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La estrategia sureña

La pregunta es en qué punto Trump habrá ido demasiado lejos para los republicanos moderados

Manifestación contra la retirada de la bandera confederada de las instalaciones del Capitolio en Carolina del Sur.
Manifestación contra la retirada de la bandera confederada de las instalaciones del Capitolio en Carolina del Sur. Getty Images

En 1964, el republicano Barry Goldwater se enfrentaba al mismo tiempo al establishment de su partido y a la candidatura demócrata de Lyndon Johnson en unas elecciones decisivas para Estados Unidos. La Ley de los Derechos Civiles acababa de ser aprobada tras décadas de lucha por parte de los afroamericanos, y Goldwater dio los primeros pasos en lo que después se conocería como Southern Strategy, o estrategia sureña: recoger los votos, sobre todo blancos, del centro y sur del país que los demócratas, antes fuertes en aquellas tierras, dejaban de lado con su acercamiento a la igualdad.

Desde Nixon, este movimiento dejó de ser marginal en el partido y fue convirtiéndose en la línea oficial. La élite urbana y capitalista del noreste que dominaba el Partido Republicano se vio entonces obligada a mantener un delicado equilibrio entre las propuestas promercado y de libertad económica, y el discurso anti-Washington con fuerte carga racial: a veces implícita, otras no tanto. En definitiva, la organización acogió a la derecha reaccionaria en su órbita. Pero siempre cuidándose de no legitimar la versión más extrema de esas posturas.

Trump, siendo una continuación casi obvia de esa mezcla entre sur-interior antiestablishment y noreste rico, ha hecho saltar por los aires este equilibrio. Sintiéndose acorralado, con una popularidad en descenso, se ha refugiado justamente en el apoyo de los que jamás le abandonarán.

Según las encuestas, hay alrededor de un 25% de ciudadanos que aprobarán su gestión haga lo que haga. Y alrededor de un 5% está de acuerdo con los supremacistas blancos. El presidente está atrincherado entre esas dos cifras. Fuera queda el otro 20-25% de votantes potenciales: aquellos que, más bien, toleran a Trump y a los reaccionarios porque los prefieren a la alternativa. La polarización hace aquí su trabajo, claro, consolidando el abismo entre ambos partidos.

La pregunta es cuándo dejará de hacerlo. En qué punto Trump habrá ido demasiado lejos para los republicanos moderados. Pero, si esto sucede, lo hará recorriendo la senda que ellos mismos abrieron hace cinco décadas. @jorgegalindo

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