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Coordinado por Lola Hierro

La inmigración no se frena a golpe de talonario

Una reciente investigación del Center for Global Development encuentra evidencias de que destinar fondos a países en desarrollo aumenta las migraciones en vez de reducirlas

Un hombre de origen africano herido en un accidente de tráfico se recupera en una habitación después de recibir tratamiento médico en el hospital de Beni Walid, en Libia, el 14 de febrero de 2018. Al menos 19 migrantes murieron y más de 100 resultaron heridos después de que el camión en el que viajaban unos 300 migrantes somalíes y eritreos volcara.
Un hombre de origen africano herido en un accidente de tráfico se recupera en una habitación después de recibir tratamiento médico en el hospital de Beni Walid, en Libia, el 14 de febrero de 2018. Al menos 19 migrantes murieron y más de 100 resultaron heridos después de que el camión en el que viajaban unos 300 migrantes somalíes y eritreos volcara. MAHMUD TURKIA (AFP )
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La idea generalizada desde hace décadas es que, si hay menos violencia y más posibilidades de empleo en un país, su población tendrá menos necesidades de migrar para ponerse a salvo o prosperar. Pero frente a esta lógica establecida han alzado la voz dos investigadores del Center of Global Development, un importante think-tank con sede en Washington enfocado en el desarrollo internacional. Son los economistas Michael A. Clemens y Hannah M. Postel, y sostienen en un informe titulado Disuadir la inmigración con ayuda extranjera que el dinero destinado a frenar las migraciones desde países pobres hacia Europa no solo no las detiene, sino que las propicia. "La política rara vez se ha basado en pruebas de que la ayuda disuada de manera sustancial la migración", afirman los autores. Sus conclusiones son, cuanto menos, dignas de una mayor investigación.

Los Estados ricos han redoblado sus esfuerzos para disminuir los flujos migratorios desde otros países en desarrollo, pobres y/o en guerra investigando cuáles son las causas de fondo que los provocan. La Unión Europea ha destinado en los últimos años 3.000 millones de euros "para analizar las causas de la desestabilización, el desplazamiento forzado y la inmigración irregular en países de África", en palabras del por entonces ministro de Exteriores de Austria, Sebastian Kürz, durante la asamblea general de las Naciones Unidas de septiembre de 2016. Nigeria, Níger, Senegal, Malí y Etiopía son los cinco últimos con los que la UE ha firmado acuerdos de control migratorio: a ellos han ido a parar 900 millones de euros en programas de inversión del Fondo Fiduciario para África, creado en 2015 y dotado con 1.900 millones de euros para 117 proyectos en 26 países africanos centrados en la creación de empleo —especialmente para mujeres y jóvenes—, el control migratorio, la prestación de servicios básicos a nivel local y la prevención de conflictos.

El hecho de recibir ayudas económicas  aumenta las posibilidades de una persona para emigrar

Este informe revisa las pruebas existentes para saber de qué manera afectan estas ayudas y programas al control migratorio, y sugiere ideas a políticos e investigadores. Aunque, según advierten los investigadores, "en general, la información disponible es de alto nivel y probablemente solo los fundadores y los socios implementadores estén al tanto de la programación específica sobre el terreno". De hecho, el propio Fondo Fiduciario ha sido criticado por la ONG Oxfam por su falta de transparencia y efectividad.

Existen muy pocas publicaciones que determinen si los países que envían migrantes reciben más ayudas que otros, o si esta ayuda está compuesta de elementos específicos que reflejen las causas de fondo de los desplazamientos.  En general, la premisa es que sí reciben mayores beneficios, y por eso la crisis de refugiados en el Mediterráneo ha provocado el aumento de las partidas presupuestarias. Pero, en este documento, los autores sostienen que "los sectores más relevantes" para propiciar la migración en los principales países de origen no han recibido más fondos que otros receptores de ayuda.

Las publicaciones existentes ofrecen escasas pruebas de que los proyectos de ayuda hasta la fecha hayan sido herramientas efectivas a la hora de mitigar los conflictos civiles que propician las migraciones. Una investigación de 2017 que analizó los 19 estudios existentes al respecto concluye que esta relación no es muy sólida y que, de hecho, las ayudas provocan más la exacerbación de la violencia que su reducción. "El efecto amortiguador de los proyectos de ayuda parece estar condicionado por la existencia de un ambiente relativamente seguro para implementarlos", dice el informe. Y, aunque existen pruebas de que la ayuda al desarrollo puede tener un efecto positivo en los derechos humanos y la democracia, ese efecto se disipa rápidamente y no hay pruebas de que provoque mejoras sustanciales a corto plazo en los países de origen de los migrantes. 

Los autores sostienen, así, que el desarrollo económico en los países de bajos ingresos generalmente aumenta la migración. Una mayor tasa de empleo juvenil puede disuadir la migración a corto plazo en países pobres, pero teniendo en cuenta que las familias con menos recursos ven la emigración como una inversión para diversificar sus economías y estar mejor preparados ante una crisis (sequía, guerra, epidemia...), el hecho de recibir ayudas económicas también aumenta sus posibilidades de invertir un dinero en que uno de sus miembros se marche a buscar fortuna.

La ayuda al desarrollo solo puede disuadir la migración si causa grandes cambios específicos en los países de origen

Hay que tener algo en el bolsillo para poder poner en marcha un proceso migratorio; de hecho, no son los países mas pobres los que envían migrantes: según este estudio, aquellos con un PIB per cápita de entre 5.000 y 10.000 dólares exportan el triple de migrantes que los que están por debajo de los 2.000 dólares per capita. Además, sostienen que los programas de creación de empleo suelen ser menos efectivos de lo esperado, y no hay indicios de que la ayuda pueda mejorar estos resultados.

"No se ha demostrado la habilidad de la ayuda para causar cambios grandes a corto plazo en los ingresos nacionales, empleo o seguridad. Y, en realidad, la mejora de ingresos, salud y educación sí que esta muy relacionada con una emigración creciente", afirman.

Esto continuará por generaciones. La emigración tiende a desacelerarse y luego a disminuir a medida que los países alcanzan un nivel de ingresos medio. Pero la mayoría de los países de bajos ingresos de hoy en día no se van a acercar a este punto hasta dentro de varias décadas. La ayuda al desarrollo solo puede disuadir la migración si causa grandes cambios específicos en los países de origen.

Los investigadores sugieren que la ayuda debería actuar a niveles mucho más altos de financiación, durante generaciones, para que logre un cambio en los flujos migratorios. También solicitan un replanteamiento completo de las políticas que pretenden frenarlos, poniendo el foco no en la disuasión, sino en la búsqueda de nuevas herramientas que realmente cambien las razones por las que las migraciones se producen.

Sobre la firma

Lola Hierro

Es periodista y desde 2013 trabaja en EL PAÍS, principalmente en la sección sobre derechos humanos y desarrollo sostenible Planeta Futuro, y coordina el blog Migrados. Sus reportajes han recibido diversos galardones. Es autora del libro 'El tiempo detenido y otras historias de África'. Desempeña la mayor parte de su trabajo en África subsahariana.

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