clasificación de la ATP. Ocupó su mejor lugar en ese ranking en marzo de 2015, cuando fue duodécimo. Su mejor posición en dobles fue la novena en 2016, junto a su compañero y amigo Marc López. Figura desde 2002 en el top 100 de la ATP (16 temporadas consecutivas) y desde 2007 en el top 50 (11 temporadas consecutivas). Ha participado en 65 torneos del Grand Slam, siete por debajo del récord de Federer. Logró su mejor título individual en 2017 en el Queen’s Club de Londres y de dobles el 4 de junio de 2016, cuando ganó Roland Garros junto a López. Diez días después, anunciaba su separación de Alba Carrillo.