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Un pueblo a lomos del teatro juvenil

La Fira de Teatre Infantil i Juvenil de les Illes Balears abarca obras desde para bebés hasta para adolescentes

"El público sigue al rebaño protagonista de la obra Trashumancia, de la compañía Xip Xap teatro"
"El público sigue al rebaño protagonista de la obra Trashumancia, de la compañía Xip Xap teatro"

Bleuenn Isambard y Pavel, su hijo de cuatro años, residen en Francia pero desde hace un año viajan por el mundo para asistir a diversos festivales de artes escénicas para niños y jóvenes. Su proyecto Todo un mundo. Teatro en ruta consiste en hacer una película que muestre hasta qué punto “el teatro enseña a vivir” dice Bleuenn que quiere incorporar la mirada de su hijo “un pequeño espectador en desarrollo” como hilo conductor de la cinta o, como ella dice, “como hijo conductor”. Ya han pasado por el King Festival, en Niznny Novgorod (Rusia), el Luaga und Losna, en Feldkirch (Austria) y el Micro Mondes, en Lyón (Francia). El pasado fin de semana aterrizaron en la Fira de Teatre Infantil i Juvenil de les Illes Balears.

La Fiet ha cumplido estos días 14 ediciones en el municipio mallorquín de Vilafranca de Bonany, una pequeña población agrícola con apenas 3.000 habitantes y que en cuatro días vende más de 16.000 entradas, completa el aforo en la mayoría de las 75 funciones que celebra y atrae a espectadores de toda la isla. Además, al haberse constituido como feria reúne a 75 programadores culturales y directores artísticos de todo el país e incluso algún extranjero, que acuden a estos eventos para ojear las nuevas creaciones y testar la acogida que el público les dispensa.

Hay varias ferias de esta naturaleza en todo el país pero la Fiet tiene una singularidad que la hace especial: el vínculo que se establece entre los habitantes del municipio (niños y adultos) y los artistas y gestores culturales que lo “invaden”, unas 200 personas que se alojan en casas de particulares durante la Fira. Vilafranca no tiene hoteles, es un pueblo de interior y en la isla, la inmensa mayoría se concentra en la costa, así que han convertido la necesidad en virtud y esas pernoctaciones han promovido una comunicación extraordinaria entre anfitriones y foráneos, entre teatreros y lugareños. Más de un centenar de voluntarios acreditan esa sintonía y entre estos, hay algunos jóvenes que, a su vez, fueron espectadores de niños. Adriá vive en Porto Cristo, a unos 20 kilómetros de Vilafranca, está a punto de cumplir 12 años y va a Fiet desde que era muy pequeño, pero este año ha dado un paso más, el viernes cuando acabó el cole se fue a Vilafranca a casa de unos amigos y allí se quedó todo el fin de semana, combinando sus tareas de voluntario con asistir como espectador a la mayor parte de las obras programadas. Jóvenes y niños de la zona han incorporado el teatro en sus hábitos de ocio hasta tal punto que son muchos los que aseguran haber visto más de 100 obras en su corta vida. Y es que solo en esta edición de la feria se han podido ver 45 propuestas.

El programa de Fiet abarca obras desde para bebés hasta para adolescentes, pasando por todas las edades de la infancia y por las propuestas para todos los públicos de teatro de calle. De calle se llevó al público la compañía Xip Xap Teatre, con el estreno absoluto de su obra Trashumancia, que sacó a las calles del pueblo un extraordinario rebaño de cabras construidas con ramas y tela de saco, unos títeres de gran belleza plástica y eficaz manipulación, que junto con los sonidos propios de un rebaño en movimiento, dieron como resultado un montaje tan realista como fantástico. Niños y adultos siguieron hasta su encierro al peculiar rebaño, que hizo las veces de flautista de Hamelin, el cual, por cierto, también visitó la Fira de la mano de la compañía Farrés Brothers. El silencio de Hamelín es una interesante propuesta que integra la lengua hablada junto a la lengua de signos para personas sordas. Cuentos clásicos como La gallina de los huevos de oro y La ratita presumida, versionados por las compañías Zum Zum y Festuc, respectivamente, han subido al escenario junto a otros que no lo son pero lo parecen como el excelente trabajo de la compañía balear Disset Teatre, En Martí i el siurell màgic, y junto a obras de nuevo cuño (Pequeña Max, de Arena en los bolsillos; Lunatic Circus, de Teatro Paraíso) y algunos grandes éxitos como Hilos, de La Rous, Mobil, de La Güasa o A mano, de El Patio, referentes actuales del teatro infantil de calidad, que tiene un escaparate de excepción en Fiet , con la férrea complicidad de sus habitantes…y de algunos más, que esos días quisimos serlo.

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