Huida al izquierdismo
La izquierda de gobierno, encarnada por el derrotado Valls, no ve futuro en el giro de Hamon

La victoria del izquierdista Benoît Hamon en las primarias socialistas de Francia no resuelve la división en este partido, que es el problema planteado más allá de las elecciones presidenciales y legislativas. Hamon obtiene la legitimidad de representar al Partido Socialista contra el aparato que sostenía al ex primer ministro, Manuel Valls, pero sus posibilidades de triunfo son más que limitadas. Una primera condición sería el alineamiento de todas las facciones y corrientes socialistas detrás del candidato electo; lo que puede temerse, más bien, es alguna escisión.
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La izquierda de gobierno, encarnada por el derrotado Valls, no ve futuro en el giro marcado por Hamon, que propone aumentar un salario mínimo que ya es el doble del español y apuesta por una renta universal para toda la población o tasas a la riqueza creada por los robots. Sin perjuicio de su novedad en el terreno social, tampoco son la prioridad para otras corrientes de izquierda, más partidarias de apoyarse en la cultura del trabajo y del crecimiento que en subsidiar a todos los ciudadanos. La coalición de intereses y arreglos de cuentas formada para cerrar el paso a Valls explica en parte el alineamiento en torno al candidato electo. De cara a las elecciones es probable que se plantee la tentación de fuga de votos hacia el centrista Emmanuel Macron, que conduce una candidatura personal tras haber abandonado el Gobierno socialista.
Más allá de las citas con las urnas, lo que la izquierda tiene que decidir es si conserva la cultura de gobierno que tanto le costó adquirir y se opone eficazmente no ya a la derecha de siempre, sino a la creciente agresividad de la extrema derecha; o le basta con refugiarse en debates partidistas secundarios para la ciudadanía y, tal vez, deslizarse hacia una formación política no muy diferente a lo que representa Corbyn en Reino Unido. Es un debate clave en Francia, pero también en toda Europa.
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