Columna
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La Consti

Con el tiempo, llegará a España el referéndum entre monarquía o república

Un ejemplar de la Constitución Española de 1978.
Un ejemplar de la Constitución Española de 1978. Luis Magán

En el referéndum constitucional del 78, yo me abstuve. El texto no me parecía mal en la (escasa) medida en que lo conocía, pero no pude aceptar la monarquía. Me sentía republicano, del régimen igualitario, laico, jacobino (¡claro!), de maestros y jueces, el de Jules Ferry y Léon Blum. Amigos mayores en sabiduría, republicanos pero realistas, me lo reprocharon: lo importante era alcanzar la democracia viable, no elegir a la carta lo más gratificante. Veo que tenían razón, pero no consigo arrepentirme de mi cabezonería. En cualquier caso, la inmensa mayoría de los votantes (el 90% contra el 8%) eligió que la jefatura del Estado no fuese electiva sino hereditaria. Y como la democracia consiste en que el precio de que nuestra voluntad cuente es que también cuente la de todos los demás, no hubo más remedio que acatar el resultado. Y ahí seguimos. De modo que no es de recibo que algunos diputados (a los que muchos no hemos votado, pero que aceptamos casi sin rechistar) aseguren que al Rey nadie le ha votado o nos informen vía camiseta que ellos no han elegido a ningún rey. Si hacemos bien las cuentas, el Rey fue el más votado de todos los que estaban en la apertura del Parlamento... Que esto se le escape al señor Cañamero, que es un hombre sencillo del campo (y de Alcampo, Mercadona, etcétera...) puede pasar, pero que parezcan ignorarlo exalumnos de José María Maravall o Antonio Elorza resulta escandaloso.

Con el tiempo, llegará a España el referéndum entre monarquía o república. Si yo alcanzo a votar (la criogenización logra milagros), a pesar de todo optaré por la república. Y seguro que hace como yo, harto de aguantar reyezuelos provinciales y parlamentarios chuscos, el propio don Felipe de Borbón.

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