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Ser madre y matrona donde más mujeres mueren al parir

Sudán del Sur tiene una de las mayores tasas de mortalidad materna: una de cada 50 embarazadas fallece dando a luz. El hospital de Yuba trabaja por lograr nacimientos más seguros

Victoria Michael, sursudanesa de 38 años, visita una clínica gestionada por la ONG noruega People's Aid con su bebé recién nacido.
Victoria Michael, sursudanesa de 38 años, visita una clínica gestionada por la ONG noruega People's Aid con su bebé recién nacido. World Bank

Estaba previsto que Cecilia Steven diese a luz a trillizos, pero durante el parto perdió a dos de los bebés y ella misma estuvo a punto de morir. La historia de Steven no es ni mucho menos una anomalía en el Hospital Universitario de Yuba, la capital de Sudán del Sur. La tasa de mortalidad materna en este país es una de las mayores del mundo. Sus servicios de salud se encuentran asfixiados por las deficiencias de las infraestructuras y la grave escasez de personal sanitario preparado. Naciones Unidas calcula que solo hay un médico por cada 65.000 pacientes y una comadrona por cada 39.000 personas. Si a esto se le añade la guerra civil y la pertinaz hambruna, actualmente las madres sursudanesas tienen una probabilidad entre 50 de morir durante el parto, afirma la Organización Mundial de la Salud.

El Gobierno ha adoptado medidas para contribuir a que aumente el número de mujeres que sobreviven al parto con un programa que ha formado a más de 400 comadronas en los últimos cinco años. No obstante, es demasiado pronto para valorar hasta qué punto la iniciativa ha reducido la tasa de mortalidad materna, si es que la ha reducido en algo.

Las enfermeras atienden a una parturienta en el Centro de Asistencia Primara Nyokuron, en Yuba. A sus 32 años, este era su quinto hijo.
Las enfermeras atienden a una parturienta en el Centro de Asistencia Primara Nyokuron, en Yuba. A sus 32 años, este era su quinto hijo.

Estas son dos historias recopiladas desde mayo de 2016 sobre los problemas de salud materna en Yuba, las preocupaciones y las dificultades a las que se enfrentan las parturientas y los retos de los trabajadores de la sanidad que intentan que dar a luz sea más seguro para ellas.

Un alto riesgo para las madres jóvenes

Cuando Cecilia Steven, de 24 años, llegó al Hospital Universitario de Yuba para dar a luz a trillizos, estaba enferma de malaria. Joyce fue el único bebé que sobrevivió. Nació con dos meses de antelación y pesó un kilo y medio.

Fátima Joseph, enfermera jefe del nido del hospital explica que muchas embarazadas sufren complicaciones durante el parto debido al sida y a enfermedades como la malaria, la anemia y la gonorrea. Además, el número de quienes no pueden contar con asistencia cualificada para dar a luz es alto, y alrededor del 90% de las mujeres del país lo hacen en casa, lo cual aumenta el riesgo de complicaciones y de muerte.

Cecilia Steven, de 24 años, sostiene a su hijo Joyce, un bebé prematuro nacido con dos meses de antelación y 1,5 kilos de peso.
Cecilia Steven, de 24 años, sostiene a su hijo Joyce, un bebé prematuro nacido con dos meses de antelación y 1,5 kilos de peso.

En Sudán del Sur, solamente una minoría puede tener acceso a instalaciones sanitarias atendidas por profesionales cualificados, y las que acceden, tienen que soportar de todas maneras la saturación, las largas esperas y los tratamientos inadecuados.

Maria Kiding, de 17 años, espera para ver a una enfermera en el centro de asistencia primaria Munuki, en Yuba. Sin marido y embarazada de su primer hijo, se enfrenta al reto de criar a su hijo sin tener formación ni capacitación.
Maria Kiding, de 17 años, espera para ver a una enfermera en el centro de asistencia primaria Munuki, en Yuba. Sin marido y embarazada de su primer hijo, se enfrenta al reto de criar a su hijo sin tener formación ni capacitación.

La maternidad del Hospital Universitario de Yuba, el único de referencia del país, tiene menos de 50 camas. El centro ofrece asistencia gratuita, pero los cortes del suministro eléctrico son frecuentes, y los recursos, los medicamentos y el personal médico experimentado, escasos. Las estratosféricas tasas de inflación desde que empezó la guerra civil suponen que las embarazadas no puede permitirse el coste del transporte al hospital en busca de asistencia médica para ellas y para sus bebés.

