TentacionesTentaciones

Los otros Weinstein de la industria musical

El número de artistas que han denunciado públicamente haber padecido abusos sexuales y psicológicos no cesa

Alice Glass, a la izquierda, del dúo Crystal Castles.
Alice Glass, a la izquierda, del dúo Crystal Castles.

Aunque la cabeza de Harvey Weinstein ya ha sido cortada, en los últimos días no han cesado las voces del ámbito musical que también han denunciado haber padecido acoso sexual o psicológico. La campaña de internet #MeToo ha sacado a relucir muchas vergüenzas. Demasiadas. Y esto parece que no ha hecho más que empezar atendiendo a que el efecto dominó de los escándalos de Hollywood también han tocado de lleno al fotógrafo Terry Richardson (vetado oficialmente de las cabeceras de CondéNast justo ahora, cuando ya hacía años que infinidad de modelos habían hablado abiertamente de las malas prácticas del neoyorquino) y a otras personalidades directa o indirectamente relacionadas con la canción.

Contra todo pronóstico, Björk fue de las primeras en recurrir a las redes sociales para tratar el espinoso tema. Y lo de contra todo pronóstico lo decimos porque, a pesar de lo mucho que se ha rumoreado acerca de su relación con Lars Von Trier durante el rodaje de Bailar en la oscuridad, han tenido que pasar diecisiete años para que la islandesa verbalizase el presunto calvario que vivió en sus carnes junto al cineasta danés.

“Durante el rodaje en Suecia me amenazó con saltar del balcón de su habitación a la mía durante la madrugada con una clara intención sexual, mientras su mujer se encontraba en la habitación de al lado. Yo escapé a la habitación de mi colega. Esto es lo que me hizo darme cuenta de lo grave que era el asunto y lo que me hizo mantenerme firme”, confesó la cantante vía Facebook. Resulta lógico que ante eso ella quisiese desvincularse de las cámaras a pesar de las excelentes críticas que recibió al meterse en la piel de la sufrida Selma y alzarse en el 2000, incluso, con el premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes.

La artista islandese Björk denunció al director Lars von Trier.
La artista islandese Björk denunció al director Lars von Trier.

Otra artista que esta misma semana ha decidido dar por concluido su silencio es Alice Glass, la que fuera la mitad del dúo electrónico Crystal Castles. Alice ha descrito al que fuera su compañero, Ethan Kath, como un monstruo que le obligaba a mantener relaciones sexuales que “no siempre fueron consentidas” y como un manipulador psicológico profesional.

"La ex pareja del bajista de Marilyn Manson, Twiggy Ramirez, desveló en Facebook que éste la había violado tras una pelea en su primer año de relación"

Entre otras lindezas, Alice en un comunicado ha detallado que “me regañaba y me chillaba en la cara, me decía que yo era una broma, que toda la gente que venía a nuestros conciertos solo estaban interesados en los instrumentales y que yo estaba arruinando la banda. Rompía puertas de ducha de cristal para asustarme, me encerraba en habitaciones, me decía que mi feminismo era objetivo de violadores y que sólo él podía protegerme”. La respuesta de Kath no se hizo esperar horas después, calificando la versión de Glass de “pura ficción” y dejando la puerta abierta a tomar diversas medidas legales. Pero, por lo pronto, la gira de Crystal Castles ha sido cancelada de momento hasta nuevo aviso.

Marilyn Manson también ha sido actualidad estos últimos días. Y no por el lanzamiento de su nuevo álbum, el más que notable Heaven Upside Down, sino porque la ex pareja del bajista original de la banda, Twiggy Ramirez, desveló en Facebook que éste la había violado tras una pelea en su primer año de relación durante la era Antichrist Superstar. Manson se apresuró a decir que desconocía los hechos “hasta hace muy poco” y Ramirez, por su parte, se ha manifestado narrando que “me acabo de enterar de las acusaciones con respecto a algo de hace más de 20 años. No estoy a favor del sexo no consentido de ningún tipo. Necesito tomarme un tiempo con mi familia y concentrarme en mantener mis muchos años de sobriedad. Si he causado a alguien algún dolor pido disculpas y de verdad que me arrepiento”.

Igual de delicado es el asunto de las Pussycat Dolls. Una antigua miembro de la girl band estadounidense, Kaya Jones, no se cortó ni un pelo hace unos días a la hora de afirmar en Twitter que la banda era “más como una red de prostitución” que “un grupo de chicas”. Las que fueran sus compañeras, lejos de apoyarla, han formado filas en contra de las acusaciones y, a pesar de no poner en entredicho las palabras de Jones, han hecho saber que no fueron “cómplices” de nada porque desconocían por completo el asunto.

La cantautora Julia Holter también ha denunciado abusos psicológicos.
La cantautora Julia Holter también ha denunciado abusos psicológicos.

Pero todavía hay más. Más allá de la banda queer punk PWR BTTM (quienes pasaron de ser uno de los grupos más prometedores de la temporada a ser repudiados completamente de la escena después de que el pasado mayo salieran varias voces acusando a uno de sus miembros, Ben Hopkins, de ser un “depredador sexual”), hasta la angelical cantautora Julia Holter ha hablado del caso del líder de Ducktails y ex miembro de Real Estate, Matt Mondanile, después de que varias mujeres acusaran al músico de haberles tocado mientras dormían.

Holter no ha querido entrar en acusaciones de índole sexual, aunque sí que ha hablado de abusos psicológicos y ha justificado su silencio con las siguientes palabras: “Me he pasado dos años confusa por su comportamiento y me he sentido sola, pensando que me faltaba información. Estos testimonios me han ayudado a entender. Cuando te pasa a ti cuestionas tu propia realidad y te preguntas si te estás inventando las cosas o si estás haciendo una montaña de un grano de arena. Que otras personas salgan y validen el hecho de que tú no estabas equivocada ayuda”. Aunque sea tarde, el caso Weinstein ha abierto un debate más que necesario en nuestra sociedad. El silencio ya no está justificado.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS