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Kanye West vs. otros músicos que no tuvieron tanta suerte vendiendo zapatillas

Colaborar con artistas no asegura el éxito de una marca. Michael Jackson empeoró la reputación de L.A. Gear y la unión de Udo Jürgen con Puma fue un esperado fracaso

Kanye West

La prensa española sigue refiriéndose a Kanye West como el marido de Kim Kardashian y muy poca gente puede presumir de haber comprado una entrada para verle en territorio nacional, pero de vez en cuando las tiendas de zapatillas se ven arrasadas por una marabunta que busca sus zapatillas. Todos quieren su foto con unas Yeezy, muchos tienen la intención de revenderlas y alguno incluso está dispuesto a usarlas.

Algún desmemoriado se echa las manos a la cabeza. Las zapatillas deportivas deberían ser para atletas, no para un cantante, productor, artista, marido de Kim o lo que realmente sea Kanye. Su estela como vendedor de zapatillas han intentado seguirla Rihanna, Pusha T, Kendrick Lamar, Diplo, Miley Cyrus, Selena Gomez, Drake, Tyler The Creator, Travis Scott y Pharrell Williams. Pero no es nada nuevo, en 2009 Kanye lanzó una zapatilla con Nike y una pequeña colección con Louis Vuitton. Históricamente la relación entre músicos y zapatillas ha sido tan fluida como fallida.

El propio Pharrell tenía su marca de zapatillas junto a Reebok, Ice Cream, pero acabaron en los juzgados justo en la época en la que Reebok estaba siendo absorbida por Adidas, que no le guardó rencor. Además de su marca con Reebok, Pharrell disfrutó del momento dulce de las colaboraciones con una Nike Dunk x N.E.R.D. en 2004 y apareció en una campaña de Converse en 2008 antes de lanzar varias colecciones con Adidas. Firma con la que ha vuelto a colaborar este mismo mes, en el lazamiento de las Adidas Hu NMD de Chanel para Colette. La genialidad a veces está reñida con la fidelidad.

El videoclip de Nelly estuvo prohibido en la MTV por abuso de product placement.

Entre los casos de transfuguismo, Missy Elliot tuvo una línea completa con adidas poco después de aparecer con Nike en la portada de Under Construction y Nelly fue capaz de fichar por Reebok a pesar de tener un tema llamado Air Force One, una oda a las zapatillas de Nike cuyo vídeo llegó a estar prohibido en la MTV por abuso de product placement. Las Reebok Nelly Derrty eran sospechosamente parecidas a las Nike a las que dedicaba su canción, pero a Reebok no pareció importarle. Quizás no vendía Reebok, pero al menos dejaba de vender Nike. A principios del siglo XXI, Reebok estaba dispuesta a contratar a cualquiera con pantalón ancho y en sus campañas publicitarias vimos a Daddy Yankee, 50 Cent, Lil´ Wayne, Rakim, G-Unit, Queen Latifah, Ice Cube, Lupe Fiasco o Jadakiss. Para compensar, también tenían a Shakira o Iggy Pop. Recuerdos de los noventa, cuando patrocinaron giras de Amnistía Internacional en la que aparecían Yossou N´dour, Sting o Peter Gabriel.

Cuando propusieron a Jay-Z una zapatilla con su nombre hizo justo eso, llamarla S. Carter por su nombre real, Shawn Carter. Por recorrido, quizás el caso más parecido a las Yeezy de Kanye West, la Reebok S. Carter de 2003 era una zapatilla inspirada en un modelo de Gucci que en los ochenta funcionaba como un cartel ambulante de venta de droga. Tal y como decía Gary Warnett, antes de Instagram los verdaderos influencers eran los camellos y matones de barrio. La S. Carter de Reebok funcionó muy bien como producto limitado, pero falló en su intento de convertirse en un producto masivo. Un millonario vendedor de discos no conseguía vender millones de zapatillas. En 2017, Puma lanzó una pequeña edición para conmemorar la gira de Jay-Z, pero él se dejó ver con la reedición de las AF1 de su sello Roc-A-Fella.

"Las marcas deportivas, acostumbradas a trabajar con deportistas con leoninas cláusulas de buena conducta, aun no han conseguido dar con la clave de su relación con músicos, a veces conocidos precisamente por su mala conducta"

Entre los casos polémicos, Rick Ross fue despedido por Reebok después de que una de sus canciones fuera interpretada como una apología de la violación. Las marcas deportivas, acostumbradas a trabajar con deportistas con leoninas cláusulas de buena conducta, aún no han conseguido dar con la clave de su relación con músicos, a veces conocidos precisamente por su mala conducta. Converse quiso mantener un pie en el deporte en 1998, cuando pensó que tenía la excusa perfecta para lanzar una zapatilla con el rapero Master P. Considerado un decente jugador amateur de baloncesto, quiso hacer el camino inverso a los jugadores NBA que lanzan su propio disco y llegó a participar en partidos de pretemporada con Charlotte Hornets y Toronto Raptors. No era el mejor momento para Converse y no cambió después de la zapatilla de Master P.

El Rey del Pop también apareció en anuncios de L.A. Gear, aunque llevaba zapatos incluso para jugar al baloncesto con Michael Jordan. En el tiempo en el que Michael Jackson apareció en anuncios de L.A Gear, la marca pasó de ser la tercera en Estados Unidos a estar al borde de la desaparición, aunque sería injusto culpar al intérprete de Bad. En el pop a este lado del océano, Olé Olé en su etapa con Marta Sánchez llevaba el logotipo de adidas bien visible en la batería y se dejaba vestir por la marca de las tres franjas en la portada de su single Soy Infiel. Pero tampoco ellos fueron los pioneros, Enrique y Ana siempre fueron sospechosos por mostrar innecesariamente las tres franjas en algunas de sus películas. Abrieron un camino igualmente innecesario que siguieron Melendi con Yumas y Dani Martín con J´Hayber. En la línea de cantantes y similares a los que nunca se ha visto con zapatillas, Alaska y Mario protagonizaron la campaña del 30º aniversario de Reebok Classic.

Es muy conocida la relación entre Run DMC y Adidas, que comenzó con una canción en la que mostraban su amor por las tres franjas. Siempre se ha considerado el ejemplo de colaboración exitosa, olvidando la crisis que llegó a separarles a principios de los noventa. Fue la colaboración que abrió las puertas a los músicos y sirvió para revitalizar una marca que en 1986 no pasaba por su mejor momento. Casi a la vez, pero en el otro lado del mundo geográfico y musical, Puma fichaba a Udo Jürgen, un cantante melódico al que en Austria comparaban con Julio Iglesias. Udo, como Kanye, Pharrell o Rihanna, tuvo su propia línea cimentada en los gustos personales del CEO de Puma, Armin Dassler. Fue un esperable fracaso, pero al menos él puede presumir de haber ganado el Festival de Eurovisión de 1966, un logro que no creo que venda muchas zapatillas.

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