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Las propuestas lepenistas de Theresa May

La primera ministra británica duplica la tasa por contratar extranjeros y endurecerá los requisitos para la visa de estudiante

Theresa May, el viernes pasado en Edimburgo presentando su programa electoral.
Theresa May, el viernes pasado en Edimburgo presentando su programa electoral. REUTERS

Quiénes queréis que gobierne América, la clase política corrupta o la gente?”, preguntaba Donald Trump justo antes de ganar las elecciones. Como bien han teorizado ya los estudiosos, el populismo disfruta de un gran éxito gracias al antagonismo que plantea; ese permanente “nosotros” frente a un enemigo exterior, que puede ser la clase política corrupta, “la trama” o, en el extremo más insoportable (y tribal), el extranjero.

El extranjero tiene la culpa de todos los males. Así lo ve Marine Le Pen. Cerrando las fronteras, impidiendo la entrada a los inmigrantes, dificultándoles la reagrupación familiar, penalizando a las empresas que les contraten o se instalen fuera y terminando de una vez con lo que “otros” deciden en Bruselas, Francia volverá a ser una nación soberana y los franceses serán más felices.

Si este discurso es tachado de populista y xenófobo, ¿entonces cómo hay que calificar el de Theresa May en el Reino Unido? La primera ministra británica lanzó el jueves pasado su programa electoral. Se titula Nuestro plan para un Reino Unido más fuerte y un futuro próspero. De nuevo, el rechazo al extranjero se presenta como receta mágica. La prosperidad llegará poniendo coto al inmigrante, especialmente al poco cualificado. Las empresas que contraten a ciudadanos no comunitarios pagarán una tasa duplicada (2.000 libras anuales). Se endurecerán los requisitos para obtener visa de estudiante y se controlarán mejor las fronteras para frenar las entradas de los ciudadanos europeos.

Poco importa que los expertos adviertan de que reducir drásticamente la inmigración en el Reino Unido será perjudicial para su economía. Tampoco se escuchan los razonamientos acerca de cómo se encarecerán los productos de importación con las estrategias de nacionalismo económico que propone el Frente Nacional. Se desoyen los datos cuando se explica que los peores atentados terroristas los cometieron franceses nacidos y educados en Francia y que, por tanto, privar de nacionalidad al terrorista extranjero suena duro, pero es estéril. En el populismo hay poco espacio para el análisis y la solidaridad. Francia y Reino Unido son dos de los países más prósperos del mundo y de sobra es conocido el miedo de los ricos a perder una mínima parte de todo lo que poseen. Es el resorte que ha funcionado en la primera potencia mundial con su plan de erigir muros y frenar la inmigración. Hoy, por cierto, no gobierna allí la gente, sino Trump y su familia.

Observando la actitud siempre cicatera de la política europea del Reino Unido, una concluye que quizá este país nunca debió entrar en el club contraviniendo el deseo general de su población. Ahora, con May a la cabeza, la mayoría considera que los británicos serán más felices fuera de la Unión Europea. Ojalá lo consigan. De momento, al otro lado del canal de la Mancha ha ganado una opción mucho más sensata y solidaria. Y eso va a hacer feliz a mucha más gente. Veremos.

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