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El renacer de Demi Lovato

La ex niña Disney con 47,8 millones de seguidores en Twitter ha vuelto más potente que nunca tras superar sus demonios personales

Demi Lovato, en Las Vegas antes de cantar durante la pelea entre Mayweather y McGregor.
Demi Lovato, en Las Vegas antes de cantar durante la pelea entre Mayweather y McGregor. AFP

Demi Lovato es el trending topic humano. Tiene más seguidores en su cuenta de Twitter que habitantes tiene España [47,8 millones de seguidores frente a 46,5 millones según el INE]. Con estas cifras no resulta nada raro que el 26 de agosto durante su intervención en la pelea del año, entre Mayweather y McGregor, su potente voz y su pronunciado escote hayan sido los ganadores de la noche. “Espectacular”, “increíble”, “perfecta”, “orgullosos de ti”, fueron solo algunos de los mensajes que sus Lovatics—así llama ella a su legión de seguidores— enviaron a su ídolo. Así, arriba del ring, Lovato confirmó que ha vuelto al ruedo. Y vestida de blanco dijo adiós a la niña rota de Disney.

Demetria Devonne Lovato nació en Albuquerque, Nuevo México, en el verano de 1992 en el seno de una familia disfuncional, que más tarde se mudó a Fort Worth, Texas. Para entender sus múltiples problemas, que van desde consumo de drogas, abuso de alcohol hasta desórdenes alimenticios y mentales, basta con echar un vistazo a su álbum familiar. Su padre Patrick Lovato era un músico e ingeniero en sonido que fue diagnosticado con esquizofrenia, bipolaridad y alcoholismo. Su madre Dianna Lee Hart, aspirante a cantante, había sufrido bulimia.

Al contrario de lo que sus fans veían en su sonriente rostro cuando apenas era una niña, debutó en el 2000 con 8 años en la serie infantil Barney & Friends, su infancia fue complicada. La esquizofrenia y alcoholismo de su padre la alejó de él durante siete años. Es más, cuando murió de cáncer en 2013, no mantenían casi relación. “Cuando dejamos de ver a mi padre, mi padrastro [Eddie De La Garza] ocupó su lugar”, contó en una entrevista en julio de 2016 a Amerizan Way Magazine.

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Su infancia transcurrió frente a la cámara. La fama llegó rápidamente y tras el exitazo de la película de Disney Camp Rock su vida cambió. Adolescente e insegura, se enfrentó al monstruo que pueden llegar a ser las redes sociales y ese primer enfrentamiento lo perdió. “He vivido rápido y moriré joven, ni siquiera pensaba que llegaría a los 21 años”. Esta confesión ha sido una de las más fuertes que ha hecho la actriz, quien en varias ocasiones ha revelado que llegó a un punto en su vida que no podía pasar ni una hora sin consumir cocaína.  No solo cayó en la drogadicción a temprana edad, entrando a la adultez, con 18 años, fue diagnosticada con trastorno bipolar —como su padre— y desórdenes alimenticios —como su madre—. En los años en que muchos jóvenes solo sueñan con sacarse el carné de conducir, ella solamente quería vencer la muerte.

Lovato bebió por última vez en enero de 2012 y continúa yendo a sus sesiones de Alcohólicos Anónimos. Pero lograr la sobriedad llevó años. En 2010 entró por primera vez en un centro de rehabilitación, pero nada más salir volvió a caer. Poco a poco fue aprendiendo a mantener bajo control los síntomas de la bulimia y la bipolaridad. Hasta que por fin se hizo con las riendas de su vida.

El regreso

Su esperado regresó ocurrió en octubre de 2015. Ya separada por completo de los lazos de Disney, la cantante se embarcó en lo que sería su retorno musical alejada de los vicios. Esa época oscura a la que tuvo que enfrentarse, se convirtió en la inspiración de temas como Skyscraper, se unió como juez al programa The X Factor, y comenzó su cruzada por la desestigmatización de las enfermedades mentales. “Como millones de estadounidenses, estoy viviendo con enfermedades mentales. Pero tengo suerte. Tenía los recursos y el apoyo para recibir tratamiento. Desafortunadamente, demasiados estadounidenses de todas las clases sociales no reciben ayuda, ya sea porque teman el estigma o no puedan pagar el tratamiento”, dijo en su presentación en la convención demócrata el año pasado.

También comenzó su lucha contra lo que se ha bautizado como el body shaming. cansada de las críticas a las que se debe enfrentar ella y cualquier mujer debido su figura. En 2015 accedió a protagonizar la portada de Vanity Fair completamente desnuda. Eso sí, lo hizo “sin maquillaje y sin retoques”. Toda una declaración de intenciones para alguien que de joven sufrió problemas de alimentación.

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Los baches que ha tenido que superar desde su regreso han sido muchos. Hace apenas un año decía que abandonaría la música pues no creía que hubiera nacido para enfrentarse a tan frívola industria. En el ámbito personal terminó con su novio de seis años el actor Wilmer Valderrama. Sin tener muy claro qué le hizo cambiar de opinión este 2017 lanzó Tell Me You Love Me. “La voz de Demi es poderosa. Las letras son vulnerables y piden ayuda. La música es pegajosa”, escribía la crítica de música Kelsey Garcia.

Aprender a dejar atrás los momentos malos y salir adelante frente al ojo público puede ser un trabajo duro. Lovato, sin embargo, tiene a su favor su mejor arma: su potente voz.