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Todos a votar

Es deseable que el hartazgo por el bloqueo político no impida participar

Ambiente electoral en el colegio Príncipe Felipe de Boadilla del Monte, Madrid.
Ambiente electoral en el colegio Príncipe Felipe de Boadilla del Monte, Madrid.

Lo más importante que debería ocurrir hoy es que las urnas se llenasen de votos en Euskadi y Galicia, y que los resultados permitan formar rápidamente gobierno en ambas comunidades, a diferencia de la parálisis que afecta al proceso de formación del Gobierno de la nación. Es de esperar que el hartazgo por el bloqueo político no se confirme en ninguna de las dos comunidades llamadas a votar. Ayuda a ello que la mayoría de los electores acudirán a las urnas pensando en asuntos propios de sus comunidades y en el Gobierno que prefieren para ellas, antes que en la repercusión de sus decisiones sobre la política española.

En Galicia, el interés principal reside en verificar si el PP mantiene la mayoría absoluta en beneficio de Alberto Núñez Feijóo, por la que ha apostado Mariano Rajoy, consciente de que un buen resultado refuerza sus aspiraciones de seguir en La Moncloa. De no alcanzarse esa mayoría, el gobierno del PP en Galicia dependerá de que Ciudadanos entre en el Parlamento autonómico. Muy interesante es también, sin duda, el nivel de penetración que logre En Marea, la novedad de estas elecciones, en disputa por la segunda plaza con el Partido Socialista.

En el caso de Euskadi, y tras felicitarnos de nuevo por la normalidad recuperada tras el final del terrorismo etarra, parece que la probable victoria del PNV no será suficiente para asegurar por sí misma el gobierno de Iñigo Urkullu. La campaña ha girado en torno a problemas económicos y sociales; y aun con la cuestión del autogobierno siempre de fondo, el PNV descarta prácticamente un pacto soberanista con Bildu. La incógnita es si a Urkullu le bastará un acuerdo con los socialistas.

Pero las elecciones en el País Vasco y Galicia se han convertido también en la llave con la que se espera desbloquear la política nacional. Eso podría ocurrir si el PNV se entendiera con el PP, pero hay pocas posibilidades de que ello se produzca, habida cuenta de los desencuentros entre Urkullu y Rajoy, y la necesidad de este último de conservar una buena relación con Ciudadanos. A su vez, la implosión del PSOE en plena campaña puede pasarle factura en las urnas. Y haber elevado a públicas las tensiones entre los generales de Podemos, también en plena campaña, no es la mejor situación para apostar por esta opción. Tampoco a Urkullu le ha gustado el anuncio de un presunto Gobierno sobre la base de PSOE y Podemos.

Así las cosas, lo primero que se dirime es la estabilidad demostrada hasta ahora por las opciones que gobiernan en ambas comunidades. Sin embargo, y aunque la mayoría de los gallegos y de los vascos no piensen prioritariamente en ello, los cuarteles generales de los principales partidos sacarán inmediatamente conclusiones nacionales. Galicia puede ser clave para respaldar al PP en el intento de evitar la indeseable convocatoria de unas terceras elecciones generales. No menos importante es verificar en qué posición queda el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, dado que la olla a presión de su partido se abrió bruscamente en plena campaña electoral. Por eso, las votaciones vasca y gallega pueden tener hoy un innegable alcance para desbloquear la asfixiada política nacional.

 

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