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África a pedales (2): Don Quijote se levanta

África a pedales (2): Don Quijote se levanta

Por Alfonso Rovira

Primer capítulo de la ruta, El mono en la luna.

Hoy me levanto de un salto. Decidido. Voy al río y observo mi reflejo en el agua. Miro mis dientes. Mis ojos, mi boca. Todo bien. En su sitio. Me siento fuerte. Con brío. Afino mi barba. Afilo mi mirada. Hincho el pecho…. lleno está ya de aire y orgullo. Me preparo para la marcha. Aposento el casco en mi cabeza. No es este, sin embargo, un casco metálico. Es más bien de plástico fino. Pero cual quijote en su corcel me siento. Mirada viva. Cabeza erguida. Me observo a mí mismo en perspectiva. Noble caballero, me digo. Aunque cierto detalle me incomoda. He substituido mi armadura por unas mallas apretadas. Negras, por lo menos. ¿Aspecto ridículo o heroico? Me digo… ¿Héroe o loco? No importa. Tan solo importa cómo me veo. Cómo me siento. Pues eso es lo que me hará feliz o infeliz en esta vida.

Sí, me reafirmo. Soy el nuevo Quijote. Y en mi corcel de metal verde a dos ruedas me desplazo… cuando puedo. Otras veces, simplemente lo trasteo conmigo.

Esta vez no pelearé molinos de viento, ni buscaré a Dulcinea. Sino que la aventura es más vasta. Ahora no hay más lugar para el amor que el que profeso a esta tierra. A la que tendré que adaptarme, sin duda.

Ah… suspiro… cuán salvaje es esta África querida. Que como Stanley y Livingstone hicieran, la recorreré en mi camino. ¿Camino a dónde? me pregunto ¡Estúpido! Me digo… ¿Desde cuándo importa el destino? ¿No ha sido siempre más importante el andar? Sí… me digo… seguir el sendero de tu propio camino…

ORGULLO AFRICANO

Así empiezo el día. Medio en sueños medio divertido. Justo antes de dirigirme a la Reserva de Nouabalé-Ndoki. En el Norte de República del Congo. Sintiéndome una mezcla de Quijote y Doctor Livingstone. Soy el explorador y el loco caballero. Soy el Pirata, desplazado en el tiempo y en el espacio a este continente atemporal. Mágico. Que te deja vivir una vida paralela a cualquiera. ¿Real o imaginaria? Me recuerdo entonces, las palabras de Yumalai, la zíngara: “¿Acaso importa, Pirata?”

Me despierto del todo… y recuerdo entonces lo vivido.

Cuán intenso ha sido todo, me digo.

Recuerdo las palabras de Áfri-k. Mi anfitrión en la selva. Sencillas, agradables. Y La incomprensión en la mirada del control fronterizo. Entre la incredulidad y el orgullo me escuchaba, predicar las gracias del pueblo africano. “¿Está loco este blanquito?”, parecía preguntarse… Delgada línea separaba el calabozo de la salida a la calle. Pero una de las cosas que quiero en mi ruta es hinchar un orgullo masacrado, malherido. Este pueblo ha sido largamente esclavizado. Y esto tiene sus consecuencias. 300 años de trabajos forzados han forjado a veces un carácter entre servil y resentido. No sé si por suerte o por desgracia, más cercano al primero. Pero ninguno de los dos atributos es de mi agrado.

Que no se engañen. Ellos también son alguien. Estos niños desharrapados. Estos ancianos encorvados sobre su bastón fabricado a mano, son dignos del más alto de mis reconocimientos.

Pero volvamos a cómo llegué aquí….

BEAU SEJOUR… Y EL SECRETO

Un hecho desgraciado, la muerte de un joven africano de 16 años a ruedas del camión en el que yo viajaba, sobre el cual no me extenderé por respeto, me hizo conocer a la gente local. Paré a dormir en un lugar llamado Beau Sejour, después de que se pelearan, en el buen sentido, los dos jefes locales de los pueblos vecinos por acogerme en su morada.

Al final fui a parar a casa de Emmanuel. O Afri-k como prefería que le llamaran. Esta gente tiene poco… pero lo ofrecen todo. Me mostró su humilde casa de barro, que escondía tesoros ocultos que a primera vista no mostraba. Me cedió una cama más que decente, con mosquitera incluida en la que dormir. A la par que me indicaba dónde podría tomar un baño a base de cazos de plástico.

Curiosamente tenían electricidad. Un lujo que llevaba días sin disfrutar, incluso en ciudades bastante más grandes que esta pequeña aldea. Y Afri-k disponía además de un lujo poco común. Tenía un antiguo ordenador portátil con algunas películas y documentales. Y así me vi, en medio de la selva, en tierra de nadie, viendo un fragmento de una película y un documental de lo más inesperado. “La matanza de Texas”, décima parte por lo menos… poco apropiada después del accidente que acababa de presenciar. Pero después vimos su preferido, el documental de El Secreto. Donde se habla de coincidencias, de Fe. De la Ley de la Atracción. De la fuerza de la mente y de las creencias. Y de cómo, muchas veces, abandonamos nuestros sueños justo cuando se ha formado el subsuelo de raíces necesario para que empiece a crecer el árbol.

Me hizo pensar. Me acordé de las últimas semanas. De los últimos años. Cuando ideas de abandono te cruzan la mente cuando te dispones a hacer algo “grande”. Nada es fácil. Nada viene solo. Es necesario coraje. Pues siempre hay una prueba final, de fe. De fuerza. De convicción. La vida te prueba. Te pregunta si realmente quieres esto. Si tienes la convicción para luchar por tus sueños, o prefieres la comodidad de tu zona de confort. Te tienta. Siempre una última vez, de manera violenta.

Pero hay un engranaje oculto, tan solo visible en el Mundo Del Pirata, que nos guía. Cuando decides que quieres algo y peleas por ello, cuando rompes las barreras de las zona de confort, la vida pone en marcha este engranaje. Te aparecen las situaciones y la gente apropiada, en el lugar oportuno. Y te muestran el camino. Las “coincidencias” te abren de repente un sendero de luz en el oscuro laberinto.

La mala suerte del día y la desgracia sucedida son cosas que pasan. No podemos cambiarlas. Es la vida. Que a veces nos golpea con fuerza. Pero esta vez, tenía preparada otra cosa para mí que nada tenía que ver con eso. Que todavía estaba por llegar. Y que lo descubriría día a día, sin prisa…

VOLAR HACIA EL DESTINO

Por la mañana me levanté pensando en esto. Y preguntándome cómo llegaría a la frontera sin tiempo para cumplir con la fecha de la VISA. Y por arte de magia apareció la única furgoneta que había visto en días con espacio para mí y para mi bicicleta. E iban justo donde me dirigía. Todo encajaba por arte de magia.

Se llamaban Alain y Abdul. Y se me antojaron un regalo del cielo. Me acordé del vídeo de la noche anterior. De la fuerza de la creencia. Y de cómo la vida confabula para cumplir tus deseos. Sea lo que sea, fue una noche y una mañana mágicas. Donde conocí un pueblo que literalmente está en medio de la nada. Con el mejor anfitrión. Que me mostró su vida, sus intereses y su amabilidad.

Y me despedí, desgraciadamente con prisa, pero no sin cariño de su gente. Beau Sejour (Que significa “Bonita estancia”) formaba parte ya de mi vida. Y lo recordaría sin duda, pasados los meses y los años. Y lo podré contar un día, siendo ya mayor, con cariño, con luz en la mirada.

Entonces Don Quijote se desprendió de su armadura, de sus mallas negras, dejó su casco a un lado y a Valiente asegurado y subió al carruaje que le llevaría a la tierra prometida.

Se sonrió. El Pirata. Don quijote. El Doctor Livingstone y Stanley. Todo en uno. Se sentó en el carruaje. Fue un momento mágico en el que voló hacia su destino…

JUNGLA

Dos días después, se despertó en un lugar llamado Ouesso. A las puertas de otro mundo distinto. Allí le esperaba la Selva. Gorilas. Elefantes. Y quizás hasta Chita….

Tenía 3 días de viaje. Y dormiría un día en la jungla. Al resguardo de su tienda.

Temblaba de emoción. Era éste un viaje de ensueño, que no terminaba. Que le iluminaba de nuevo el alma.

Se levantó. Lentamente se irguió. Sin prisas. Y en medio de una oleada felicidad de indescriptible, de un mar de emociones, miró a la jungla… cara a cara. Y sin mediar palabra, le habló. Le regaló sus emociones. Una tormenta de amor y gratitud. Y dulcemente, irremediablemente, se fundió con ella… y lloró.

Una lágrima rodó hacia el suelo. Dejando una parte de él en aquella tierra mágica. Con la que de ahora en adelante serían Uno.

(Continuará)

Gracias a tod@s. Espero que os haya gustado! Si queréis ver más, podéis visitar mi blog “Algo más que un Viaje”.

Todas las fotos Alfonso Rovira