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África: escuchar la llamada

El futuro del continente pasa por una apertura al mercado internacional y por despejar la imagen negativa que se tiene sobre él

África y sus perspectivas fueron el motivo de la conferencia internacional organizada por el Real Instituto Elcano en Madrid.
África y sus perspectivas fueron el motivo de la conferencia internacional organizada por el Real Instituto Elcano en Madrid.

Tendemos a hablar de África en genérico. Como un ente uniforme. Cierto que la globalización ha acortado la distancia entre dos puntos y ha homogeneizado el paisaje cultural. Pero a pocos se les ocurre referirse a un país sudamericano sin prefijo o no especificar a la hora de mencionar uno europeo. El continente de 54 Estados y más de 30 millones de kilómetros cuadrados soporta un singular cargado de tópicos: corrupción, enfermedades, pobreza, guerra, peligros. Avanzado el siglo XXI y con una economía que no entiende de fronteras, es hora de escuchar su llamada.

África y sus perspectivas, tema a tratar en la próxima reunión del G-20 en Alemania, fueron el motivo de la conferencia internacional organizada por el Real Instituto Elcano (RIE) la semana pasada. Casa Árabe, en Madrid, albergó el encuentro, centrado en los cuatro pilares que definen actualmente el futuro de las naciones: estabilidad y conflictos, transformación digital, yihadismo y cooperación. Rompió la sesión Emilio Lamo de Espinosa, presidente del RIE: "Hay muchas oportunidades para empresas locales y extranjeras", señaló, "y despegará gracias a sus ciudadanos. No dejemos que otros ocupen nuestro lugar".

Oportunidades, pero también desafíos. Para la empresa privada, el continente ofrece retos y ventajas, apuntó Lamo de Espinosa. "La política exterior de Europa ya es doméstica para España. En África hay 400 millones de jóvenes; aquí, 700 y más bien envejecidos. Tenemos que cambiar la imagen que tenemos de ella", añadió Ildefonso Castro, secretario de Estado de Asuntos Exteriores. "La xenofobia no tiene cabida en nuestra sociedad. Y aunque sorprenda, España exporta más a África que a Sudamérica", subrayó antes de desglosar algunos datos. Por ejemplo, que el producto interior bruto (PIB) del continente creció un 5,4% entre 2000 y 2010 (con un descenso al 3,3% posterior debido a las revueltas del norte); que lo hará un 4,2%, según prevé el Foro Económico Mundial, o que 186 millones de personas se mudarán de un entorno rural a las ciudades.

"Se podría comparar su situación con la de América Latina en los ochenta: la deuda exterior suponía más del 50% del PIB; había guerra en tres países y conflicto armado en otros cinco; y existían regímenes dictatoriales", enumeró, anunciando que, no obstante, "se puede decir que la situación está mejor" al no haber un enfrentamiento en bloques como el de la Guerra Fría de entonces. Aunque la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) destaca 25 conflictos en el continente, Castro expresó convencido que "si se pudo hacer allí, se puede ahora". "La democracia es el mejor baluarte contra el extremismo. Dinamismo, crecimiento y estabilidad, eso debe ser el futuro", resolvió, aludiendo a las 600 compañías españolas establecidas allí y a las 1.500 con relaciones.

Y aunque sorprenda, España exporta más a África que a Sudamérica

Ildefonso Castro, secretario de Estado de Asuntos Exteriores

Con solo un país (Sudáfrica) entre los miembros de G-20, África será el hilo conductor del grupo, con la cita el próximo julio de Hamburgo y la pasada cumbre de Roma, anunció Kristin De Peyron, jefa de división de los Asuntos Panafricanos del Servicio Europeo de Acción Exterior. De Peyron subrayó que "hay que superar escollos como el desplazamiento obligado o la inestabilidad" para aprovechar su "enorme potencial". "No hay desarrollo sin paz, ni paz sin desarrollo", ilustró, poniendo como objetivos un mayor impulso de la cooperación y solucionar los problemas del Sahel.

Estos se deben, principalmente, a las consecuencias de las revoluciones árabes, iniciadas en Túnez a principios de 2011, y a la "reconfiguración del yihadismo en la zona occidental del Sahel". Así lo apuntó Fernando Reinares. El director del Programa sobre Terrorismo Global del RIE habló de "expansión del fenómeno y de incremento de la actividad". Se refería, puntualizó, a la estrategia "deliberada" de Al Qaeda en el Magreb en un contexto de rivalidad con el Estado Islámico y de inestabilidad, como pasó en el norte de Malí. "Argelia fue el foco original de las acciones terroristas hasta que se extendieron. Ahora se trata de que los países afectados mejoren sus condiciones de seguridad y defensa e incidir en aquellas circunstancias socioeconómicas susceptibles de generar radicalismo", defendió.

La cura: evitar el descontento o la frustración, engranajes perfectos del extremismo. ¿Cómo? "Necesitamos una transformación estructural en educación, agricultura y energía", propuso Grace Obado, directora de Africa 2.0 International Foundation. Uno de los mejores métodos se está dando casi de forma natural. Y es gracias a los móviles. En el continente hay 800 millones de terminales, cuando hace 50 años solo había 40.000 teléfonos. Se ha pasado a lo digital sin casi estadio analógico. Y los consumidores entienden que este aparato ya no es solo para llamar a los padres, sino para comprar cosas o predecir acontecimientos, explicó la keniata residente en España desde hace años. Desde su posición de bisagra entre dos mundos, Obado apostó por la penetración de internet entre la población, disipando la brecha de género (que ahora se sitúa en un 43% de usuarios masculinos frente al 30% femenino).

Con solo un país (Sudáfrica) entre los miembros de G-20, África será el hilo conductor del grupo

"Se tiene que garantizar la cohesión social. Mi receta siempre es el diálogo", afirmó la expresidenta Interina de la República Centroafricana Catherine Samba Panza, a la que en su momento se le atribuyó la posibilidad de "salvar el país". "La pérdida de la confianza entre las personas, la dominación entre grupos étnicos o religiosos son fuente de conflictos nacionales", continuó, "junto a la falta de terreno y la megalomanía de los dirigentes, que es lo que hace la mala política". Apodada madre coraje y primera presidenta mujer del país centroafricano, se empeñó en recordar que África tendrá 2.000 millones de habitantes antes de 2050 y que si no se actúa contra pandemias como el VIH o la malaria, puede cumplirse una "predicción sombría" de guerras a punto de estallar.

¿Qué hacer? "Estudiándonos a nosotros mismos", contestó Jordi Bacaria, director del Centro de Barcelona para Asuntos Exteriores (Cidob), "y negociando con otros continentes, fomentando la integración regional y endureciendo las asociaciones". "África es muy heterogénea, geográfica y culturalmente. Y requiere un banco de información común", resumió, devolviendo aquella máxima de que "África no es un país", que diría Ryszard Kapuscinski, y coincidiendo con Ignacio Cartagena —subdirector general del África Subsahariana en el Ministerio de Exteriores— en que no hay que promulgar "fórmulas mágicas" sino "acompañar de la mano en el emprendido camino de paz y prosperidad". Escuchar la llamada, en definitiva, de un continente en el que siete países aparecen en la lista de los 10 que más han crecido en el mundo y donde nacerá uno de cada tres niños futuros. A ser posible, sin tópicos ni generalizaciones.

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