Joseph, que dirige el nido, dice que las embarazadas jóvenes son especialmente vulnerables a las complicaciones durante el alumbramiento, ya que muchas llegan a la maternidad anémicas y malnutridas debido a que a veces dejan de comer para ocultar el embarazo. También corren mayor riesgo de sufrir hemorragias posparto y es más probable que necesiten una cesárea, añade, lo cual supone una sobrecarga para las ya de por sí insuficientes reservas de sangre del hospital. El personal del centro explica que la escasez es grave. Las causas son la estigmatización cultural que disuade a la gente de donar sangre y el hecho de que las reservas que tiene el hospital en los frigoríficos se pueden estropear cada vez que hay un corte de corriente.

Faltos de personal y sin cobrar

A sus 30 años, Regina Akur ya es jefa de la maternidad del Hospital Universitario de Yuba. Es una de las más de 400 comadronas que han obtenido el título gracias al reciente programa estatal de formación en obstetricia, pero no es más que una de las dos que están actualmente empleadas en el centro.

Un grupo de jóvenes descansa delante de la maternidad del Hospital Universitario de Yuba.
Un grupo de jóvenes descansa delante de la maternidad del Hospital Universitario de Yuba.

En Sudán del Sur, las comadronas y las enfermeras cobran entre 10 y 30 dólares al mes, cuando cobran. Las voces críticas hacen referencia a factores como la falta de personal y los bajos salarios como signos de que la salud materna no es una prioridad para el Gobierno, que ha destinado solamente un 2% el presupuesto nacional a la sanidad. La mayoría de los programas de obstetricia son financiados por otros países y por organizaciones no gubernamentales.

En agosto de 2017, Regina Akur, jefa de la maternidad, llevaba seis meses sin cobrar.
En agosto de 2017, Regina Akur, jefa de la maternidad, llevaba seis meses sin cobrar.

El programa de obstetricia del Hospital Universitario de Yuba, por ejemplo, cuenta principalmente con el apoyo de los Gobiernos de Canadá y Suecia. Cuando los estudiantes obtienen el título, las perspectivas de encontrar trabajo en los centros sanitarios del país son poco alentadoras y muchos acaban ocupando un puesto en las organizaciones no gubernamentales.

Esther Juma y Pricilla Benjamin, dos comadronas que trabajan en una maternidad de Yuba, afirman que su sueldo no ha cambiado desde la década de 1980. A veces pueden pasar meses sin que vean ni una sola paga.

Aun así, acuden a su puesto cada día. “Este trabajo es como trabajar en la iglesia, como predicar la palabra de Dios. Es la manera de ayudar a la gente de aquí”, declara Juma, “y nosotras queremos ayudar a nuestra gente”.

Hombres y mujeres del programa de obstetricia del Hospital Universitario de Yuba asisten a una clase.
Hombres y mujeres del programa de obstetricia del Hospital Universitario de Yuba asisten a una clase.

Los 10 peores países para nacer

Ser madre y matrona donde más mujeres mueren al parir

Planeta Futuro

Cada año, 2,6 millones de niños mueren antes de cumplir un mes. Alrededor de un millón de ellos no sobrevive ni 24 horas. En la enorme mayoría de los casos, se podría haber evitado si las madres hubieran tenido acceso a cuidado médico de calidad, una correcta nutrición y agua limpia, asegura Unicef en el informe Todos los niños vivos.

El estudio publicado este martes destaca que el lugar de nacimiento marca la probabilidad de un bebé de seguir adelante. En Japón, por ejemplo, la probabilidad de sobrevivir es la más alta del mundo, con apenas una muerte cada 1.000 nacimientos en los primeros 28 días de vida. Al otro lado de la clasificación, se encuentra Pakistán, donde el índice de mortalidad se situó en 45,6 en 2016. Es decir, casi uno de cada 20 recién nacidos muere en el primer mes. De los 10 peores países para nacer, ocho se encuentran en África subsahariana. Detrás de Pakistán se sitúan República Centroafricana (42,3), Afganistán (40), Somalia (38,8), Lesoto (38,5), Guinea-Bissau (38,2), Sudán del Sur (37,9), Costa de Marfil (36,6), Malí (35,7) y Chad (35,1).

Factores como los ingresos de un país afectan el índice de mortalidad, pero no son la única clave de lectura. El riesgo de muerte es dos veces mayor para los hijos de madres sin estudios frente a los nacidos de mujeres que disponen al menos de educación secundaria. Nacer en una familia rica o pobre también determina las posibilidades de vivir. En los hogares más pobres, los niños se enfrentan a una probabilidad del 40% por la falta de acceso al cuidado médico.

La recopilación de información para este proyecto ha contado con el apoyo de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios de Comunicación (IWMF).

Este texto fue publicado originalmente en inglés en la página web de Newsdeeply en este enlace.

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