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Pobres tildes

Últimamente me estoy dando cuenta de que, en general, a los españoles jóvenes nos cuesta mucho poner las tildes. La tilde, esa rayita oblicua que se tarda muy poco en escribir. Es comprensible que alguna tilde diacrítica se nos escape, pero que no pongamos tildes en palabras como además, útil… no se puede aceptar. Me gustaría recordar que poner tilde a las mayúsculas, si corresponde, es obligatorio; por tanto, Álvaro, Ángel y otros nombres propios llevarán tilde. Y recuerden que no pasa nada por perder una milésima de segundo (tiempo que tardas en escribir una tilde).— Íñigo Ríos Arroyo. Madrid.

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