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La desigualdad salarial, una brecha muy sutil

Los desequilibrios no solo tienen que ver con el cumplimiento de la ley, sino también con el rol que tiene asignado la mujer

Una cartera de Correos con el carrito en la zona de Argüelles, Madrid.
Una cartera de Correos con el carrito en la zona de Argüelles, Madrid.

No hay sesgo estructural en la brecha salarial denunciada por cientos de mujeres periodistas en la BBC, según una auditoría realizada al ente público británico por PwC, aunque sí falta de transparencia en la política salarial. Pero, concluye el auditor, el ente no ha violado la ley.

Muy oscura debe ser esa política cuando 170 mujeres han llevado sus quejas al Parlamento de Westminster, otra ha renunciado a una jugosa corresponsalía, y seis presentadores se han bajado el sueldo, superior al de sus compañeras de igual rango y distinto género. ¿Alguien pensaría que la BBC, o cualquier otra empresa del mundo desarrollado, practicaría la desigualdad salarial de forma estructural? Esa brecha no es una grieta visible. Es mucho más sutil. Una hendidura casi imperceptible en una fachada de aspecto impecable que se extiende a base de múltiples comportamientos sociales que llevan al ámbito profesional lo que se hace en el doméstico. Si, por ejemplo, en la familia el salario que aporta la mujer se considera secundario, una “ayuda”, pues por qué no en la empresa.

Esto de la brecha salarial parece como lo de las meigas. Existe —y hasta está medida— pero nadie la ve en su entorno. Según los distintos métodos utilizados para su cuantificación, la diferencia salarial entre hombres y mujeres en España se sitúa entre el 14,9% (UGT) o el 23,2% que dan los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. En esa brecha influyen múltiples condicionantes: la edad, el sector en el que se trabaja, y muy especialmente el tipo de contrato, ya que hay muchas más mujeres que hombres con empleo a tiempo parcial. Pero incluso si solo se tomara en cuenta el salario hora percibido por los trabajadores a tiempo completo, el de las mujeres sería un 11,57% menor, según el INE.

Si nada de todo esto es nuevo —hace ya muchos años que existe información—, ¿por qué persiste la brecha salarial? Quizás porque no solo tiene que ver con el cumplimiento de la ley, sino también con el rol que tiene asignado la mujer.

En España, según el instituto de análisis Fedea, casi el 70% de las labores domésticas las realizan las mujeres, que dedican 2,5 horas más al día que los hombres a ese tipo de actividad. Son mayoritariamente también ellas las que supeditan su avance profesional al de sus maridos o parejas y quienes sacrifican los logros en el trabajo ante la maternidad, el cuidado de los padres o de los niños.

La brecha salarial se puede tratar de paliar, como han hecho varios países, exigiendo transparencia en las retribuciones. Sobre todo en el aspecto más escurridizo de la retribución como los bonos o los pluses. Pero ayudaría también una auténtica política de conciliación; medidas que fomenten la natalidad sin penalizar el empleo; mayor flexibilidad horaria; alargar los permisos de maternidad y paternidad…. En definitiva, una política orientada a la igualdad y a la corresponsabilidad, que contribuya a cerrar una brecha que no es solo salarial, es laboral. Y es, sobre todo, una injusticia social.

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