Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

La aventura de tener un perro

Las contradicciones protagonizan la aventura de tener un perro. Por una parte, las campañas de concienciación de “ellos nunca te abandonarían” contrastan con los problemas cuando convives con estos maravillosos animales; de la “aventura” de poder darles unos paseos medianamente apropiados. El perro, atado siempre incluso si va al monte, hace que uno se pregunte cuándo puede correr y hacer el ejercicio diario tan necesario que manuales y veterinarios aconsejan. Es una odisea la búsqueda de la soledad absoluta donde el perro pueda correr. Asimismo, parece ser que es preciso colocar una placa de “atención perro peligroso” en la puerta de la casa en donde vive el can si ha protagonizado algún episodio de violencia, aun no siendo una raza catalogada como peligrosa. No hay placas homologadas para esto (ahí la imaginación de cada uno). Sería necesario habilitar zonas de paseo para perros donde pudieran correr. Además, la señal de “prohibido perros” se ha convertido en una constante que dificulta el día a día con estos animales.— Judit Pitarg Butillé. Vila-seca (Tarragona).

 

 

 

 

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.