Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Escenario central del yihadismo en España

Entre 2004 y 2012, cuatro de cada diez condenados por actividades terroristas estaban domiciliados en la provincia de Barcelona

Efectivos policiales en el lugar en el que una furgoneta atropelló a varios peatones que paseaban por las Ramblas de Barcelona.
Efectivos policiales en el lugar en el que una furgoneta atropelló a varios peatones que paseaban por las Ramblas de Barcelona.

Hace ya tiempo que la provincia de Barcelona es el principal escenario yihadista de España. No menos de la cuarta parte del total de individuos detenidos en el conjunto del territorio español entre 2013 y 2016, por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista, lo fueron en Barcelona y su entorno metropolitano, donde además residían. Una proporción incluso algo mayor de los detenidos durante ese mismo periodo de tiempo por su vinculación con el Estado Islámico residían en once localidades de la provincia de Barcelona. En esa misma demarcación se encuentra la mayor bolsa de radicalización yihadista que existe en España.

Este es el entorno más inmediato de la realidad en que situar el atentado de La Rambla, último de los más de treinta actos de terrorismo perpetrados con la misma inspiración ideológica en Europa occidental desde 2014, como consecuencia de la actual movilización yihadista sin precedentes que viene, con notables variaciones de unos casos a otros, afectando al conjunto de Europa occidental desde 2012. España no está entre los ocho países más afectados por dicha movilización, si la contabilizamos de acuerdo con número de combatientes terroristas extranjeros, pero sí entre los tres donde más yihadistas han sido detenidos en los últimos cuatro años.

Barcelona y Cataluña ocupan un lugar destacado en la trayectoria del terrorismo yihadista en España. En Barcelona fue detenido, en 1995, el primer yihadista luego condenado. Cataluña fue donde Mohamed Atta –cabecilla de los terroristas del 11 de septiembre– y el yemení Ramzi Binalshibh –su enlace con los líderes de al-Qaeda– se vieron dos meses antes para ultimar detalles. Como resultado de una operación antiterrorista desarrollada en Cataluña en enero de 2003 se desbarató una célula relacionada con Al Qaeda en manos de cuyos integrantes se hallaron aparatos de telefonía móvil idénticos a los utilizados el 11-M y manipulados del mismo modo.

Además, los huidos del 11-M hacia Irak pasaron por Santa Coloma de Gramanet, localidad barcelonesa en la que se movían facilitadores del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM). En Barcelona iba a ocurrir un nuevo 11-M en enero de 2008. Diez individuos nacidos en Pakistán y un indio fueron condenados por el plan para atentar en el metro de la capital catalana. Dicho plan tuvo una conexión directa con Therik e Taliban Pakistan (TTP), organización asociada con Al Qaeda. Entre 2004 y 2012, cuatro de cada diez condenados en España por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista estaban domiciliados en la provincia de Barcelona.

Ni todo ello ni la masacre de La Rambla se explicaría sin una continuada presencia de extremistas islámicos en Cataluña, donde está la mitad de las congregaciones salafistas de España. Es el caldo de cultivo de actividades como las de la red Caronte, desarticulada en 2015 en Terrassa, Barcelona, Sabadell y Valls. Se detuvo a trece individuos, siete musulmanes de origen y seis conversos, doce nacidos en la provincia de Barcelona y uno en Tarragona. Preparaban un atentado en Barcelona. Los Mossos d’Esquadra lo impidieron. Pero a combatir la amenaza contribuyen decisivamente también, en Barcelona y Cataluña toda, Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía. Mantener y mejorar su coordinación antiterrorista era y debe seguir siendo máxima prioridad.

Fernando Reinares es director del Programa sobre Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.