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Crear moda y puestos de trabajo

Por la pasarela madrileña también desfilan los modelos de negocio de los diseñadores. Del taller a medida de Teresa Helbig a la venta internacional de Ana Locking

Desfile de la diseñadora Ana Locking, durante la segunda jornada de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.
Desfile de la diseñadora Ana Locking, durante la segunda jornada de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. EFE

La pasarela de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid ha sido este sábado un catálogo, pero no de tendencias si no de los distintos modelos de negocio que los diseñadores españoles ensayan para salir adelante. Un recordatorio del titánico reto que se ha impuesto su nueva directora, Charo Izquierdo, y que no es otro que convertir la cita en un lugar de encuentro entre los distintos actores de la industria textil española. Como recuerda la experiodista, este esquizofrénico sector representa el 3% del Producto Interior Bruto, y engloba, por un lado, a algunas de las empresas más poderosas del mercado -Inditex, Mango, Pronovias- y, por otro, a modistos que sobreviven gracias a la costura a medida y las licencias.

La barcelonesa Teresa Helbig combina con sensatez y mimo estas dos actividades. En septiembre lanzó tres colonias de alta gama (145 euros) con la compañía perfumera Carner y este sábado ha presentado una colección en la que, como siempre, despliega todo el virtuosismo artesanal de su taller: vestidos de terciopelo bordados con minúsculas perlas, chaquetas de frac, trajes sastre maravillosamente construidos y, como ella misma dice, los imprescindibles ‘helbigs’: piezas delicadas y femeninas, que su creciente clientela busca temporada tras temporada. Su trabajo no resulta nunca sorprendente por lo inesperado del discurso creativo, si no por lo extraordinario que resulta encontrar ese nivel de calidad en la cita madrileña.

En el otro extremo del espectro empresarial se encuentra Andrés Sardá. La firma de corsetería catalana está presente en 25 países con más de 500 puntos de venta. En 2008 fue adquirida por el grupo belga Van de Velde y, tras sufrir un proceso de reestructuración hace dos años, está centrada en su línea más exclusiva. La misma que ha mostrado hoy en una presentación inspirada en la Revolución Francesa. Todo un despliegue de cancanes, corsés y saltos de cama vaporosos.

Entre estas dos formas de entender el negocio de la moda, desfilan por la pasarela madrileña infinitas variaciones de ambas. En su mayoría, más voluntariosas e imaginativas que eficientes. Miguel Marinero continúa con su atelier de peletería; y Roberto Torretta mantiene varias licencias de gafas, joyas, perfumes y vajillas.

Desfile de Moisés Nieto.
Desfile de Moisés Nieto. WireImage

El talentoso Moisés Nieto ha construido su propuesta a partir de sencillos pero apetecibles vestidos en lúrex y cinturones con frases míticas de películas de David Lynch como “Fuego camina conmigo”. Se trata de prendas pensadas para vender en su tienda online, donde, nada más terminar el desfile, ofreció una edición limitada de 50 bufandas a un precio de 60 euros. Un guiño al see now, buy now (lo veo, lo compro) que, en realidad, esconde una herramienta de márketing digital.El ubedí también mostró un adelanto de su nuevo proyecto: 2Studio, una marca que combina ropa masculina y objetos de diseño, y que presentará en marzo junto a su socio y pareja, Valerio Canals. El diseñador cuenta que se encuentra en negociaciones con cadenas como Neiman Marcus y Opening Ceremony. “Las ferias, a las que van las boutiques multimarca en busca de nuevas firmas, funcionan cada vez peor, por eso tenemos que idear alternativas”, se queja.

En París, donde acuden los distribuidores internacionales para realizar la mayor parte de sus compras, Ana Locking ha optado por “alquilar la suite de un hotel” y organizar reuniones con clientes que ha contactado y citado previamente. “Cuatro días en una feria como la francesa pueden costarte 6.000 euros. Antes de gastarlos debes pensar si les vas a sacar partido y cuánto tienes que vender para cubrir ese gasto”, sentencia Alexandra Pisco. Esta consultora dirigió durante nueve años una de las incubadoras de empresas de moda más prestigiosas de Europa, la francesa Maisons de Mode, y ha sido invitada por la MBFWM en calidad de asesora.

Vestir la primera fila

Victoria Abril en el desfile de Andrés Sardá.
Victoria Abril en el desfile de Andrés Sardá. AP

María R. López

Uno de los objetivos de la nueva dirección de MBFWM es dar protagonismo internacional y empresarial a la pasarela. El reto pasa por reunir a personalidades relevantes del mundo de la política, los negocios y el arte. En la jornada del viernes, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y la presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes, ocuparon el front row de María Escoté y Maya Hansen, y de Agatha Ruiz de la Prada, respectivamente. Sin embargo, todavía escasean las personalidades en las primeras filas de los desfiles. Los flashes y aplausos de esta edición ya tienen nombre y apellidos: Victoria Abril, que ha desfilado este sábado para Andrés Sardá. La actriz, que reside en París y es musa de Jean Paul Gaultier, tiene un consejo: “Todo depende de a quién llames, del attaché de presse [jefe de prensa, en español]”, asegura. El cambio en Cibeles es de cocción lenta y disfrute rápido, y muchos salivan por más rostros de caché.

En su opinión, antes de lanzarse al mercado internacional como también ha hecho Menchén Tomás, las firmas deben tener las cuentas claras y sus talleres y proveedores preparados. “Muchas boutiques temen al ser pequeñas no puedan entregarles el pedido a tiempo o con la calidad esperada. Compran con más facilidad si les convences de tu profesionalidad”, continúa.

Uno de los grandes males que aqueja al sector reside, según Pisco, en pensar que el único camino para diseñar pasa por fundar una marca. “Cuando lo haces te conviertes en un jefe de negocio. Debes tener un espíritu emprendedor, arriesgado y estratégico. Si no lo posees, trabaja para una firma que te guste. Muchas de las que se arruinan a los diez años no lo hacen porque vendan poco sino porque han fijado mal sus precios o por problemas puramente administrativosSiento decirlo, pero hay mucha gente con marcas que no debería tenerlas”, sentencia.

Desde luego a Locking le sobra audacia y tesón. Ayer, las mangas de sus abrigos y chaquetas se retorcían como una monda de naranja sellada con botones. Y los escotes de sus camisas competían en longitud con las rajas de sus faldas. Además de su colaboración con el fabricante de gafas Yodel, vende en su web piezas a partir de 65 euros, como las sudaderas con cuatro mangas -dos largas y dos cortas-, las camisetas y los bolsos de algodón estampados con el leit motiv de su colección: All the power to the dreamer (todo el poder para el soñador). Y para el que contribuye al PIB.