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A ver quién aguanta la mirada gélida de este hombre

Giancarlo Esposito, Gus en ‘Breaking bad’, sabe que siempre estará marcado por ese pedazo de hielo que dio réplica a Walter White

Giancarlo Esposito Breaking Bad
Giancarlo Esposito posa para ICON con la fría mirada del vegano que sabe que un entrecot poco hecho no es una vaca casi viva.

Se levanta del sofá y clava su mirada en el entrevistador. “Intimida mirar a alguien fijamente a los ojos. Es incómodo. Sobre todo si dejo de sonreír y aparento estar estudiándote al detalle”, dice y luego suelta una carcajada. Giancarlo Esposito sale y entra del modo Gus Fring, su personaje en Breaking bad, con facilidad. Le trae a Madrid la promoción de Okja, película producida por Netflix y dirigida por el prestigioso Bong Joon-ho, responsable de The host o Mother.

El título es el nombre de una encantadora criatura gigante, entre cerdo e hipopótamo, criada para servir a la industria cárnica, pero protegida por una niña que no se resigna a que su amiga-mascota se convierta en filetes. En Okja, Esposito, que comparte plano con Tilda Swinton y Jake Gyllenhaal, vuelve a ser uno de los malos de la película.

“Bong quería algo de mi espíritu”, dice. Su fría elegancia y la mirada reptiliana con la que nos fascinó en Breaking bad, eso buscaba el director coreano. La mirada del supercerdo (así se llama oficialmente el animal) de Okja es en cambio muy humana. Desarmantemente humana, lo cual le da una enorme potencia emocional a la historia. “Uno no puede evitar replantearse sus hábitos alimenticios mientras ve la película”, dice el actor, que poco antes desmontaba la pregunta-chiste con la que el periodista intenta romper el hielo: “¿Es usted vegano?”.

Giancarlo Esposito (59 años) es de origen italiano (padre italiano y madre estadounidense), nació en Copenhague (Dinamarca) y se ha criado desde los seis años en Nueva York. Está divorciado y tiene cuatro hijos. El actor cuenta con una larguísima trayectoria profesional, pero se hizo enormemente popular gracias al Gustavo Fring de Breaking bad, antagonista perfecto del cada vez más imperfecto Walter White.

"Es un triunfo saberse reconocido como actor y no como celebridad, pero como persona me siento un poco celoso de ese tal Gus Fring de ‘Breaking bad’: ¡Es más famoso que yo!”

Ese personaje y esa serie supusieron para el actor un acceso automático al estrellato. “Es un triunfo saberse reconocido como actor y no como celebridad, pero como persona me siento un poco celoso de ese tal Gus Fring: ¡es más famoso que yo!”. Más carcajadas. Esposito desborda energía. En unos días en los que todo el mundo se queja del calor madrileño, él esta encantado. Hasta asegura que saldría a correr al aire libre si tuviese tiempo. Sin embargo, y pese a toda esa positividad, uno lo tiene delante y está tentado de decir lo mismo que tantos otros que se lo han cruzado por la calle: “¡Mira, tío, es Gus Fring!”.

Eso mismo habrá pensado alguno cuando haya visto Queridos blancos (Dear white people), la serie (también de Netflix) en la que ejerce de narrador. Su socarrona voz nos guía a través del brillante puzzle racial que Justin Simien ambienta en un campus estadounidense. La disyuntiva blanco-negro que retrata (y desafía) Simien también está presente en la vida de Esposito. “En América, o eres blanco o eres negro. Es una locura”, apunta. En su momento, el director Spike Lee (con quien trabajó en Haz lo que debas y Malcolm X) lo definió, irónicamente, como "afroeuropeo".

Curiosamente, Vince Gilligan, creador de Breaking bad, lo convirtió en su serie en chileno. Y en muy misterioso: si algo hacía que Gus Fring funcionase como supervillano era que sabíamos muy poco de él. Por eso cuando al actor le ofrecieron la posibilidad de recrearlo en Better call Saul, precuela de Breaking bad ahora en su tercera temporada, puso condiciones: “Quiero crear un nuevo Gus Fring, ese es el reto”.

Pero esto no quiere decir que se vaya a desvelar todo. “Incluso después de ver la tercera temporada de Better call Saul seguiremos sabiendo muy poco de Gus”, afirma, y luego bromea (o no) sobre una serie imaginada por él y titulada The rise of Gus (El ascenso de Gus), en la que se contaría de verdad la historia del personaje.

Su final ya lo vimos en Breaking bad. Un día Vince Gilligan le llamó a su despacho, “y todos los actores sabemos qué significa eso”, recuerda. Consiguió que el productor se dejase de rodeos y le soltase un “queremos matarte” muy claro. Eso fue al principio de la cuarta temporada, la última con Gus a bordo, así que el actor conocía con antelación el destino de su personaje. Actor y productor estaban de acuerdo en que la muerte de Gus tenía que ser “una muerte icónica”, concluye Esposito, quien, sí, es vegano. Y no muy alto, pero cuando te mira fijamente y deja de sonreír, como si estuviese estudiándote al detalle…

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