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Pasó por la cárcel, se hizo rapero y ahora es el actor mejor pagado

Dos películas le han bastado a Mark Wahlberg para conseguir los ingresos más altos del gremio

FOTO: Mark Wahlberg durante la presentación en Boston (EEUU) de 'El planeta de los simios' en julio de 2001. / VÍDEO: Un fragmento de la película.

A los 13 años era adicto a la cocaína. A los 15 persiguió a un grupo de niñas afroamericanas tirándoles piedras al grito de "matad a los negros". A los 16 agredió a un señor vietnamita, huyó refugiándose de la policía en una tienda y, cuando consideró que el peligro había pasado, robó seis latas de cerveza y le dio un puñetazo al tendero (también vietnamita) dejándole ciego de un ojo. Tras pasar 45 días en un correccional para menores, Mark Wahlberg (1971, Boston, EEUU) se aferró a la fe católica y tres años después su canción Good vibrations era número 1 en Estados Unidos. Un país que se vanagloria de ser la tierra de las oportunidades, y se las han dado todas a él: hoy Wahlberg es el actor mejor pagado de Hollywood gracias a dos películas, que le han reportado 58 millones de euros. El segundo puesto lo ocupa Dwayne "The Rock" Johnson, que el año pasado lideraba la lista de Forbes, con unas ganancias de 55 millones de euros. El tercer actor mejor pagado este año, con 46 millones de euros, es el protagonista de la saga Fast & Furious Vin Diesel.

En los 90, Wahlberg se hizo rapero, se volvió modelo de calzoncillos para Calvin Klein, grabó un vídeo de 'fitness',  protagonizó su propio videojuego y se hizo con el papel principal en 'Boogie nights'

Tal y como nos enseñó Mad men, para materializar el sueño americano a veces basta con cambiarse el nombre. Wahlberg dejó atrás el infame honor de ser el quinto de sus hermanos (nueve en total) en pisar la cárcel, rebautizándose como Marky Mark y erigiéndose como un icono esencial para entender la cultura pop de los 90: se hizo rapero, se quitaba la camiseta en todas sus actuaciones sin venir a cuento, tuvo bronca con el otro gran pandillero blanco que se apropiaba de la cultura negra (Vanilla Ice), se volvió modelo de calzoncillos para Calvin Klein junto a Kate Moss, grabó un vídeo de fitness y protagonizó su propio videojuego. Antes de que acabara la década, Marky Mark recuperó su nombre bautismal y protagonizó Boogie nights (Paul Thomas Anderson, 1997). Tenía 26 años y había decidido ser una estrella del cine.

"Entendí [en la cárcel] que la única forma en la que lograría el éxito sería trabajando duro y haciendo lo correcto", recuerda Wahlberg como si estuviera predicando en un púlpito. Boogie nights marcaría su carrera en el cine, plagada de personajes sin estudios universitarios y por tanto escrupulosamente profesionales porque es su deber y de interpretaciones discretas en torno a las cuales giran el resto de actores brillando mucho más que él.

El actor junto a su mujer, la modelo Rhea Durham, durante el estreno mundial de 'Ted' en 2012.
El actor junto a su mujer, la modelo Rhea Durham, durante el estreno mundial de 'Ted' en 2012. Getty

En Infiltrados (Martin Scorsese, 2006) Jack Nicholson y Leonardo DiCaprio devoraban la película. En The fighter (David O. Russell, 2010) Christian Bale y Melissa Leo ganaron el Oscar (Wahlberg ni siquiera estuvo nominado). Lo que el público recuerda de Ted (Seth McFarlane, 2012) es al oso de peluche grosero. Y dejémoslo en que poca gente fue a ver Transformers, la era de la extinción (Michael Bay, 2014) o Transformers, el último caballero (Bay, 2017) porque salía Mark Wahlberg. Cuando el año pasado Dwayne "The Rock" Johnson (otro que recuperó su nombre para convertirlo en un producto de consumo) recibió el siempre masculino y a menudo vigoréxico título de actor mejor pagado, el público pensó "pues tiene sentido". Pero en el caso de Wahlberg, la reacción ha sido de sorpresa. ¿A cuento de qué?

Dos sueldos le han bastado. La última entrega de Transformers y la secuela de una película que parece inventada (Padres por desigual) ya suman los citados 58 millones de euros. Wahlberg se ha coronado como el rey de Hollywood sin que nadie se dé cuenta, logrando que el pasar desapercibido sea el negocio más rentable de la industria.

"Hay más gente fea y bajita en el mundo que gente como Michael Fassbender, por eso el público se pone de mi parte", explica el actor. Su calculada estrategia le ha convertido en el héroe de la América obrera: ha hecho de policía, pescador, albañil, bombero, perforador de petróleo, militar y boxeador, pero nunca de profesionales triunfadores de esos que solo existen en el cine como creativo de márketing, asesor financiero o arquitecto con trabajo.

Mark Wahlberg en su etapa de rapero como Marky Mark en el videoclip 'Wildside' (1991).

Su secreto es tomarse su condición de estrella como un oficio. Vive en Los Ángeles porque le pilla cerca del trabajo, se hizo productor para poder trabajar desde casa y se acuesta a las 18:45 para levantarse a la 1:30, entrenar, leer e-mails, desayunar con sus hijos, llevarles al colegio, ir a misa y empezar las reuniones cuando el resto de la gente se está despertando. "Siempre estoy listo para trabajar diez veces, cien veces más que el resto de profesionales del rodaje, y siempre estoy listo para proponer ideas pero hacer exactamente lo que el director me indique que haga", resume.

