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Del derecho a decidir y todo lo demás

Me dan ganas de ir mañana mismo por mi antiguo colegio para depositar en una urna portátil casera la papeleta que acabo de imprimir en casa y en la que me pregunto si quiero proclamar la Tercera República española, tal como me dicta mi derecho a decidir algo reclamado por el corazón. Como no habría votos en contra, puesto que colmaría el censo de mi propia convocatoria, cabe pronosticar una más que aplastante mayoría de uno contra cero. Luego, solo faltaría que tal resultado lo asumieran los demás ciudadanos a quienes concerniría tan relevante consulta. De vez en cuando no viene mal ensayar la reducción al absurdo y comprobar que incluso las cosas más razonables para uno deben buscar sus condiciones de posibilidad. Otra cosa es utilizar temas muy serios para distraernos de los problemas reales, como la corrupción estructural de ciertos partidos políticos, el que los buenos datos macroeconómicos no lleguen a la población en su cotidianeidad, el que la industria turística llene algunos pocos bolsillos explotando a mucha gente con empleo tan precario como irrisorio,el que las mujeres no tengan una igualdad real de oportunidades… No les aburro con una lista prácticamente interminable. ¿Hasta cuándo tanta pantomima? — Roberto R. Aramayo (Madrid).

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