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El oficio de traductor

El oficio de traductor es un trabajo oscuro. Y cuando digo oscuro, me refiero a que nadie, o casi nadie, es capaz de detenerse en ese esfuerzo. Gracias a ellos, podemos leer cualquier libro escrito en cualquier lugar del mundo. Y no solo se trata de que el lector valore ese trabajo, que también, sino de llamar la atención del crítico literario que pocas veces reivindica o hace referencia a la traducción del libro que está a analizar. Cuando quizá la habilidad del traductor ha conseguido que ese crítico pueda acercarse a ese libro. Después incluso se podrá cuestionar la traducción. Cada trabajo lleva su firma, el traductor merece también que el suyo se reconozca.— Manuel I. Nanín. O Carballiño (Ourense).

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