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Trump no quiere ataduras

EEUU se arriesga a perder influencia al retirarse del proyecto de la ONU para migraciones

Cruces en Nogales (México) en memoria por los muertos en su viaje ilegal a EEUU.
Cruces en Nogales (México) en memoria por los muertos en su viaje ilegal a EEUU. AP

Estados Unidos ha anunciado que se retira del proyecto de Naciones Unidas para las migraciones, cuyo objetivo es alcanzar en 2018 un pacto internacional que garantice la gestión humanitaria de los movimientos migratorios y de refugiados. El proyecto fue aprobado en 2016 por los 193 países de la ONU. Con esta decisión, el presidente Donald Trump prosigue su agenda de aislacionismo geopolítico que ya le ha llevado a abandonar los acuerdos de París contra el cambio climático y a romper el acuerdo comercial del Pacífico que su antecesor había suscrito con 11 países del área.

La consecuencia inmediata de esta política es la pérdida de influencia de EE UU en problemas de alcance planetario. Naciones Unidas estima que hay 65 millones de refugiados y 345 millones de migrantes repartidos por el mundo. Los crecientes desplazamientos de población plantean un reto que ningún país puede aspirar a gestionar en solitario. Tampoco EE UU, que es la nación con mayor número de inmigrantes en situación irregular.

El pacto no tendrá carácter vinculante. Con el gesto de retirarse Trump quiere dejar claro que no acepta ningún tipo de compromiso y pretende proseguir la ofensiva emprendida para echar al mayor número posible de inmigrantes. De momento, ha puesto fin al programa que impedía la deportación de 700.000 dreamers (inmigrantes que llegaron siendo menores) y ha rebajado tanto el cupo de refugiados a acoger (de 110.000 a 45.000) como el de permisos de residencia y trabajo a conceder (de un millón a medio millón anuales). También ha logrado que el Supremo dé luz verde a la tercera versión del veto migratorio para impedir la entrada de personas procedentes de Irán, Libia, Siria, Yemen, Somalia, Chad y Corea del Norte. Como consecuencia, millones de inmigrantes viven con angustia una presión que rompe familias y quiebra proyectos de vida plenamente asentados en el país.

 

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