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<i>The Lobster</i> (2015, Yorgos Lanthimos) ofrecece una distopía en la que hombres y mujeres son obligados a encontrar pareja, alguien con quien compartan una característica inequívoca, como por ejemplo la miopía. La presión para encontrar esa media naranja llega al punto de que quienes no lo consiguan serán reencarnados en un animal. No hemos llegado a la aniquilación de los solteros, pero el apremio tecnológico no es desdeñable: aplicaciones que te chivan con quién te has cruzado en el día, otras en las que se puede rechazar o aceptar perfiles con un simple movimieto de pulgar..., todas con algo en común: poner el móvil y la agenda a trabajar para no <i>quedarse soltero</i>. Con todo, según el análisis de 814 estudios que presentó la doctora Bella DePaulo <a href="https://www.universityofcalifornia.edu/news/what-no-one-ever-told-you-about-people-who-are-single" target="_blank">en la conferencia anual de la Asociación Americana de Psicología</a>, a los <i>singles</i> no les va nada mal; más bien podría decirse que tienen unas cuantas fortalezas de las que carecen quienes tienen pareja. Si está <i>solo</i> estos datos le reforzarán en la idea de que no tiene por qué sucumbir a los estándares; si tiene pareja quizá sienta algo de envidia, pero no tendrá que reencarnarse en ningún crustáceo.
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Seis razones científicas por las que estamos mejor solteros

Aunque la sociedad se empeñe en lo contrario

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