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Lecciones del trágico episodio de Kémerovo

Rusia necesita una nueva relación entre líderes y sociedad tras el incendio del centro comercial

Peluches y flores por las víctimas del incendio del centro comercial en Kémerovo.
Peluches y flores por las víctimas del incendio del centro comercial en Kémerovo. AP

Por su impacto en la sociedad rusa, el incendio en el centro comercial de Kémerovo es comparable a los secuestros de rehenes por comandos terroristas en un teatro de Moscú en 2002 y en una escuela de Bislán en 2004. Los rusos vuelven a sentirse consternados, impotentes y también furiosos ante la pérdida de numerosas vidas infantiles.

En la tragedia de Kémerovo se plasman rasgos reveladores sobre la relación entre la sociedad y sus dirigentes, comenzando por la desconfianza. Sumergidos en el mar de mentiras difundidas por la televisión, los rusos tienden a creer que les engañan, cuando se trata de cuestiones importantes que les afectan. En este caso, creyeron que el número de víctimas era mucho mayor de lo que sostenían las autoridades. Se resistieron a cambiar de opinión después de que una delegación ciudadana contara los cuerpos calcinados en las morgues.

Kémerovo revela el arraigo de la mentalidad feudal. El gobernador de la región desde 1997, Amán Tuléiev, de 73 años, pidió perdón al presidente Vladímir Putin por el incendio, es decir, se disculpó con el líder por causarle molestias.

Los dirigentes locales fueron torpes e insensibles ante el dolor. Tuléiev no fue al lugar de la tragedia y un vicegobernador acusó de “hacerse publicidad” a uno de los manifestantes que exigían información. Al saber que el así tratado perdió esposa, tres hijos y una hermana en el incendio, el funcionario pidió perdón de rodillas, pero los espectadores pensaron que el vicegobernador temía a la multitud y no era sincero.

En Kémerovo apareció la obsesión por el control. Esta obsesión se ha reforzado con enfoques de la lucha antiterrorista que contradicen normas de seguridad ideadas para desastres naturales o fallos técnicos.

Kémerovo indica que Rusia necesita cambios radicales en la relación entre líderes y sociedad, que necesita verdades regeneradoras, rendición de cuentas desde la cúspide, exigencias desde la base y responsabilidades institucionales y personales para superar la fatal alternancia “rebelión-resignación”.

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