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El fin de las mil y una noches del Aga Khan IV

El multimillonario y líder espiritual de los musulmanes ismaelitas prepara su retiro y traslada su imperio a Portugal

Karim Aga Khan IV, en Porto Cervo en 1986. Ampliar foto
Karim Aga Khan IV, en Porto Cervo en 1986.

Shah Karim al-Hussayni, filántropo, multimillonario (Forbes le estima una fortuna de 1.000 millones de dólares) y bon vivant, poseedor del título dinástico y religioso de Aga Khan IV, acaba de celebrar el 60º aniversario de su entronización como líder de los musulmanes ismaelitas. Una rama minoritaria del chiismo que cuenta con unos 15 millones de fieles diseminados por Asia, África y Europa, sumamente generosos en las donaciones a la comunidad y a su imán, a quien consideran descendiente directo del profeta Mahoma. La vida del Aga Khan, nacido en Ginebra en 1936 aunque tiene pasaporte británico, siempre estuvo rodeada por una bruma a lo mil y una noches por el brillo del lujo en el que transcurre su biografía. Hoy, cumplidos ya los 80 años, quiere jubilarse.

En sus años dorados solía protagonizar unas crónicas del corazón atraídas por el irresistible encanto de las fiestas en su inmensa finca de Cerdeña, la dolce vita en la que permaneció instalado, sus valiosos caballos, las mujeres que le rodeaban (aunque él se casó dos veces) y las joyas con las que las colmaba (su segunda exmujer, la princesa alemana Gabriela, subastó en abril de 2016 piezas valoradas en 20 millones de euros). Pero esta “suerte de Gianni Agnelli, más aristócrata y con un toque oriental”, como lo ha definido el periódico Corriere della Sera, está ahora preparando su sucesión. Y ha decidido trasladarlo todo a Portugal.

Shah Karim al-Hussayni, en octubre de 1957.
Shah Karim al-Hussayni, en octubre de 1957.

Tras años de preparación y runrún de fondo, deja su castillo de Chantilly, en Francia, y se muda a Lisboa, ciudad portuguesa en la que se encuentra el centro neurálgico de la comunidad religiosa y de su fundación (Aga Khan Development Network, AKDN), puntera en diversos proyectos de cooperación internacional. Obviamente, no va a cualquier sitio. En la capital lusa le espera un delicioso palacete de la primera década del siglo XX, que perteneció al empresario del café Henrique Mendonça y que ha adquirido por unos 12 millones de euros.

La mudanza del príncipe y de su corte refrenda el acuerdo firmado en junio de 2015 con Portugal. Además de las inversiones inmobiliarias, el líder ismaelita se comprometió a mejorar la calidad de vida de los fieles de esa nacionalidad y a financiar proyectos de investigación científica y económica. Como contrapartida, obtuvo la exención total de los impuestos sobre el rendimiento y sobre su patrimonio.

El Aga Khan IV, en la inauguración de la Louis Vuitton Foundation en octubre de 2014 en París. ampliar foto
El Aga Khan IV, en la inauguración de la Louis Vuitton Foundation en octubre de 2014 en París.

Su próximo y buen retiro lusitano cerrará una línea dinástica de famosos galanes. El abuelo de Karim, el Sultán Mahommed Shah, Aga Khan III, tuvo decenas de romances: entre ellos, uno con la bailarina italiana Cleope Teresa Magliano, que terminó rindiéndose a su cortejo con la ayuda de un diamante de 61 quilates. Ese gusto por las mujeres se lo trasladó a su hijo, el Príncipe Alí Khan, que de 1949 a 1953 estuvo casado con una de las mujeres más sensuales y deseadas de la historia, la actriz Rita Hayworth.

En su testamento, el Aga Khan III designó a su nieto, saltándose una generación, como sucesor, por ser un hombre joven “criado en medio de una nueva era”. El 11 de julio de 1957, con tan solo 20 años, Karim, que entonces estudiaba Historia islámica en la prestigiosa Universidad de Harvard, se convirtió en el 49º imán de los ismaelitas. Iba a modernizar la saga. Nada más recibir el título, rompió una antigua tradición: en el momento de la entronización, sus predecesores solían sentarse en el plato de una balanza mientras los feligreses llenaban el otro de oro y diamantes hasta alcanzar su peso. Karim, cuyo sucesor se espera que sea su segundo hijo (el príncipe Rahim Aga Khan), se quedó de pie. Fue el principio de una serie de actos poco convencionales.

En 1962, por ejemplo, con su Volkswagen Escarabajo llegó a una playa desierta en el norte de Cerdeña, que había avistado días antes desde su yate. Arena blanca y fina, agua cristalina, un entorno salvaje e incontaminado. Los pastores lo llamaban Porto Cervo, porque allí solo vivían ciervos. La leyenda dice que paró al primero con el que se topó y le ofreció 5.000 millones de liras para quedarse con el lugar. La negociación, sellada entre cabras, convirtió al Aga Khan en uno de los personajes más codiciados por las legiones de paparazis de la época.

Un sueño ya sin brillo

El rey Juan Carlos saluda a Aga Khan a su llegada a Porto Cervo, en agosto de 1981. ampliar foto
El rey Juan Carlos saluda a Aga Khan a su llegada a Porto Cervo, en agosto de 1981.

El príncipe compró 3.000 hectáreas de rocas, matorrales y playas. Acto seguido, reunió a un grupito de amigos millonarios con los que proyectó y financió la construcción de un sistema urbanístico extremadamente detallado, pero respetuoso con el entorno: nacieron hoteles lujosos, discotecas, clubes de golf, se abrieron senderos privados de acceso al mar, explanadas de aterrizaje para jets y helicópteros Allí fue a atracar el yate Fortuna su íntimo amigo don Juan Carlos en el verano de 1981. En la década de los sesenta, la Costa Esmeralda —con Porto Cervo como joya de la corona— se convirtió en un rincón exclusivo y cosmopolita, donde los ricos y famosos del mundo entero prácticamente se sentían obligados a veranear. La princesa Margarita de Inglaterra, la actriz Catherine Deneuve, Grace Kelly con Rainiero de Mónaco, el actor y director Ugo Tognazzi o el beatle Ringo Starr pasaron veranos en aquellos parajes.

Pero hoy el sueño ha perdido aquel brillo. Incluso su fundador lo abandonó. En 2014, Shah Karim al-Hussayni vendió su mansión de tres plantas escondida entre pinos y rocas: mil metros cuadrados para 13 habitaciones, el doble de jardín y bosque, muelle privado para barcos de hasta 18 metros de largo, garaje y varias piscinas. La época de las mil y una noches se terminó.

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