Un tipo como Mark Wahlberg habría sido secundario en cualquier otra época de Hollywood. Un personaje como el de Ted, pegado al sofá viendo la televisión y bebiendo cerveza como si lo fueran a prohibir habría sido el amigo colgado y perdedor del protagonista de una comedia romántica hace 20 años. Pero en esta década, con la que está cayendo, el perfil de clase obrera de Wahlberg es exactamente lo que el público quiere ver en pantalla.

A principios de los 90, antes de decidir que quería ser actor, Wahlberg protagonizó una de las campañas más sonadas de Calvin Klein.
A principios de los 90, antes de decidir que quería ser actor, Wahlberg protagonizó una de las campañas más sonadas de Calvin Klein.

"Otros actores piensan en su gato muerto [para interpretar], o en el color azul, o en aquel lugar en el que se refugiaban cuando tenían siete años, pero yo tengo otra caja de herramientas", asegura. "La filosofía de James Cagney [el secundario con carácter por excelencia en el Hollywood clásico] tiene más sentido para mí. Prepárate el personaje. Sé el personaje. Y sin mucho esfuerzo, interpreta al personaje", concluye.

Nunca aparece en las listas de los mejor vestidos, tampoco en la de los peor vestidos. No genera vídeos virales con momentos simpáticos o entrañables pero tampoco da declaraciones polémicas. El único traspié que ha tenido desde que salió de la cárcel fue declarar que si él hubiera estado a bordo del avión que se estrelló contra las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 "habría habido mucha sangre en el pasillo de primera clase, y luego yo habría dicho 'vale, vamos a aterrizar en un lugar seguro, no se preocupen'". Una fantasía que él mismo calificó como "ridícula" un par de días después.

Pero la lista en la que sí ha acabado apareciendo (y encabezando) es la de los actores mejor pagados. Su recuperación moral ha sido discreta y sobria pero constante y, en última instancia, recompensada.

FOTO: Con 26 años, Wahlberg protagonizó 'Boogie nights' (1997), película que marcaría su carrera en el cine. / VÍDEO: Un fragmento del film.

Mark Wahlberg representa el equivalente en Hollywood a la dignidad de fichar cada mañana a la hora adecuada. Su negocio familiar, una cadena de hamburgueserías nombrada inevitable y fabulosamente Wahlburgers (en inglés se pronuncia casi igual que su apellido), ha generado una fortuna y un reality show en el que vemos como su madre sigue yendo a comprar al mercadillo. Se sometió a 60 sesiones de láser para borrar todos sus tatuajes, eliminando así todo vestigio de Marky Mark, y tuvo cuatro hijos (Ella Rae, de 14 años, Michael, de 11 años, Brendan Joseph, de 9 años, y Grace Margaret, de 7 años) en seis años con su mujer, la modelo Rhea Durham (1978, EEUU). La pareja, que comenzó su relación en 2001, se casó en 2009 en una ceremonia discreta.

Estipula por contrato que sus rodajes le dejen tiempo para asistir a misa (dos veces) el domingo por la mañana en la iglesia de su barrio, preside una organización benéfica para ayudar a chavales sin recursos de Boston, se define "absolutamente feminista" y se ha posicionado a favor de Barack Obama, Hillary Clinton y el matrimonio entre personas del mismo sexo. "Creo que el haber sido capaz de darle la vuelta a mi vida, conseguir que mi madre esté orgullosa y convertirme en una persona mejor concentrándome en mi fe hace que me sienta honrado cada vez que vuelvo a casa", explica. La única visita que recibe de su pasado como delincuente juvenil, además de la pregunta de rigor en todas las entrevistas, es la de un tipo que le regaló su televisión cuando compartían celda y ahora le pide dinero de vez en cuando.

FOTO: Mark Wahlberg muestra los resultados de levantarse a la una y media de la mañana todos los días para entrenar en 'Transformers, el último caballero' (2017). / VÍDEO: Tráiler de la película.

Quizá en los 90 el sueño americano se hiciese en calzoncillos, pero en los 2010 se consigue madrugando. Si los actores de Hollywood se clasifican en tres arquetipos (los Jimmy Stewart, los Cary Grant y los John Wayne), Mark Wahlberg encarna a un Wayne con uniforme, el cowboy en tiempos de posverdad, al hombre tranquilo ante el terror y el profesional que jamás levanta la voz. Pero por encima de todo, representa una historia tan antigua como el ser humano: la redención mediante el cumplimiento del deber.

En 1992, cuando todavía era Marky Mark, recordaba su adolescencia como albañil: "Trabajaba como peón, y aquello también me hacía feliz porque me hacía sentir bien. Construir un muro que se convertiría en un edificio me hacía sentir bien". Su filosofía no ha cambiado demasiado en 25 años. "Tengo 42 y no me he mirado al espejo en una década", confesaba en 2014. "Me importa una mierda mi aspecto. Si tengo que prepararme físicamente para un papel lo haré, pero no tengo nada que demostrar. No estoy intentando impresionar a nadie". Y quizá esta actitud sea lo más impresionante de la trayectoria de Mark Wahlberg: la fábula más inspiradora de Hollywood. No sólo por su improbable final feliz, sino porque él ha sido el villano, el héroe, el antihéroe y ahora se comporta como el narrador de mediana edad que te explica la moraleja al acabar el cuento.

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