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BLOGS Por EQUIPO DE COMUNICACIÓN

‘TOTEM’ a través de los ojos de la ganadora del concurso de EL PAÍS

Carmen Serrano Aguilar asistió al estreno en Bruselas el pasado 8 de septiembre del último espectáculo de Cirque du soleil

Uno de los números del espectáculo.
Uno de los números del espectáculo.

Cirque du Soleil vuelve a los escenarios mundiales con TOTEM, un espectáculo que recorre la historia de la humanidad a través de acrobacias imposibles y rituales fantásticos. Carmen Serrano Aguilar, ganadora del concurso de EL PAÍS, pudo asistir a su estreno en Bruselas el pasado 8 de septiembre y así nos relata su experiencia, en la que nos presenta un juego entre los recuerdos que le han surgido durante la obra y la idea de estar soñando. TOTEM, el nuevo espectáculo de Cirque du Soleil, aterriza el próximo 10 de noviembre en España y que EL PAÍS es medio colaborador de esta gira.

Querida amiga:

Hoy es uno de esos días en los que me he sentado a contemplar mi pasado, para recuperar del cajón de mi memoria algunas diapositivas de mi vida. Esta vida que hoy engullimos sin apenas disfrutar, nos ha hecho perder tanto, que lo ganado no compensa la riqueza de lo que se nos ha ido. Será que tengo un día raro…

Recordé la primera vez que vi una gran bola de espejos, la música, la risa de mis amigas, la percepción de que mi mundo estaba cambiando. Y recordando soñé con minúsculos cristales que transformaban el aire con millones de estrellas ficticias.

Recordé cuando aprendí a nadar, el miedo a perderme, el poder del coraje. Y recordando soñé con gigantes tortugas marinas, con seres mágicos que me llamaban desde el agua y que me enseñaban el secreto lenguaje de las caracolas.

Recordé la mezcla de fascinación y tristeza que me producía la mirada, más humana que animal, que me dedicaban los monos desde sus jaulas del pequeño parque al que iba los domingos con mi padre. Y recordando soñé que me encontraba con ellos y les pedía perdón por haber olvidado mi parte salvaje.

Recordé los días de mar, arena y sol. Y recordando soñé que volvía a mí el verano del amor, ese que solo vivimos una vez en la vida.

Recordé las excursiones, los fuegos de campamento, eligiendo un tótem y formando nuestros pequeños clanes. Y recordando soñé que trenzaba mi pelo y vestía pieles y plumas, continuando la leyenda de tribus indias jamás conocidas.

Recordé los regalos de la Madre Tierra: el sol, el agua, el fuego, la tierra, y cómo nos hemos transformado en su mayor enfermedad. Y recordando soñé que me deshacía en mil pedazos y me rehacía como un nuevo ser.

Recordé cómo el miedo y el orgullo se dieron la mano el día que aprendí a montar en bicicleta. Y recordando soñé que un grupo de mujeres me acompañaban en un baile imposible de ruedas y equilibrios.

Recordé el primer amor, los besos escondidos y la inocencia. Y recordando soñé que era una ninfa perdida en un bosque de hadas, y en el cielo me sostenía un elfo enamorado que con su cuerpo hacía un lazo con el mío.

Recordé cómo, siendo una niña, me empujaba más y más fuerte en el columpio, queriendo volar tan alto, que tocaba el cielo con la punta de mis zapatillas desgastadas. Y recordando soñé que era capaz de saltar hasta el infinito, y el mundo se quedaba tan chiquito que yo solo era una motita en el Universo.

He soñado, amiga, sin estar dormida, y han sido tantos los recuerdos que me duelen mis pensamientos.

Al menos, tengo la certeza de haber vivido.

Quería compartir esto contigo, y no he encontrado mejor manera que enredar todas estas palabras en esta carta que hoy te envío.

A veces, amiga, el juego de recordar nos permite alcanzar la magia de soñar. No lo olvides.