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300

Hay votantes que prefieren aliarse con la mentira antes que esforzarse por comprender alguna verdad

Emmanuel Macron a su llegada a las instalaciones de la multinacional Whirlpool.
Emmanuel Macron a su llegada a las instalaciones de la multinacional Whirlpool. REUTERS

Trescientos trabajadores de la multinacional Whirpool abuchearon al candidato francés a las presidenciales del domingo, Macron, cuando visitó sus instalaciones. En cambio, Marine Le Pen se presentó en la fábrica y logró una ovación cerrada. El distinto recibimiento se debía a una obviedad. La empresa amenaza con llevarse la fábrica a Polonia. Macron defendió la libertad de mercado europeo y apeló a reforzar la creación de empleo en la nación sin ir contra los socios comerciales. Su rival les prometió que con ella en el poder la planta no se trasladaría de país y salvaría sus 300 empleos. Si queríamos analizar cómo de eficaz puede resultar una mentira no tenemos mejor ejemplo. Aquellos 300 trabajadores sabían que Marine Le Pen les estaba mintiendo, que nadie puede frenar, salvo con subvenciones directas, el traslado de una fábrica que pertenece a una multinacional norteamericana con centros de producción en multitud de países, con marcas y líneas de electrodomésticos distribuidas a lo largo y ancho de la Unión Europea, y, sin embargo, esos trabajadores querían que los mintieran.

Esos 300 trabajadores son la mejor muestra de encuesta para entender el Brexit, el triunfo de Trump y el ascenso del populismo en países de democracia sofisticada pero cuyos votantes prefieren aliarse con la mentira antes que esforzarse por comprender alguna verdad. El empleo es, por razones obvias, uno de los polos hipersensibles en la economía de un país. Es la creación de empleo la asignatura pendiente de todos los estadistas, que se enfrentan, sobre todo, a una enfermiza dinámica financiera y a una revolución tecnológica que cercenan de manera brutal la preservación de puestos de trabajo y las condiciones laborales de quienes se incorporan. Las reformas son complejas porque los ciudadanos, cuando son consumidores, se olvidan del vínculo brutal de su modo de compra con el mercado laboral, y cuando son trabajadores, prefieren ignorar el renovado panorama mercantil y emparentar el futuro con la nostalgia.

La mentira entonces es piadosa, sedante y seductora. Esos 300 obreros de Amiens quieren una respuesta personalizada, simple y que implique la salvaguarda de su modo de vida. No quieren escuchar que tienen trabajo porque su empresa es internacional y vende al mundo electrodomésticos. Quieren que les digan Francia primero, tú primero, lavadoras nacionales, autosuficiencia, frontera. No quieren la verdad, quieren ser importantes para alguien. Les engañan, pero quizá elegirían otra opción si les ofrecieran una respuesta alternativa, porque mentira y emoción comparten un circuito neuronal.

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