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Cataluña: choque de trenes o partida de ajedrez

Los tribunales han sido prudentes al imponer penas de inhabilitación a los exdirigentes catalanes

El expresidente Artur Mas, junto a Joana Ortega e Irene Rigau, tras hacerse pública la condena de inhabilitación.
El expresidente Artur Mas, junto a Joana Ortega e Irene Rigau, tras hacerse pública la condena de inhabilitación.

En un reciente acto del PSOE un orador que representaba oficiosamente a los afiliados del PSC nos volvió a contar una de las metáforas más repetidas para el análisis de la actual situación catalana, la del choque de dos trenes que circulan a gran velocidad por una misma vía en direcciones opuestas, condenados a enfrentarse con grandes pérdidas por uno o los dos lados en conflicto. Dentro de la metáfora, los socialistas catalanes se adjudicaban el papel de la Cruz Roja para asistir a los heridos y restablecer los derechos de los ciudadanos afectados.

Sin duda, la metáfora es muy representativa de la actividad del Govern de la Generalitat y de la pintoresca coalición de independentistas, que recorre desde empresarios y políticos procesados por corrupción hasta anarcoestatistas de la CUP. No obstante, creo sinceramente que la máquina se mueve a una velocidad enormemente desigual según las partes del trayecto. Circula muy deprisa por las normas jurídicas, mientras que las actuaciones concretas de desconexión (dejar de pagar impuestos a la AEAT) dan la impresión de encontrarse casi varadas. En cuanto a la movilización social para defender el proceso, no se sabe si avanza o retrocede, en función de cual sea la velocidad asignada en momentos anteriores.

Yo soy jugador de ajedrez, y como soy relativamente modesto, mi adversario preferente es mi ordenador. He llegado al nivel ocho, y cuando estaba en el nivel siete me apercibí de algo interesante: si tienes paciencia, repites las jugadas evitando equivocaciones y te atrincheras en posiciones seguras, la máquina está programada para cometer un error que evite las tablas por reiteración de movimientos. Está, como diría Esopo, en su naturaleza, en su programación. Y entonces ganas la partida.

El error que se busca desde el independentismo catalán es la evidente solidaridad que provocaría una decisión judicial contra uno de los autores institucionales del procés. Hasta ahora, los tribunales han estado en su sitio, es decir, en la prudencia, y no han caído en la dramatización de pensar en que para hacer justicia era necesario que pereciera el mundo. Las sentencias imponen penas de inhabilitación, esquivando con el non bis in ídem las penas de cárcel por malversación, se discute si en primera instancia las penas son o no directamente ejecutivas, siendo razonable la espera de una confirmación por el tribunal de apelación, y no hemos fabricado todavía ningún mártir.

Una sentencia condenatoria que supusiera el ingreso en prisión de uno de los acusados más ilustres podría hacer retroceder  lo conseguido en los últimos meses

En cuanto al Gobierno de España, salvando las patochadas impresentables del ministro Fernández Díaz y su policía patriótica, digna a la luz de como contestan a los tribunales de una secuela de las películas de los hermanos Marx, también se ha mantenido en una razonable moderación. Y hasta algunos presidentes de comunidad autónoma famosos por su desparpajo a la hora de los juicios políticos sobre Cataluña han estado razonablemente en un sitio discreto.

Pero no pensemos que en cualquier momento un tribunal iluminado pase a la historia por considerar el derecho como fuente de todos los remedios. Ya lo hizo el Tribunal Constitucional en su día. Una sentencia condenatoria con motivaciones políticas que supusiera el ingreso en prisión de uno de los acusados más ilustres podría hacer retroceder (visto desde otro punto de vista, avanzar) todo lo conseguido en los últimos meses. La situación económica mejora, las declaraciones solemnes de puro repetidas se convierten en hueras, tenemos pendientes múltiples casos por corrupción que deberían resolverse antes (al menos en el imaginario ciudadano). Fabricar un mártir no sería un crimen, sino algo peor, un dramático error.

Dos años después de mi afiliación al Partido Socialista me inscribí en Amnistía Internacional, de la mano de la primera presidenta de la sección española.El otro día, un compañero de AI me preguntaba cómo reaccionarían otras secciones ante una sentencia así. Sería posible, por ejemplo, que para alguna fuera muy claramente un preso de conciencia. Vamos hombre, las personas con dos dedos de frente deberíamos recordar la historia: el primer punto del programa electoral con que concurrió a las elecciones el Frente Popular en 1936 era la amnistía para los condenados de la revolución fallida de 1934, una revolución obrera y también la primera declaración de la República Catalana. Un acto ilegal, pero que hizo solidarizarse con sus responsables a toda la izquierda española. Casi mejor no tropezamos dos veces en la misma piedra.

 Octavio Granado fue secretario de Estado de Seguridad Social entre 2004 y 2011.

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