Tribuna
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Nigeria: el año del hambre

540.000 niños pueden morir de desnutrición este año si no lo impedimos

Una madre y su hijo en el campo de Dikwa.
Una madre y su hijo en el campo de Dikwa.FLORIAN PLAUCHEUR (AFP)

Veinte millones de personas (el equivalente a casi la mitad de la población española) han sido directamente impactadas por el conflicto entre Boko Haram y el gobierno nigeriano en el país más poblado de África. 400.000 personas estás técnicamente en situación de hambruna (aún no declarada) en el Estado de Borno y todo apunta a que 540.000 niños y niñas menores de cinco años podrían morir de desnutrición severa en 2017 si no hacemos nada para impedirlo.

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El secuestro de las 200 niñas de Chibok en 2014 se convirtió en fenómeno de indignación viral con el hashtag #Bringbackourgirls pero las organizaciones humanitarias no encontramos etiqueta ni calificativo capaz de describir el panorama que encontramos en verano de 2016, cuando pudimos por fin acceder a las zonas antes controladas por Boko Haram y entender el alcance humanitario de la violencia del grupo radical. Historias de asesinatos, violaciones, campos quemados, aldeas arrasadas y una huida masiva hacia los países entre los más pobres del mundo (105.000 en Níger, 87.000 en Camerún, 8.000 en Chad), los que rodean el lago Chad. A la violencia de Boko Haram se suma la intervención del Ejército nigeriano, que ha priorizado el avance militar sobre la respuesta humanitaria. Todavía hoy cuatro provincias en el estado de Borno permanecen inaccesibles y miles de personas han huido del campo para concentrarse en una veintena de ciudades recuperadas por el Gobierno, procesando sus traumas en campos militarizados. En las comunidades más alejadas se está formando una tormenta perfecta para que el hambre pueda cebarse con la vida de los más pequeños.

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El 24 de marzo los donantes se reunieron en Oslo y prometieron desembolsar un tercio del dinero que se necesita (la ONU ha pedido 1.415 millones de euros). Es un principio, y lo importante ahora, en esta situación de urgencia en la que muchas vidas dependen de ello, es que ese dinero llegue, y que llegue pronto. De todas formas de poco sirve tener dinero si no se garantiza también el acceso humanitario, si no logramos que las organizaciones podamos llegar hasta la gente que precisa la ayuda. Hay amplias zonas bajo control de Boko Haram en las que el apoyo a la población es sencillamente imposible.

Todo apunta a que en 2017 el hambre podría morder fuerte en África. Contener la crisis de Nigeria y lago Chad debe ser una prioridad para la comunidad internacional. Treinta organizaciones humanitarias presentes en la zona hemos elaborado una hoja de ruta en siete puntos para marcar una dirección, a saber: situar la protección de la población civil en el centro de la respuesta, ampliar la respuesta alimentaria en Nigeria y la región, incrementar el acceso a una mayor y mejor educación, salvaguardar el espacio humanitario, fortalecer el liderazgo de la respuesta y mejorar la coordinación humanitaria, garantizar retornos voluntarios, seguros y dignos y desarrollar la resiliencia e incrementar la capacidad local.[1] No podemos fallar otra vez.

Olivier Longué es director general de Acción contra el Hambre. José María Vera es director general de Oxfam Intermón. Andrés Conde es director general de Save the children

[1] Texto completo disponible en las web de Acción contra el Hambre, Oxfam Intermón y Save the children

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