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Aires de cambio (climático) en la pasarela de Madrid

Juan Vidal destaca en una jornada donde las colecciones para la próxima primavera lucen más otoñales que nunca

Desfile de Juan Vidal en Madrid.
Desfile de Juan Vidal en Madrid.

Ya sea invierno o verano, Ifema -el recinto ferial donde se celebra la Mercedes Benz Fashion Week Madrid- permanece inmutable. El termostato del aire acondicionado marca siempre la misma temperatura y la luz de los alógenos no permite adivinar si más allá de sus paredes sin ventanas es de día o de noche. Pero este viernes, en la segunda jornada de su 64 edición, los vientos del cambio climático y textil consiguieron filtrarse a través de sus gruesos muros. “No tiene ningún sentido que estemos presentando una colección [la de la primavera 2017] que tarda en llegar a la tienda seis meses, cuando podría hacerlo la próxima semana”, esgrimía Modesto Lomba, director de la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME). Quizá por eso, el diseñador subió a la pasarela una propuesta en grueso algodón y lanas frías, solo apta para el estío cantábrico.

Desfile de Devota & Lomba.
Desfile de Devota & Lomba. AP

No fue el único. Las colecciones de verano son cada vez más otoñales. Tanto en el desfile del clásico Roberto Torretta como en el transgresor –y muy aplaudido- Mané Mané se vieron más mangas largas que shorts. Piezas que, también debido al desbarajuste meteorológico, podrían colgar de cualquier armario mañana. “Lo mismo vendo en México que en Rusia. Así que no trabajo con la idea de temporadas diferenciadas en la cabeza”, explicaba Miguel Bécer, responsable de Mané Mané. Incluso la colección de Andrés Sardá, llamada Cuatro Estaciones, planteaba propuestas para todo el año.

En la última semana de la moda de Nueva York, que acaba de concluir, Tommy Hilfiger decidió hacer suyo el lema de la compra por Internet – “lo veo, lo quiero, lo tengo”- y mostrar directamente prendas para este otoño-invierno y no para la próxima primavera-verano, como hicieron el resto de diseñadores. El próximo lunes, Burberry seguirá su ejemplo en Londres.

En Madrid, Roberto Verino ha sido el primero en sincronizar su desfile con la temporada en la que celebra. El creador cambió este septiembre la antigua Cibeles por la MFShow, una cita que aglutina los shows de cadenas de tiendas como Soloio o Elena Miró. Lo hizo, entre otros motivos, porque esta última plataforma le permitía presentar la colección que comercializará de inmediato en sus más de 100 puntos de venta.

Desfile de Roberto Torretta.
Desfile de Roberto Torretta. Getty Images

Tradicionalmente los consumidores debían esperar seis meses para poder comprar las prendas que veían sobre las pasarelas, fundamentalmente porque su fabricación y distribución requería tiempo. Pero estos procesos se han simplificado y acelerado de tal forma que no existe ninguna razón para mantener un interludio tan largo. Especialmente si los diseñadores, como gran parte de los que participan en Cibeles, no producen sus colecciones sino que trabajan por encargo, a medida.

“Si ves una prenda que te gusta, lo buscas. Y si no lo puedes tener hasta el año que viene, te terminas olvidando”, cuenta Moisés Nieto. Él optó por poner a la venta en su web 15 de las vibrantes piezas que presentó ayer solo un cuarto de hora después de que comenzase su desfile. Entre ellas, unas camisetas elaboradas únicamente a partir de siete botellas de plástico recicladas.

Desfile de Andres Sarda.
Desfile de Andres Sarda. WireImage

“No hay que tener miedo al cambio, sobre todo cuando parece inevitable”, defiende Modesto Lomba. “Ajustar los desfiles a la temporada en que se celebran no solo sería bueno a nivel comercial, sino también de imagen. Supondría una forma estupenda de que la semana de la moda de Madrid se distinguiese de todas las demás”.

Para algunos como Juan Vidal estos ritmos hiperacelerados representan la muerte del deseo y la exclusividad. “Toda esta voracidad hace que nos parezcamos cada vez más al low cost. Pero, yo soy un romántico. El modelo de trabajo que me gusta es el de Alaïa que no atiende a ninguna temporada. Presenta su alta costura cada uno o dos años y le da igual”, argumenta. El valenciano exhibió la colección más emocionante de la jornada: una inspirada reinterpretación de la prenda otoñal por excelencia: la gabardina. Una propuesta que exudaba estética black power y donde destacaban los vestidos de lentejuelas en rojo y negro.

Desfile de Angel Schlesser.
Desfile de Angel Schlesser. Getty Images

El otro tema que monopolizó la conversación de Ifema fue la ausencia de Ángel Schlesser en el desfile de la marca que lleva su nombre. En un comunicado de seis líneas explicaba que lo hacía por “razones personales”, pero lo cierto es que el modisto no ha participado en el desarrollo de esta última colección, que es obra del equipo de diseño de la casa, según aclaró su nueva directora Carmen González. El pasado mayo Schlesser vendía parte de su marca a Óscar Areces Galán, exaccionista de El Corte Inglés, que desde entonces ocupa el cargo de administrador. “Ángel sigue vinculado a la casa y, aunque ahora no está con nosotros, nunca se sabe qué puede pasar mañana. La continuidad siempre puede ser positiva”, explicaba González.