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Triunfa el teléfono tonto

En ‘Caída en picado’, rnde Black Mirror, rnla sociedad se jerarquiza según la puntuación que rnse otorga a través del móvil.
En ‘Caída en picado’, de Black Mirror, la sociedad se jerarquiza según la puntuación que se otorga a través del móvil.
Un móvil sin Internet demuestra que estar desconectado es mejor.

DISTRAÍDO? Concéntrate. Con este sencillo reclamo, la firma Punkt presenta su MP01, el Dumb Phone creado por el prestigioso diseñador inglés Jasper Morrison (que lucha por hacer populares los diseños más sofisticados), un móvil ultraligero y ultramoderno que carece de GPS y de conexión a Internet. Una idea que tiene detrás una razón: la necesidad que tiene la gente de desconectarse.

Ramón Sangüesa: “Es la mentalidad de la evaluación continua que viene a remarcar el hecho de que tus actividades te definen como un objeto mercantil".

“A través de nuestros teléfonos estamos siendo observados constantemente”, explica Ramón Sangüesa, investigador en inteligencia artificial por la Universidad Politécnica de Cataluña y una de las personas que se encuentran en proceso de cambiar su smartphone por uno de estos móviles tontos. “Cada vez que opino, hago una búsqueda o simplemente camino dejando mi rastro en Google Maps, doy a las compañías una cantidad de información que a mí me reditúa en poco más que en el tipo de anuncios que recibo. De hecho, la personalización de mis búsquedas lo que hace es empobrecerlas. Lo que yo desearía es que fueran lo más diversas posible”. En uno de sus últimos episodios, la serie televisiva Black Mirror fantasea con un mundo en el que la gente puntúa cada interacción que tiene con el prójimo de manera que cada persona obtiene una nota que le permite acceder a algunos círculos y a otros no (la urbanización en la que la protagonista desea vivir, por ejemplo, exige una puntuación que ella no alcanza). En opinión de Sangüesa, se trata sólo de otra vuelta de tuerca a una realidad que ya nos acecha. “Es la mentalidad de la evaluación continua”, explica, “que viene a remarcar el hecho de que tus actividades te definen como un objeto mercantil, y que representa la extensión a la vida cotidiana de dos tendencias claramente definidas: la datificación de todos los aspectos de nuestra vida y el carácter comercial que esa datificación posee. Como si el afán clasificatorio de la mentalidad cientificista se hubiera aliado con el espíritu monetarizante del sistema capitalista para transformar todas nuestras interacciones –y a nosotros mismos– en meros objetos de intercambio”. Ya hay compañías de seguros que ofrecen bajar la prima a los que tuiteen mensajes optimistas, o que regalan fitbits (pulseras biométricas) a sus clientes con la intención de monitorizar sus actividades aeróbicas y cuantificar así los factores de riesgo a los que se exponen.

Desde que Sangüesa anunció que ya no tendría ni Messenger ni Whats­App en su móvil, la mayoría de sus conocidos lo interrogó, de manera más o menos explícita, acerca de si la decisión respondía a tener algo que ocultar, como si el mero hecho de no querer exhibirse implicara estar involucrado en actividades vergonzantes. “Lo único que puedo decirte es que estoy mucho más tranquilo. Tengo menos interrupciones y he ganado tiempo para mí”.

“¿Algo que decir? Llama”, reza otro de los mensajes difundidos por la compañía Punkt para dar a conocer su nuevo Dumb Phone. La verdad es que, bien pensado, no suena tan descabellada la pretensión de dejar la inteligencia del lado del usuario.