Hartos de los políticos pero nunca de la política

Francia vive con verdadera pasión la campaña electoral y todo el juego de poder en torno a ella

Los candidatos presidenciales: Francois Fillon, Emmanuel Macron, Jean-Luc Melenchon, Marine Le Pen y Benoit Hamon.
Los candidatos presidenciales: Francois Fillon, Emmanuel Macron, Jean-Luc Melenchon, Marine Le Pen y Benoit Hamon.PATRICK KOVARIK / AFP

En otros países se habla del partido de fútbol del día anterior o del tiempo. En Francia no es raro escuchar en la calle, en el metro o en los cafés conversaciones sofisticadas sobre política. En un mismo día puede cazarse al vuelo una conversación entre una pareja de veinteañeros sobre las elecciones legislativas, que llegarán en junio tras la doble vuelta, en abril y mayo, de las presidenciales; y otra entre una pareja de mediana edad sobre el gabinete negro,la expresión de la semana, que se refiere a la supuesta existencia de una célula clandestina en el palacio del Elíseo para aniquilar políticamente a los rivales del presidente, François Hollande. Al día siguiente, un matrimonio de Nantes, de turismo en París, diserta en un café sobre la crisis de los socialistas, el centrista Emmanuel Macron y Donald Trump.

El debate a cinco bandas del lunes —tres horas de sesudos intercambios con esporádicos momentos de tensión real— tuvo casi 10 millones de telespectadores, y L’Émission politique —programa estrella de la televisión, dos horas largas con el conservador François Fillon de invitado— obtuvo más de tres, casi un 15% de la audiencia. Fue allí donde Fillon lanzó la teoría de la conspiración sobre el gabinete negro, basándose, dijo, en Bienvenue place Beavau, un libro recién publicado sobre los misterios del Ministerio del Interior, cuyas ventas se dispararon de inmediato. El columnista de Le Monde Gérard Courtois describe el fenómeno en Parties de campagne: las campañas presidenciales son el “gran teatro francés de la política y del poder” y casi siempre cuelga el cartel de sold out, todo vendido. Tal es el éxito del espectáculo.

Esto no significa que vuelvan a escucharse los lamentos sobre la abstención. Pero la participación suele rondar el 80%, un nivel soñado en otras democracias. Como escribe el filósofo Michel Onfray en su último libro, Décoloniser les provinces, “los franceses están hartos de los políticos, pero no de la política”.

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